Arquitectura, arte y diseño, esta casa lo tiene todo

Ubicada en los cerros de la capital de Colombia, esta vivienda fue creada a la medida de sus propietarios, una pareja amante del arte, la moda, el diseño y la naturaleza, como se evidencia en cada uno de sus espacios, donde nada se dejó al azar. Todo fue concebido para disfrutar.

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Tal vez lo más impactante al entrar es el enorme ventanal que enmarca la imponente vista de Bogotá. Es tal su protagonismo que por un momento pasan a segundo plano las obras de arte y clásicos del diseño contemporáneo que albergan el amplio hall de entrada y el salón. “Cuando vi la ciudad desde aquí, supe que esta sería mi casa”, recuerda la propietaria. La decisión se tomó en un día, y ella y su esposo adquirieron una construcción, que pese a que contaba con algunos atributos arquitectónicos, su principal valor eran el lote y la ubicación. Después de un juicioso análisis con el arquitecto e interiorista bogotano José Luis García Iannini, llegaron a la conclusión de que sería más práctico demolerla y comenzar de cero. “Hicimos la tarea y buscamos la manera de aprovechar la construcción existente. Sin embargo, tenía los problemas de las casas viejas, y al estar tan cerca de la montaña era húmeda, fría y le faltaba luz”, explica García, quien junto con sus clientes se embarcó en desarrollar un proyecto nuevo que se valiera de todos los beneficios de su localización.

Con más de quince años de experiencia trabajando en Europa, desde su estudio en Marbella, España, García, que regresó al país hace tres años porque se casó con una colombiana, implementó muchos de los conocimientos adquiridos. “Para mí es fundamental la atención al detalle, y que todo, desde los cimientos hasta el último guardaescobas, esté diseñado y ejecutado a la perfección”, asegura el arquitecto, quien dedica días enteros a pensar las bases sobre las que se construiría la casa. El lote, estrecho de frente, con mucho fondo y muy empinado –termina en una caída de siete metros hacia la calle–, planteaba varios retos.

“Queríamos que la entrada fuera con la panorámica de la ciudad de frente, sin que nada se interpusiera. Tenía claro también que la casa debía ser escalonada, y en la parte de abajo queríamos un jardín con diferentes niveles y plataformas”. Ese fue el punto de partida, así como la convicción de la propietaria –aficionada a las plantas y al verde de la naturaleza– de que debían aprovechar el bosque en la parte de atrás, y una piedra enorme que apareció durante la demolición y que se convirtió en parte de la arquitectura. Al igual que un viejo guayacán que se protegió durante la obra y que aporta un carácter único a esta zona de la vivienda.

Desde un inicio, los propietarios participaron activamente en el proceso, algo que fue clave para el éxito del mismo. “Primero planteo los proyectos en planta. Soy de la teoría de que una casa debe funcionar con un dedo en un plano, como uno se mueve dentro del espacio. Comienzo de forma esquemática, para que el cliente se vaya haciendo la idea. De esta manera los conceptos se trabajan en conjunto, y el diseño evoluciona con los aportes y deseos de los dueños”.

Coincidían en que el lenguaje formal de la casa, así como la especificación de los materiales de las fachadas, debía adaptarse a su entorno y mimetizarse con la naturaleza circundante. La idea era crear un volumen armónico que no irrumpiera con sus alrededores, pero que tuviera un encanto especial. “Quería que la fachada principal, por donde se ingresa a la casa, se viera como un cubo que vuela en el vacío, como si hubiera caído de la montaña y con el golpe se hubiera inflado como una piedra natural”. Para diferenciarlo del resto de la estructura y acentuarlo, pensaron recubrirlo con láminas de titanio –como en el Museo Guggenheim de Bilbao, de Frank Gehry–, pero finalmente optaron por las placas de alta presión Trespa Meteon, de Hunter Douglas, que lograban el mismo efecto. Funcionó tan bien que lo utilizaron en la cara frontal.

El piso está hecho en un microcemento de Cement Design, con unas líneas de césped que armonizan y crean una elegante entrada vehicular y peatonal que se integra a la naturaleza. Complementa esta zona la elaborada puerta de madera del garaje, a través de la cual se alcanzan a ver los autos deportivos del dueño. Para el resto de los exteriores eligieron vidrio, aluminio y un ladrillo color chocolate y de gran formato, un tono que en diferentes intensidades se repite en la gama cromática de las áreas interiores.

La casa tiene tres niveles que se posan sobre una gran plataforma, con jardines en diferentes elevaciones. Tal vez uno de los aspectos más interesantes del exterior es el trabajo de paisajismo, pues para la propietaria era fundamental que se le diera prioridad a este tema, que conoce y la apasiona. Según la arquitecta paisajista Diana Carrillo, quien colaboró en el proceso, “la disposición sobre la montaña nos permitió restaurar la cobertura vegetal de especies nativas de bosque andino, tales como helechos arbóreos, chicalá, alcaparro enano y bambú nativo, escogidos principalmente por sus llamativos colores y follajes”. Adicionalmente, la dueña tiene un área de huerta donde cultiva lechugas, entre otras legumbres.

Un gran loft

En la definición de la arquitectura interior predominó la búsqueda de espacios amplios, generosos, luminosos y transparentes. “Podría describirse como un gran loft. Las áreas están demarcadas de manera sutil, ya sea con un cambio de color en la pared, un despiece diferente en la colocación del piso, una variación en la intensidad de la iluminación, o la disposición del mobiliario”, explica García, quien con un acertado manejo de proporciones y escalas logró que la casa, que tiene 727 metros construidos y en el nivel de ingreso cuenta con una altura de 3,50 m, se sienta cálida y acogedora.

Esta sensación es resultado de la combinación de varios factores. Entre ellos, el sofisticado sistema de calefacción de losa radiante que instalaron y que se definió minuciosamente en las etapas iniciales de la obra. “Uno de los desafíos que enfrentamos era contrarrestar la humedad y el frío que causaba la cercanía con el cerro. Teníamos claro que debíamos orientar la casa para que recibiera la luz de la tarde y que había que aislarla del terreno”. Para lograrlo, separaron la placa del sótano del suelo a un metro de altura –lo que permite que las tuberías sean registrables por debajo–. Sobre la placa se colocó un nivel de 7 cm de espesor de arena, cubierto por un textil aislante, y una capa de poliestireno expandido que protege las mangueras de la calefacción. 

Solo en ese momento se colocó el mortero autonivelante, desarrollado especialmente porque debía ser elástico, ya que los cambios de temperatura hacen que la losa se dilate. Sobre esta superficie se instaló el piso de madera que se especificó para toda la vivienda, y que provee uniformidad cromática entre los diferentes ambientes. La misma estrategia de aislamiento se implementó en las fachadas. Esto, junto con las ventanas con rotura de puente térmico, de Cortizo, que importaron de España, contribuye a que el calor generado por la calefacción permanezca adentro.

Arte y diseño

Resueltos los temas técnicos y estructurales, propietarios y arquitecto se embarcaron en el proceso de interiorismo y decoración. Cada uno de los tres niveles de la casa tiene una función específica dentro del programa y se adecuó de acuerdo con estos requerimientos. No obstante existe un hilo conductor, logrado con la gama cromática, iluminación y la línea contemporánea y depurada del amueblamiento. En el nivel de ingreso están los espacios sociales más formales, como el hall de entrada, el salón y el comedor principal, una terraza con zona de barbacoa, y las áreas de servicio, como la cocina, la lavandería y el parqueadero. Una escalera hecha en mármol Nogal Braun brillado –que se usa en las tiendas de Armani en Italia–, o en su defecto un ascensor, comunica los tres niveles. El piso superior alberga las áreas privadas, como la alcoba y el baño principal –uno de los espacios más espectaculares de la casa–, los vestieres y una amplia terraza donde la dueña disfruta de su pasión por la jardinería. En el piso más bajo está el área de entretenimiento –biblioteca, sala de cine y cava, y una zona para huéspedes–.

El precepto era crear una vivienda para disfrutar. Diseñar lugares de encuentro donde fuera agradable reunirse y atender amigos y familia. “Una de las grandes ventajas en este proyecto fue que los clientes tenían muy claro lo que querían”. Por su afinidad con la moda y la cultura, han recorrido el mundo y viajan con frecuencia a Europa, donde están en contacto con las últimas tendencias del diseño.

Por eso decidieron viajar junto con el arquitecto a Madrid, España, donde fueron atendidos y asesorados en la tienda Gunni & Trentino –representante de 600 marcas europeas–. “Antes de hacer un ejercicio como este, es recomendable tener claro cómo van a estar distribuidos los muebles dentro del espacio, conocer las texturas, colores con los que los vas a combinar, así como las diferentes escalas y dimensiones. De esta manera se integrarán de forma armónica con la arquitectura”, recomienda García, que es representante de esta marca en Latinoamérica.

Sobresalen piezas como los sofás de terciopelo color chocolate, de Antonio Citterio, en el salón principal; los sillones Archibald King, de Poltrona Frau, tapizados en un cuero forest green; un tapete de seda hecho a mano en la India, y las mesas auxiliares y de centro que complementan este conjunto, y que la dueña las compró al diseñador colombiano Andrés Aitken, en Bogotá. En el comedor, la mesa Zoe, de base de bronce y tapa color moka, es una pieza escultórica que, junto con la lámpara Brubeck, crea un ambiente elegante y sofisticado.

La carpintería de la casa, con excepción de la cocina –de Gunni & Trentino– fue diseñada por el arquitecto y su hermano, Antonio, y fabricada en Colombia por Deico. Los tonos de la madera se ajustaron a la paleta cromática determinada por la propietaria, que desde un principio quiso colores tierra, desde diferentes intensidades de chocolate, marrón y café, hasta gamas más neutras como el beige, marfil y champaña. Luego los combinó con sutileza en paredes, cortinas y lencería de la casa.

Otros dos factores contribuyeron a que esta casa sea única. Por una parte la colección de arte, que enriquece los diferentes recorridos espaciales, en la que llaman la atención obras como la escultura amarilla del maestro colombiano Édgar Negret, que establece un diálogo de estilos y épocas con la pieza del artista antioqueño Federico Uribe, colgada sobre la chimenea. En el hall de ingreso dos esculturas de Seung Mo Park y de Santiago Uribe, y una obra blanca de Sophia Vari, dan la bienvenida al visitante y marcan la pauta de lo que encontrará adentro.

Finalmente, el tema de la iluminación es uno de los aspectos más interesantes de esta propuesta. “Pocas personas le dan la importancia que requiere. Para mí es uno de los componentes principales de un buen proyecto. Es lo que determina el ambiente, la sensación que se quiere evocar en cada espacio”, explica la dueña, quien una vez que García hizo el esquema general de los puntos de luz y definió detalles como la iluminación en la dilatación de los muros, participó en la elección de cada una de las piezas que visten la casa de lujo y  diseño.

En la sala, dos lámparas de techo compradas en Gunni & Trentino aportan dinamismo al espacio, mientras que en la cocina la lámpara Botti, que se encuentra sobre el comedor diario, hace que estar en este lugar sea una experiencia especial. Para las lámparas de las mesas de noche de la habitación principal eligieron un diseño del español Arturo Álvarez. “Me gustan porque dan una luz suave, es una propuesta romántica, y al ser de techo no ocupan espacio en la mesa”, comenta la dueña, que siempre busca el lado pragmático de las cosas. Y por eso, cada uno de los aparatos fue cuidadosamente estudiado para crear un efecto particular en cada punto.

Para el arquitecto, la fórmula del éxito fue contar con clientes comprometidos, bien informados y dispuestos a tomar riesgos en el camino, así como tener un gran equipo de empresas y colaboradores que aportaron lo mejor a las ideas que tenían. “Su generosidad en cuanto a tiempo e ideas fue invaluable, creo que el secreto para llegar a lo que ellos querían fue el trabajo en equipo, la confianza mutua y la disposición de ambas partes a ceder cuando se requería”, concluye García, quien terminó compartiendo una entrañable amistad con los dueños de casa, y de vez en cuando tiene la fortuna de ser invitado a disfrutar de unas copas en la cava.

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