Ambiente vanguardista en 270m²

Una paleta monocromática y la mezcla de texturas son dos de las directrices para el limpio diseño de este apartamento ubicado en Bogotá. 0

La composición de estos 270 metros cuadrados, que estuvo a cargo de la diseñadora de interiores y de modas Ana María Sardi, está basada en imprimir el carácter detallista de la propietaria y en crear un ambiente vanguardista con elementos limpios y claros –sin ser minimalistas–, en los que cada uno ocupe un lugar previamente pensado para cumplir una función específica y estética.

“Antes de empezar el proceso de decoración, siempre les recomiendo a mis clientes que utilicen una paleta monocromática porque el uso de tres o cuatro colores genera un exceso de información que va contra la elegancia”, explica Sardi, quien visita anualmente el Salón Internacional del Mueble de Milán –feria en la que exhiben las tendencias mundiales– y quien estuvo asesorando a la dueña de esta vivienda desde que fue recibida en obra gris.

Ana María Sardi

Encaminada hacia la corriente que propone acabados naturales, la diseñadora empezó el proyecto con la selección de un piso de madera importado de Dinamarca que enseña sus grietas profundas y en el hall de entrada, para darle privacidad con un aspecto rústico, ubicó una pared hecha en adobe, traída de Ráquira, que divide la recepción del comedor.

El amueblamiento, que presenta variedad de tonalidades grises, cremas, blancos y acabados en laca negra, se adapta a las obras de arte y a las sedas, bordados y brillantes que enriquecen la zona social abierta, conformada por sala, estudio de televisión y comedor. En cada espacio hay un tapete italiano que en las recientes versiones de la feria de Milán ha llamado la atención de la diseñadora y que, en esta vivienda bogotana, aporta calidez mediante sus texturas y visos.

Un sofá de 3,30 metros de longitud, tapizado en lino grueso blanco y diseñado por Sardi, es el mueble más grande de la sala. Seis cojines forrados en diferentes tonos de seda gris son reunidos para llenar su espaldar y dar un aspecto clásico y acogedor en el que también participan dos poltronas Okumi color crema, de la firma francesa Ligne Roset, que evocan un tradicional kimono japonés.

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Junto al salón principal se encuentra el estudio de televisión, creado con la idea de conjugar función y comodidad dentro de un estilo contemporáneo. El mueble principal es un sofá en “L” de paño gris ratón que impone líneas limpias, las cuales exponen su diseño escandinavo, también presente en la mesa de vidrio templado que lo acompaña. A estas formas rectas y colores neutros se suma la silla roja Egg, diseñada por el arquitecto danés Arne Jacobsen en 1958. Esta icónica pieza, floreros con curvas y cojines brillantes representan la personalidad minuciosa de la dueña de casa, quien enfatizó en la mezcla de texturas que enriquecen el espacio.

El comedor, integrado por un tapete de rayón gris sobre el que se ubica la mesa de roble oscuro, expresa la sencillez de los colores neutros, los cuales conceden fuerza a un cuadro del pintor Antonio Barrera expuesto cerca de la puerta corredera que separa la cocina, en la que un papel de colgadura impreso con imágenes hechas por Piero Fornasetti captura la atención.

Tanto la zona social como los espacios privados de este apartamento fueron concebidos y ejecutados alrededor de un concepto decorativo fundamentado en la elegancia. El resultado encajó con el tono delicado de la propietaria, quien desde el principio visionó un diseño impecable.

Ana María Sardi

//revistaaxxis.com.co

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