El Mamm en Medellín, una cueva entre cajas

 La arquitectura de la nueva ampliación del MAMM, es una ingeniosa interpretación de las construcciones propias de las comunas de Medellín. Una acertada lectura de la ciudad que la alberga. 0

En 1978 se funda el Museo de Arte Moderno de MedellínMAMM– como una entidad cultural destinada a promover las múltiples expresiones del arte moderno y contemporáneo en la ciudad. Hoy, 37 años más tarde, el recién inaugurado edificio para la ampliación del museo da cuenta no solamente de su interés por la difusión de la cultura, sino además de un compromiso con la construcción de escenarios públicos dignos y de calidad para los ciudadanos.

La fuerza institucional que ha adquirido el museo durante este tiempo se materializa en una arquitectura abierta e incluyente, integrada a su entorno urbano y definida como una pieza singular. El MAMM, antes ubicado en el barrio Carlos E. Restrepo, traslada en el año 2009 su sede al edificio de los Talleres Robledo en Ciudad del Río; una zona de la ciudad antes ocupada por industria siderúrgica, revitalizada hoy con espacios públicos y vivienda. Ese mismo año se convoca a once estudios de arquitectura extranjeros, asociados con estudios locales, a participar en un concurso con el fin de elegir un proyecto arquitectónico para la expansión de la nueva sede del museo.

La propuesta de las firmas 51-1 Arquitectos (Perú) y Ctrl-G (Colombia) obtiene el primer lugar, mientras que el apoyo del sector público sumado a los esfuerzos de entidades privadas hacen posible el financiamiento y la gestión de esta obra de 7.220 m². Adosándose al edificio de Talleres Robledo, una antigua nave industrial transformada y reciclada para contener el museo en su primera etapa, el nuevo edificio alberga en su interior salas de exhibiciones permanentes, un laboratorio de experimentación sonora, aulas múltiples, oficinas, servicios, un café, una tienda, taquillas, parqueaderos cubiertos en un sótano y un auditorio cuya fachada se abre hacia la plaza pública que antecede al edificio, generando así un escenario para eventos al aire libre.

Una serie de cajas apiladas y rotadas una sobre otra define el cuerpo de este edificio. Para los arquitectos del proyecto, esta estrategia surge a partir de una interpretación de las construcciones vernáculas propias de las comunas de Medellín. “Entender la manera en la que esa arquitectura sin arquitectos se adapta a la topografía escarpada de la ciudad y cómo, al hacerlo, genera una red de circulaciones, terrazas y miradores enfrentados al paisaje, mezclados con la calle, es lo que da origen al diseño del edificio”, explica Catalina Patiño, de Ctrl-G.

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El nuevo museo plantea traer algo de la vitalidad propia de la ciudad informal a la ciudad planificada…, de manera recíproca a la forma en la que desde hace algunos años la planeación urbana ha llegado a los barrios populares con intervenciones como los parques biblioteca y jardines infantiles. Es esto lo que resulta más potente en el proyecto construido, lo que permite precisamente pensar que un museo puede ser una construcción permeable logrando un vacío público vertical. Una especie de cueva en la que una secuencia de escaleras entrecruzadas y balcones girados integran la plaza con el edificio preexistente, dando acceso al mismo tiempo a las áreas interiores y capturando fragmentos de paisajes cercanos y lejanos de la ciudad.

Como ocurre en un templo griego, la ampliación del MAMM es una construcción arquitectónica y topográfica en simultáneo. Sus volúmenes se revisten con materiales diversos; unos ásperos, otros lustrosos. Superficies porosas recorren las fachadas plegándose en un collage de concreto, vidrio y metal oxidado. La robustez de su masa se desdibuja en una colección de múltiples ángulos y sombras.  La caja –el paralelepípedo– es quizá la forma más recurrente en la arquitectura a lo largo de la historia. Desde la vivienda hasta la arquitectura industrial, desde la antigüedad hasta nuestros días, la caja ha estado siempre presente.

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Los seres humanos nos hemos acostumbrado a vivir en cajas, nos hemos habituado a sus planos y a sus aristas…, hemos construido una relación con su espacialidad. Pero si lo propio de la caja es un espacio estable y definido, que claramente separa el exterior del interior, las cajas del edificio para la ampliación del MAMM tienen unos atributos espaciales diferentes. En lugar de producir un espacio homogéneo, logran un dinamismo espacial lleno de escorzos y perspectivas. Subir por la escalera abierta sobre la plaza, entrar en una sala de exposiciones, tener que cruzar el vacío central, mirar hacia las montañas, volver a entrar, llegar al mirador del último piso: estar adentro o estar afuera del edificio es algo relativo.

En 1953, M. C. Escher, el famoso artista gráfico holandés, termina su obra titulada Relativity (Relatividad); en ella muestra un espacio arquitectónico imposible, dotado de una red de escaleras que desafían la gravedad. En el dibujo, el observador pierde la noción de aquello que está arriba y lo que está abajo. Aparecen ventanas, puertas y terrazas en lugares que en la realidad serían inalcanzables. Existe una innegable similitud entre este dibujo y el proyecto de Ctrl-G y 51-1. En ambos hay una arquitectura claramente establecida y en los dos hay un intento por desestabilizarla. Si la obra de Escher construye arquitecturas que solo pueden existir en el papel, este edificio utiliza la caja para contradecir su propia espacialidad inherente.

Interesa, por otro lado, entender cómo esta pieza no funciona de manera autónoma. La operación más importante del proyecto es la de relacionarse con el antiguo edificio de los Talleres Robledo. No tocar la antigua nave industrial, con excepción de la abertura en su fachada posterior que la conecta con el lobby del nuevo edificio, permite leer la historia de las etapas del museo. Dos edificios construidos en momentos diferentes, con propósitos distintos, constituyen un sistema arquitectónico en el que el pasado y el presente coexisten. Debido a esto, el museo, como conjunto total, tiene una gran diversidad de espacios; estando así dotado de áreas óptimas para múltiples tipos de exposiciones y actividades.

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El contraste que la arquitectura de este nuevo edificio genera con el entorno inmediato de Ciudad del Río lo convierte en un referente de espacio público y cultural en la ciudad. El reciclaje de la antigua siderúrgica y la recién terminada ampliación del museo dan testimonio de cómo Medellín transforma y reutiliza las antiguas zonas industriales que, ubicadas en el corazón de la ciudad, configuran hoy espacios urbanos con parques, viviendas y edificios públicos.

Visitar la ampliación del Museo de Arte Moderno de Medellín es recorrer un edificio en el que las obras de la maestra Débora Arango se entrecruzan, de manera intermitente, con el paisaje montañoso de la capital antioqueña. Es atravesar sus cajas de concreto, vidrio y metal por escaleras suspendidas en el aire. Es poder subir a sus terrazas públicas que, como pequeñas plazas, levitan sobre Ciudad del Río. Es, en suma, visitar un lugar en el que el espacio público y las artes se integran mediante un edificio que, pese a su imagen sólida y pétrea, construye un gran vestíbulo urbano dispuesto a la ciudad y abierto a la cultura.

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