Arquitectura de detalles sutiles, Casa Faber de Ong & Ong

Concebida por los arquitectos colombianos María Arango y Diego Molina, amalgama intimidad y transparencia. La enorme celosía de metal que recubre el segundo nivel es una interesante respuesta a las condiciones húmedas y soleadas de la capital, además de una apuesta por la privacidad.

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Aquí los fines de semana en familia y con amigos parecen alargarse. Los arquitectos colombianos María Fernanda Arango (Ibagué, 1975) y Diego Molina (Medellín, 1974) –quienes trabajan para la firma singapurense ONG & ONG– diseñaron la Casa Faber, a unos quince minutos del centro financiero de la Ciudad de Singapur, con el objetivo de aprovechar la riqueza natural e integrar una construcción que se abriera de forma transparente a los visitantes en el primer piso y conservara la privacidad familiar y una atmósfera fresca en el segundo.

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Llama la atención la celosía metálica que recubre el segundo nivel, concebido como un enorme cajón de tono marrón. La estructura tiene una cuidada selección de perforaciones que de cerca conforman la imagen de un bosque. A través de ellas se puede ver hacia el exterior y, a la vez, se filtra tímidamente la luz diurna. Un delicado juego entre lo expuesto y lo privado. “La celosía es una respuesta al contexto. Por un lado genera ventilación, sombra y protege del sol en una ciudad de clima tropical. Y por el otro preserva la intimidad. Desde fuera no se ve qué ocurre dentro. Y se tiene la opción de abrir las ventanas, pero siempre pensando en que la vista se vuelque sobre el jardín y no sobre las casas vecinas, que además están en terrenos más elevados”, anota María Arango.

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Plumerias, ave del paraíso o jazmines son solo algunas de las especies que nutren el jardín y arropan la piscina y el primer piso de esta vivienda de 810 metros cuadrados. Los propietarios, un petrolero chino y su esposa, acordaron con los proyectistas conjugar los elementos para que tanto sus hijos, de seis y ocho años, como también sus invitados, “se sintieran en un resort estando en su propia sala”.

Los arquitectos tuvieron carta blanca para escoger el mobiliario. Así pues, los dos espacios más imponentes son la sala y el comedor. En este último sobresale la mesa de madera de casi tres metros de larga con patas metálicas y acabados de espejo mate cobrizo. Se trata de una pieza italiana, contemporánea, de diez puestos. La arquitecta colombiana resalta el diseño orgánico de su superficie, que a pesar de ser muy sólida y robusta proyecta la impresión de ser un objeto ligero.

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Cuenta María Arango que en su proceso creativo siempre buscan que las escaleras sean un elemento escultórico “porque permiten resaltar la verticalidad de vivir en una casa”. En el caso de la Faber House no ha sido la excepción. “A las familias chinas no les gustan mucho las escaleras con forma de espiral, así que pensamos en una estructura más geométrica, que jugara con ángulos rectos. De ahí sale este elemento que es uno de los protagonistas de la vivienda y que comunica, además, con el sótano, donde está toda la parte de entretenimiento, el proyector, el equipo de sonido, la pantalla de cine”.

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De esta manera, los arquitectos colombianos plantearon una casa de tres niveles que desde la misma fachada revela su objetivo: un volumen superior, donde la vida familiar ocurre en privacidad gracias a una trabajada celosía de metal, que parece volar sobre un primer nivel social, donde el vidrio y unas pocas columnas crean un espacio abierto que invita a compartir y a relajarse.

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