Renovación constante

Recogido, rebuscado, refaccionado, repintado, retapizado son adjetivos que le van bien a este apartamento en medio de su estampa moderna. Es una vivienda que demuestra cómo múltiples objetos del pasado cobran nueva vida gracias a la mirada aguda de quienes descubrieron su potencial. 0

No solo las casas se construyen, los sueños también, y este apartamento es el fiel reflejo de eso: sus propietarios anhelaron con vehemencia un bebé y la ilusión de su llegada determinó el progresivo crecimiento y la configuración de su espacio. Paulatinamente, ellos fueron migrando de vivienda y hoy ambos deseos –su hijo y un lugar más grande– son una realidad.

Este es un apartamento nuevo, que alberga en 185 metros cuadrados a una naciente familia encabezada por un administrador de empresas y una diseñadora industrial. Él trabaja en una firma constructora y ella ha dedicado buena parte de su vida profesional a la producción fotográfica.

Cuando constituyeron su hogar, como muchas jóvenes parejas, sus recursos eran limitados, y eso los impulsó a buscar piezas usadas para readecuarlas o a hacerlas personalmente.
“Cuando me casé cometí el error de no pedir de regalo muebles ni artículos importantes, sino vajillas y accesorios, de tal forma que cuando fui a dotar mi casa no tenía nada. Con mi esposo compramos lo indispensable y poco a poco fuimos hallando objetos complementarios en nuestros viajes, mercados de pulgas o almacenes de cadena”, comenta la dueña de casa. “Y como no tenía plata para comprar arte ni accesorios básicos, pensé ‘pues yo tengo el conocimiento y las herramientas para hacerlo’, así que lo hice”, agrega.

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Aprovechando su sensibilidad para la estética, se puso en la tarea de pintar cuadros, montar collages con estampillas y hacer una instalación artística con mariposas de papel. Su gran aliada fue la Internet: tras búsquedas exhaustivas de diseños y estilos decorativos en portales web creó su hábitat con un sello personal que delata su trayectoria de vida. Además de nutrirse de ideas halladas en websites como el de CB2, Pinterest o Ikea, se valió de programas de diseño y de herramientas online para compartir información con amigos y familiares, someter sus propuestas a consulta y recibir retroalimentación.

Su intervención trascendió las fronteras de la decoración y el amoblamiento al asumir el desafío de definir los acabados y el diseño interior de su casa: decidió la disposición y los materiales del piso, la cocina, los baños y la carpintería general. Tanto ella como su esposo tenían claro que querían un área social abierta y fluida en medio de un apartamento moderno y práctico, pero no pretendían incurrir en estereotipos minimalistas. No les interesaba tener un espacio simétrico, austero ni purista, pero sí uno que evidenciara la huella de la familia que lo habita y el valor de los cachivaches –grandes o pequeños–.

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“Soy cositera pero trato de no apegarme a las cosas. Hace unos años sufría cuando algo se dañaba o se perdía, ahora soy más flexible y relajada en buena parte gracias a mi perro”, admite la propietaria. Esa lección se sumó a la idea de no hacer grandes inversiones en muebles ni accesorios para no acentuar el apego. “Soy de la teoría de comprar cosas buenas pero económicas, porque eso me da flexibilidad para cambiar y apostarle a la idea de rehacer mi casa cuando quiera”, concluye ella, quien aunque siente que su apartamento luce completo, siempre está abierta a la observación y a la búsqueda de nuevas ideas porque en últimas la creación no es un fin, sino una dinámica vital.

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