Un refugio japonés en las montañas del oriente de Medellín

Concebida a partir de un concepto oriental, esta casa presenta una arquitectura que impacta con elementos que sobresalen por su sencillez y pureza. 0

Fotografía: Mateo Soto Fotografía. La casa está compuesta por dos volúmenes con techo a dos aguas, ubicados en sentido perpendicular y conectados mediante un corredor de madera iluminado de forma natural. La construcción y coordinación técnica del proyecto estuvo a cargo de Bioclimática Construcciones, empresa de Medellín.

En el contexto de la cultura japonesa la arquitectura se destaca en virtud de su imagen vernácula y austera, que resulta de sus elementos en madera, el uso de pocos materiales y la iluminación a través de paneles traslúcidos. De ahí que en esta casa obra del taller de arquitectura e interiorismo Cinco Sólidos, se vean plasmados sus principios.

Situado en las inmediaciones del aeropuerto internacional José María Córdova, al oriente de Medellín, este proyecto residencial está inmerso en la naturaleza. Su propietario buscaba un refugio para alejarse del bullicio de la ciudad y de su agitada carrera profesional.

Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

El concepto de esta casa nació tras un viaje que el dueño hizo a Japón, en el cual tuvo la oportunidad de admirar su arquitectura. “El cliente se maravilló con las construcciones que visitó y los lugares donde se hospedó. A su regreso nos explicó algunas ideas que tenía en mente”, comenta Daniel Correa, director creativo de la firma. Con ello iniciaron un exhaustivo proceso de investigación sobre los materiales y las formas que definen su arquitectura.

A diferencia de los clásicos paneles japoneses, en estos reemplazaron la corteza de papel por lino crudo. Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

De lo anterior se desprende una serie de aspectos singulares. El primero corresponde a la presencia de la madera a lo largo y ancho de la casa. Así, en la fachada exterior implementaron una técnica antigua llamada yakisugi, que consiste en quemar la madera (choibá o cumarú) hasta carbonizar su capa externa, para luego aplicarle un barniz a base de aceites naturales, dejándola de color negro para que contraste con el tono natural del roble utilizado al interior.

Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

El segundo aspecto hace alusión a la cubierta, cuya configuración es a dos aguas. “Pretendíamos que la zona social se diferenciara de la privada mediante un cambio de alturas. El techo a dos aguas nos facilitó ese tipo de variaciones. Por eso lo escogimos. Además, desde un comienzo nos pareció interesante el juego de volumetrías”. Simultáneamente, distintas claraboyas o tragaluces, dispuestas en la circulación y en los baños, permiten iluminar el interior.

Todas las estancias tienen vistas privilegiadas hacia el exterior. El diseño arquitectónico cede protagonismo al paisaje. Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

En términos generales, esta casa de aproximadamente 500 metros cuadrados está compuesta por dos volúmenes alargados, que se empalman a través de una circulación en medio de dos jardines
interiores que enmarcan el recorrido entre la estancia social y la privada. Entre ambos se desliza un elemento tradicional de la cultura japonesa, el panel shoji. Originalmente se elabora con corteza de papel, pero para este proyecto emplearon lino crudo sobre una estructura de roble francés.

El primer volumen comprende las áreas privadas –tres habitaciones con sus respectivos servicios–. La alcoba principal se conecta con un deck y varios jardines situados en la parcela posterior. Sobresale, entre otras cosas, el vestier, cuya capacidad significó un verdadero desafío para los
arquitectos, pues debían organizar cerca de 700 pares de zapatos.

Este vestier tiene capacidad para más de 700 pares de zapatos. Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

El segundo cuerpo incluye la zona social –integrada por cocina, comedor y sala–, con ventanales que dialogan de forma permanente con el exterior, donde están el salón principal y el área húmeda.

Esta última tiene una piscina semiolímpica, un espejo de agua atravesado por un sendero destinado a la meditación, un comedor de estilo zen un nivel más bajo del deck, y la llamada sala de fuego, que apunta hacia un bosque de la propiedad, con especies nativas. En este sector de la casa concurren los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.

Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

“El proyecto no solo abarcó el diseño arquitectónico e interior, sino la adquisición de objetos decorativos, vajillas, lencería e,incluso, libros y revistas”. La selección del mobiliario –que mezcla diseños exclusivos, nacionales e importados– procura alinearse con la estética de la vivienda y da continuidad a las líneas depuradas y espacios diáfanos que la caracterizan.

La selección de los muebles se ajusta a cada espacio, combinando diseños exclusivos con mobiliario nacional e internacional. Fotografía: Mateo Soto Fotografía.

Sobresalen las lámparas en distintos formatos, de marcas como Mater, Davide Groppi y Vibia, entre otras. Para muchos, la arquitectura, aparte de obedecer a los requerimientos de funcionalidad y universalidad, debe ser capaz de producir emociones. Esta casa lo hace de principio a fin, y no necesariamente debido a sus cualidades materiales, sino a la experiencia de habitarla. Ofrece, incluso al más desprevenido, el privilegio de apreciar con los cinco sentidos la naturaleza que la
envuelve y al mismo tiempo la integra. ■

 

 

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