Carácter glamuroso

Este lugar aún conservaba la estética y el glamour de los años sesenta: techos altos, espacios amplios, puertas afrancesadas con manijas de bronce y una particular chimenea de color esmeralda con hojas laminadas del mismo metal. 0

Tenían que demoler paredes, integrar espacios, cambiar el piso y mejorar la iluminación, pero también era necesario conservar esos elementos que le daban carácter y elegancia al apartamento de 280 metros cuadrados con dos master suites y un estudio.

El diseñador colombiano Juan Carlos Arcila, quien lleva 21 años en Estados Unidos –10 en Nueva York y 11 en Miami–, fue el responsable durante cuatro meses de remodelar y darle vida al lugar. Amante de los espacios con aire que permiten a los habitantes descubrir un lugar sin sentirse invadidos por los objetos, creó una gran entrada al apartamento, una zona casi vacía donde destacan algunas obras de arte y que genera un agradable golpe a los sentidos para luego conducir al comedor y a la impactante visual que ofrece la terraza.

A un lado de este espacio, concebido como un gran loft, está la sala –con muebles diseñados por Arcila– y un singular chandelier con globos de vidrio de la artista Lindsey Adelman. Al otro, la cocina: una zona ideada con mobiliario de Ikea y donde el blanco es protagonista. Para el piso, originalmente una baldosa de color durazno, el diseñador optó por una porcelana de Carrara de gran formato que le dio frescura y modernidad al apartamento.

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Una zona importante es la biblioteca, donde hay un interesante diálogo entre la marcada estructura geométrica de las sillas de madera lacadas de blanco y las dos puertas afrancesadas de los años 1960. Allí, una puerta conduce al bar y otra a las bandejas, copas y elementos para reuniones sociales y fiestas. En medio de estas resalta una librería con un estilo sencillo y práctico donde textos de fotografía, arte, diseño y arquitectura aportan un toque de color al espacio.

Decoración con sentido

El propietario buscaba un lugar cómodo, tranquilo y glamuroso donde el diseño estuviera pensado en torno a las piezas de arte. “Quería que el espacio se prestara para mover las obras de lugar sin necesidad de estar cambiando los muebles”, afirma. Además, le pidió a Arcila convertir el estudio en una oficina funcional, crear una habitación de huéspedes y concebir un cuarto principal cálido y confortable –este último destaca por un sobrio parquet de madera–.

La decoración es una mezcla de objetos costosos con algunos más populares, así como de piezas antiguas con contemporáneas. Esto, lejos de representar un problema para Arcila, se convirtió en un reto: “Todo lo que hago tiene un sentido y lo importante es que el concepto funcione. Por eso no creo que la palabra para definirme sea ecléctico, soy un diseñador práctico que trabaja según el deseo del cliente y de lo que el propio espacio pide”.
El resultado es un lugar sobrio, funcional y con carácter que refleja la filosofía que ha guiado el trabajo de Arcila desde hace más de veinte años: conservar la esencia del espacio, ese estilo particular que logra que ciertos lugares sean inolvidables.

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