Casa de verano en los Hamptons

Situada en Long Island, esta casa con piscina –construida en los años cuarenta– se convirtió en un acogedor lugar de vacaciones para una familia con dos hijos pequeños, gracias al trabajo de la decoradora bogotana Catherine Moggio.

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Que el espacio más sobresaliente de una casa de descanso en los Hamptons no sea la piscina, no quiere decir que no haya sido concebida y pensada para los niños. La protagonista de esta vivienda, construida en los años cuarenta, en realidad es la cocina. Lo cuenta la diseñadora Catherine Moggio, de Moggio Berg Interiors, quien recibió el encargo de remodelar la estancia de verano de su cliente.

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De esta manera decidió convertir el antiguo dormitorio principal, en el primer piso, en centro de gastronomía y de las comidas familiares. El eje es una sobresaliente isla con un mesón de cuarcita brasilera, que sirve tanto para las tareas domésticas básicas como también para sentarse a desayunar o almorzar. Los tonos azules grisáceos contrastan con la grifería y las manijas.

Dos lámparas de Visual Comfort, blancas por fuera, doradas por dentro, cuelgan del techo. Para esta bogotana todo se “integra tan bien que por momentos hace parecer el lugar una pieza decorativa más que de uso en sí misma”.

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Retomemos la idea de los niños. Uno de los puntos de partida para la remodelación de esta casa, de algo más de 500 metros cuadrados, fue que sería el lugar de las vacaciones para los hijos de los propietarios y que habría continuamente pequeños entrando y saliendo mojados y con arena.

Por eso escogieron un piso de madera ancha, rústica, con matices blanquecinos, para que resistiera todo tipo de condiciones y funcionara bien con los demás materiales. Así mismo, el mobiliario se ajusta a la idea de temporada en la playa. Los dos sofás de la sala, de Restoration Hardware, por ejemplo, son de lino belga, un material muy ligero y propicio para el clima y el entorno.

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En los muros de las alcobas optaron por papel de colgadura de fibra natural de distintos colores. Para la principal uno gris con inclinación al verde que la proyectista asemeja a la savia. “Para las cortinas hicimos persianas romanas de linos. Y para forrar los espaldares de las camas utilizamos telas de esos mismos tonos. Hay un dormitorio con verdes, otro con azules y otro más con beige. Cada uno dentro de su uniformidad”, anota Catherine, quien añade: “La casa se entiende mucho mejor es precisamente a través de sus habitaciones”.

En ese sentido cuenta que hubo cambios importantes con respecto a la estructura original. Donde antiguamente se abría un ático clásico, en el segundo nivel, hoy funcionan dos espaciosos cuartos.

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Moggio explica que los tonos neutros son la base perfecta para un espacio grande porque permiten un juego con colores más vivos en accesorios y obras de arte. Basta con darse un paseo por la sala y el comedor para refrendar su idea. Así pues, el lenguaje y la paleta que recorre la vivienda se entrevera con un puf de cuero de vaca o con un par de cómodas sillas balinesas que estuvieron almacenadas durante años en una bodega hasta que encontraron su lugar perfecto en esta casa de verano en los Hamptons.

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