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ARQUITECTURA TERAPÉUTICA

El arquitecto Antonio Sofán innova en el diseño de espacios médicos con un consultorio odontológico basado en los atributos del color.   0

Es habitual que un espacio dedicado a la práctica odontológica no se distinga por su diseño ni estética: con que garanticen el buen funcionamiento de lo que en ellos ocurre parece suficiente. Sin embargo, algo está cambiando: la aparición de la odontología estética está propiciando la tendencia de diseñar consultorios que se preocupan por generar tranquilidad y paz en los pacientes, por lo que cada vez con mayor frecuencia se acercan al concepto de spa. Esta era la idea que tenía el dueño de Implant Logyca, un consultorio odontológico ubicado en Arlington, Virginia, Estados Unidos. Y el responsable de llevarla a buen término fue el arquitecto Antonio Sofán, para quien el tema de la arquitectura de espacios clínicos no es nuevo: en 2004 diseñó la Clínica de Montería, la que a su juicio es su obra más importante porque en ella “experimenté con el color y la relación entre interior y exterior, pensada según la noción del cuerpo y el alma”. Graduado de la Universidad Javeriana de Bogotá y con una maestría de Diseño Arquitectónico del Pratt Institute de Nueva York, Sofán ha trabajado en Estados Unidos en las firmas Kling, Peter Marino, Daroff Design y WTR, es miembro del Instituto Americano de Arquitectura (AIA) y cuenta con certificación LEED de arquitectura sostenible. Para él, que tiene entre sus proyectos más importantes las sedes de la Colegiatura Colombiana de Medellín y el periódico El Meridiano de Córdoba, Implant Logyca era una nueva oportunidad para “diseñar un espacio destinado a procesos dentales que pueden ser traumáticos y dolorosos, con elementos que generen experiencias positivas en los pacientes”.

La principal apuesta del diseño es, en palabras de Sofán, “tomar partido de los beneficios terapéuticos del color para enmarcar la delicada especialidad de la periodoncia y la cirugía de implantes dentales. También se trataba de articular el contraste para que el color produjera una distracción positiva entre los pacientes y visitantes que recorren el espacio”. Eso explica el uso de vidrios de color en los cinco cubículos operatorios, creando un efecto óptico por el contraste con la austera paleta de colores de grises y blancos. “Cada operatorio, además, tiene un color específico, con títulos que enuncian sus bondades terapéuticas”, explica el arquitecto y añade que “la idea era evitar que los pacientes sintieran que entraban a un lugar en el que ocurriría algo terrible, sino que, por así decirlo, sintieran que entraban al color”.

Las demás decisiones del diseño también se tomaron con el objetivo de generar tranquilidad en sus usuarios. El espacio es un volumen triangular de 180 metros cuadrados y vértices redondeados que responde “a un pedido del odontólogo: cuando el paciente se chequea o va a entrar al lugar, normalmente hay alguien saliendo de algún procedimiento, o pagando el servicio, y la intención era que no se mezclaran esas funciones en la entrada y la salida”. El enchape con tiras de fieltro natural de diferentes anchos y espesores expresa la idea de movimiento, y sobre todo garantiza un nivel acústico alto que no perturba la operación ni permite que se oiga en otras zonas lo que está ocurriendo en los cubículos. La sala de espera da la bienvenida a los pacientes con la obra de la artista Ruby Rumie que expresa la vida de los trabajadores del mercado de Valparaíso en Chile y cuya silueta se encuentra impresa en tubos de crema dental. En la pared opuesta está la obra de Pedro Ruiz y sus óleos en miniatura de aviones que atraviesan el cielo azul y dejan estelas de vapor blanco.

Con este proyecto, Antonio Sofán sigue demostrando que enfocarse en las sensaciones de los pacientes es una de las mejores formas de crear diseños de vanguardia en el complejo campo de la arquitectura médica.

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