Decoración ecléctica en Bogotá

Antigüedades, herencias familiares y artesanías conviven con clásicos del diseño del siglo XX y obras de arte contemporáneo en este apartamento donde la magia está en lo inesperado.

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La diseñadora bogotana Yasmin Sabet y su esposo, el músico madrileño Pedro Gamero del Castillo, optaron por una decoración ecléctica, solo tuvieron que ver tres apartamentos para decidirse por este dúplex en los cerros de Bogotá. Tras vivir muchos años por fuera, primero en Londres –donde ella estudió arquitectura– y luego en Madrid –donde se conocieron y se casaron– decidieron regresar a Colombia para que sus hijos crecieran en un entorno más familiar. “Mi mamá es paisa, y mi papá, egipcio, pero se quedó aquí –aclara con una sonrisa–. Queríamos que los niños tuvieran una infancia similar a la mía, que transcurrió entre Medellín y Bogotá”, explica Yasmin, mientras camina hacia la biblioteca, un espacio íntimo y acogedor, separado del salón por un muro suelto con una chimenea abierta hacia ambos lados.

Lo primero que llama la atención en este apartamento es su originalidad. Es evidente que nada va con nada, pero extrañamente, a la vez parece que cada elemento hubiera sido creado especialmente para este lugar. Esto se logra gracias a la sensibilidad y creatividad de su propietaria, quien heredó de su madre, Elena Echavarría, el gusto por el diseño y la decoración, y aprendió de ella el arte de combinar piezas de diferentes épocas y procedencias.

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Por ejemplo, el sofá rojo de la biblioteca, de Vitra, un par de sillones rusos adquiridos en una venta de garaje en Bogotá, un puf de un anticuario de Marruecos –el mismo donde consiguió el cuadro de un tigre que cuelga sobre la chimenea–, las bibliotecas de madera de nogal diseñadas por Yasmin, y un tapete de chivo hecho por encargo, crean un conjunto coherente, de texturas y colores ricos e intensos, que le dan cierto dramatismo al espacio.

Este don sumado a su visión arquitectónica resultaron en una fórmula infalible. “Lo hemos armado poco a poco, tomándonos el tiempo de buscar cada cosa, y de encontrar un espacio para lo que ya teníamos”. Considera que uno de los principales atributos del apartamento, además de su amplitud, son la luminosidad y las terrazas que tiene en ambos pisos.

La escalera que conduce al segundo piso fue reformada en su totalidad, originalmente tenía baranda de hierro forjado y piso de mármol. La pieza más llamativa de este espacio es la lámpara de techo, hecha con bolígrafos Bic, una creación del diseñador español Lucas Muñoz.

Esto permite que todos los ámbitos se relacionen con la vegetación circundante. Y aunque asegura que en la decoración y adecuación no primó un criterio específico, sí eligieron tonos como el verde para crear un hilo conductor. “Bogotá es muy verde, nos pareció interesante hacer eco de esta cualidad en ciertas áreas de la casa, como el hall de entrada, la escalera, algunos muebles de la sala y en los acabados de los baños”.

Cuenta también, que aunque no se le hicieron grandes cambios estructurales a la construcción original, que ella estima debe tener alrededor de 25 años, sí modificaron los acabados y eliminaron los muros que dividían la zona social para crear un gran espacio donde funcionan sala, estudio y comedor. En el hall de entrada reemplazaron los pisos de mármol y la baranda de hierro forjado en la escalera, por madera.

El primer nivel, además de albergar la zona social y la cocina, tiene los cuartos de los niños y una habitación para huéspedes. Aquí se mantiene el eclecticismo del resto de la casa, con la salvedad que entre los kilims y muebles antiguos hay lugar para pequeños carros de juguete, aviones y fichas de Lego, así como junto a las obras de artistas como Juan Manuel Echavarría, Freda Sargent y un tapiz egipcio, que cuelgan en la paredes, están las creaciones de los pequeños pintores de la casa. En esta zona tampoco está prohibido dibujar en la pared, como lo evidencian los grafitis en el cuarto de juegos.

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Los baños también se salen de lo convencional. El de los niños está dividido en dos áreas: la zona de la bañera, que se enchapó con una baldosa verde menta, y la de los lavamanos, con piso de madera y la pared pintada en un tono amarillo, que le da calidez y luminosidad a la vez. El principal, en el segundo piso, tiene un esquema similar, pero en este caso, el enchape de las áreas húmedas se hizo con un cristanac verde para los muros y blanco para el piso. Un tapete de colores le da un toque divertido a este espacio.

“Estoy satisfecha con lo que hemos logrado”, aunque asegura que aún es un trabajo en proceso. “Todo puede cambiar, la idea es que sea un lugar cálido y acogedor, que se adapte a nuestro estilo de vida. Para nosotros son importantes la sencillez y la practicidad, tener una casa donde no hay que preocuparse si algo está fuera de lugar, o se puede dañar”, concluye Yasmin, que no le teme a tomar riesgos a la hora de decorar, y está convencida de que si las piezas son buenas y tienen algún significado para uno, siempre habrá forma de utilizarlas. Por ejemplo, el sofá de los años cincuenta que heredó de la finca de sus abuelos en Rionegro, al que ni siquiera le cambió la tela, “es parte de mi historia, quiero que las cosas muestren su desgaste, eso les da personalidad. Las hace únicas”. Decoración ecléctica en Bogotá.

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//revistaaxxis.com.co

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