Barranquilla y su nueva edad dorada de arquitectura y diseño

Por Roberto Duarte
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Octubre
26 - 2021
La capital del Atlántico vive un resurgir que la convierte en referente. Esto gracias a un trabajo conjunto entre los sectores público y privado, que empezó a varios años atrás.

Invalidando la sentencia de Gabriel García Márquez de que la estirpe de los Buendía no tendría una segunda oportunidad sobre la Tierra, Barranquilla construye una nueva era dorada, cimentada en la que vivió hace cien años cuando fue pionera de los grandes hitos que marcaron para siempre la vida nacional: la aviación comercial, el correo aéreo, un desarrollo urbanístico al mejor estilo de las grandes urbes estadounidenses, y con ello un dinamismo de la industria, la banca, el comercio y el transporte marítimo y fluvial que le permitió ser en esa época la ciudad más cosmopolita y cultural de Colombia y la puerta de entrada del país a la modernidad.

Los barranquilleros, que mucho tenemos de macondianos, hemos retomado la herencia de nuestros ancestros para iniciar un proceso evolutivo que comenzó en 2008 con la llegada de Alex Char a la alcaldía, enarbolando sueños y contagiándonos con ellos de tal forma que nos acostumbramos a creer que los podíamos hacer realidad. Char fue el líder indicado en el momento justo en que Barranquilla necesitaba hacer un punto de quiebre para dejar atrás varias décadas de desesperanza colectiva, y trajo consigo un equipo de tecnócratas, algunos radicados aquí y otros venidos de afuera, en una especie de diáspora invertida, algunos de los cuales gestaron los procesos puestos en marcha y ahora lideran su continuidad, como Jaime Pumarejo, repatriado de Singapur, alcalde actual; Carlos Acosta, gerente de ciudad, retornado de Miami, y Ricardo Vives, gerente de Puerta de Oro, Empresa de Desarrollo Caribe, traído de Milán.

Fotografía: Freddy Gutierrez

El Gran Malecón es el mayor referente de la renovación urbana que vive Barranquilla a orillas del río Magdalena, y el espacio público más visitado por residentes y turistas.

En ese grupo dos figuras fueron claves. Elsa Noguera, hoy gobernadora del Atlántico, quien desde la Secretaría de Hacienda lideró el saneamiento de las finanzas distritales, y Fidel Castaño, responsable de la modernización y actualización del sistema tributario local, que desde entonces ha mejorado sustancial y gradualmente los ingresos del Distrito. Con ello, con una reestructuración administrativa que redujo los gastos en burocracia, y con un modelo de gobernanza, Barranquilla superó su condición de ciudad quebrada e hipotecada y cimentó un camino que le ha permitido recuperar la confianza del sector financiero, del Gobierno Nacional y de los empresarios que comenzaron desde entonces a llegar aquí para desarrollar nuevos negocios.

El paso siguiente fue la planeación, el ordenamiento territorial y la puesta en marcha de proyectos que se ejecutaron con estándares de calidad e hicieron realidad sueños añejos, antes considerados imposibles, como la canalización de arroyos. Posteriormente vino Barrios a la Obra, con pavimentación de calles en sectores populares, con numerosos parques y con la mejor red de salud pública del país, además de una creciente cobertura de infraestructura educativa que permite ahora avanzar en el mejoramiento de la calidad y en el bilingüismo. Así se configuró un círculo virtuoso porque las obras extienden la calidad de vida de la población, generan incrementos en el pago y recaudo del impuesto predial y, con ello, más recursos se dirigen hacia nuevas iniciativas de alto impacto social.

Fotografía: cortesía Grupo Bolivar

Proyecto de Constructora Bolívar en Alameda
del Río, complejo habitacional para niveles
socioeconómicos 2, 3 y 4, que marca un hito
en el desarrollo inmobiliario de Barranquilla.

Sector privado, el gran aliado

Si el Distrito jalonó el desarrollo actual, el sector privado fue receptivo y se volvió su fondeador. Esa reciprocidad es evidente, por ejemplo, con la participación del Grupo Argos, promotor inmobiliario de la nueva Barranquilla del norte, a partir de una visión de largo plazo e integral, en la que confluyen el ordenamiento territorial y criterios ambientales y sociales en un plan maestro que está en ejecución desde finales de la primera década de este siglo, alineado con los planes de desarrollo de la alcaldía y dependiendo del comportamiento del mercado.

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Así se ha estructurado el urbanismo de esa zona de la ciudad, que tiene como referente el icónico barrio El Prado, símbolo de la Barranquilla Dorada de 1920 y 1930,
replicado aquí con espacios públicos y zonas verdes, redes de parques, canalización de las aguas lluvias, líneas eléctricas soterradas, y una proyección de vías generosas que tendrán conectividad y lugar para modos alternativos de transporte privado y público.

Esa infraestructura la ha complementado la construcción de hitos urbanos que han ayudado a sembrar esa semilla de desarrollo, y a tener un área planificada dotada de servicios complementarios de salud, comercio, centros empresariales y educación, con estricto respeto por el medioambiente, lo que ha dado como resultado la transformación de áreas que antes eran canteras y minas de caliza, en comunidades sostenibles e inclusivas. Un indicador que muestra esa realidad es el de siete metros cuadrados de espacio público por habitante específicamente en esa zona, del cual los residentes se han apropiado mediante un buen uso que valida la importancia de haberlos hecho partícipe en su diseño y construcción. “En Argos nos hemos adelantado a la agenda urbana, y los criterios que hemos aplicado en nuestros desarrollos inmobiliarios son ahora norma. La ciudadanía lo ve, lo siente, lo asume y lo disfruta cuando camina por los senderos peatonales o usa los parques, y eso les agrega valor a nuestros proyectos por la inherente construcción de tejido social, de cultura ciudadana y de comunidades resilientes y sostenibles”, dice Daniel Sarabia, gerente de urbanismo del Grupo Argos.

Fotografía cortesía: Grupo Argos.

Los parques lineales que conectan distintos sectores del norte de la ciudad caracterizan el urbanismo gestado por Grupo Argos, el mayor promotor inmobiliario de Barranquilla.

Derivados de esa gestión de Argos llegaron los hoteles de las grandes cadenas internacionales a aumentar la oferta de habitaciones y camas, un aspecto en el que Barranquilla no estaba a tono con la contemporaneidad, y también los centros comerciales que tienen carácter e identidad propia. Y con ellos las grandes constructoras del país, que entendieron que aquí estaba vivo un mercado de vivienda ávido de nuevas propuestas y favorecido por los bajos precios de la tierra, en comparación con ciudades de igual o similar nivel, pero también por las nuevas corrientes migratorias. “El dinamismo del mercado inmobiliario de Barranquilla ha aumentado exponencialmente, gracias a la habilitación de tierras para desarrollos inmobiliarios y a las políticas de vivienda que ha impulsado y mantenido el Gobierno Nacional en los últimos años”, explica Carlos Arango, presidente de Constructora Bolívar.

Para Arango, este cambio “ha demostrado ser atractivo para la inversión y es evidente en la transformación de la ciudad, y seguirá siéndolo si la visión y capacidad de ejecución con la que se ha desarrollado se mantiene. Además, Barranquilla es una ciudad que por su localización junto al río Magdalena y el mar Caribe cuenta con unas condiciones magníficas para los negocios logísticos”.

El Gran Malecón y el retorno al río


El mayor emblema de la transformación urbana de Barranquilla es el Gran Malecón. Con esta obra, otra vez, como en los primeros años dorados, retornamos al río de nuestro origen, recuperamos la identidad como ciudad puerto, y fortalecemos el sentido de comunidad que aprecia, valora y disfruta el espacio público en un escenario democrático donde confluyen propios y foráneos por igual. “Es una ciudad con muchas ventajas competitivas, entre ellas, su ubicación estratégica, mano de obra altamente calificada y la apuesta de las empresas por contribuir a su desarrollo, que la han hecho un centro importante de transformación urbana mediante proyectos que impactan positivamente la reactivación económica y el bienestar de su gente. Hoy, por ejemplo, contamos con un sinnúmero de proyectos que buscan renovar la ciudad para seguir posicionándola como un centro de inversión y de atracción de talento”, asegura Christian Daes, COO de Tecnoglass, empresa que a través de obras como Ventana al Mundo y Ventana de Campeones ha contribuido en este proceso y que está en una nueva fase de expansión dada la alta aceptación de sus productos en el mercado de Estados Unidos.

En el Gran Malecón convergen Puerta de Oro, Centro de Eventos con gran capacidad para adaptarse a todo tipo de ferias y encuentros de negocios; El Caimán del Río, con una variada oferta gastronómica y el Pabellón de Cristal, otro escenario de reuniones empresariales, gremiales y académicas. Allí se camina, se hace ejercicio, se habla, se ríe, se come, se bebe, se hacen citas de negocios, se baila, se celebra porque sí y porque no, se descubren talentos artísticos propios, se siente la fuerza e imponencia del río, se ve la ciudad que resurge para renovarse, para validarse, para proyectarse al futuro.

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Fotografía: Nicolás Santodomingo
La Barranquilla del norte conjuga altos estándares urbanísticos, mezcla de usos residenciales, comerciales y financieros, zonas verdes y una fácil conectividad vial.

Y se marca el comienzo de Ciudad del Río, el culmen de este proceso, con un concepto que será, con certeza, el nuevo punto de quiebre en la historia de Barranquilla, pero sus detalles y los de Barranquilla 2100 serán el siguiente capítulo de este especial dedicado a la ciudad. “Para ello disponemos de 650 hectáreas que se van a desarrollar urbanísticamente sobre la base del concepto de biodiverciudad, término acuñado para sintetizar la búsqueda del crecimiento económico a partir de la valoración del medioambiente, la adaptación al cambio climático, y el bienestar social, y que se expresa a través de la recuperación integral de la ciénaga de Mallorquín, la conversión de los caños del mercado en canales de aguas tratadas y recuperadas, la extensión del programa de arborización, la construcción de parques urbanos en las cinco localidades que constituyen Barranquilla, y de otros metropolitanos; la adopción de políticas serias en materia de residuos sólidos, y la generación de energías solar y eólica para la autosuficiencia de los edificios públicos y la venta al sistema eléctrico nacional”, precisa Ricardo Vives, gerente de Puerta de Oro, Empresa de Desarrollo Caribe.

Y agrega Carlos Acosta, gerente de ciudad: “Barranquilla es hoy referente de Colombia. Por ser modelo en la planificación con una visión de largo plazo, y por la ejecución eficiente de los proyectos contemplados en ese ejercicio. Por eso ahora exportamos servicios como el diseño y la construcción del Malecón de Barrancabermeja a través de Puerta de Oro, hacemos bulevares en Soacha con Siembra Barranquilla, y estructuramos proyectos para otras ciudades del país y entidades nacionales como el Ministerio de Vivienda mediante la Empresa de Desarrollo Urbano, Edubar. Y queremos jalonar procesos similares en Cartagena, Santa Marta, Riohacha, irrigando nuestro modelo hacia el resto de la región Caribe porque nuestras ciudades están ligadas unas con otras”. Con su experiencia validada, con argumentos basados en hechos concretos y visibles, con la legitimación de la función pública, con su ADN de sociedad multicultural y abierta, Barranquilla se proyecta hacia un crecimiento exponencial para acelerar la atracción de inversión y talento apelando a la emoción y la razón de los migrantes contemporáneos y con el objetivo principal de que los barranquilleros por nacimiento y por adopción sean más productivos y más felices.■

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