La casa Aburayama de Masakatsu Matsuyama

La casa Aburayama, ubicada en Fukuoka, Japón, es la combinación ideal entre el saber hacer tradicional y el confort contemporáneo.

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Si usted hubiera crecido en el Japón posterior a 1960, sus posibilidades de experimentar el placer de vivir con esteras de tatami, porches tipo engawa o colchones de futón serían casi nulas. Durante esa época, cuando el país atravesaba el vértigo del desarrollo económico, los artículos extranjeros se consideraban muy deseables y todo, desde tostadoras hasta televisores, se importaba masivamente.

Incluso los planos de las casas. Hasta hace relativamente poco nadie cuestionaba si los muros internos fijos, los corredores aislados u otros elementos occidentales combinaban con el estilo de vida japonés. Sin embargo, la casa Aburayama puede ser la evidencia del retroceso de esta tendencia.

Ubicada en la isla sureña de Kyushu, en un suburbio de la ciudad de Fukuoka, esta vivienda de un piso es una elegante composición de cubículos en blanco, negro y madera, diseñada por Masakatsu Matsuyama para una pareja entrada en sus 40 años.

Los propietarios, programadores informáticos que trabajan en casa, habitaban un apartamento completamente desprovisto de elementos tradicionales, pero querían hacer un cambio. Después de mucho buscar, dieron con un terreno de 296 metros cuadrados.

Un corto tramo de escaleras sube a la entrada principal. La puerta, sobre el lado norte, se abre a un vestíbulo donde los zapatos de calle se cambian por pantuflas para interiores. Hacia un lado, el hall de entrada conduce al espacio de trabajo, donde la pareja comparte una oficina y una sala de reuniones, y hacia el otro, el área de estar.

Dentro de cada ala, los cuartos se comunican al estilo antiguo. Separada por un juego adicional de escaleras, la zona privada está elevada y consta de dormitorio y una cocina de paso que se abre al salón-comedor con esteras de tatami.

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Aunque la pareja prefiere dormir en cama, a la hora de relajarse nada supera una sala con tatami; el aspecto, tacto y aroma de la paja entretejida suscita una reacción visceral inmediata. Este es el centro físico y espiritual de la casa, donde los dueños comen, leen, ven televisión o sencillamente se deleitan con la vista.

Como muchos de los espacios de estilo japonés, el estar tiene pocos y selectos muebles: una masiva mesa chabudai y cuatro cojines zaisu.

El porche ofrece una transición fluida con el exterior, especialmente en la primavera y el otoño cuando los dueños eliminan todas las barreras al deslizar los tres juegos de puertas corredizas. Hechas con doble lámina de vidrio, pantallas de metal y paneles de madera, estas mantienen el calor en invierno, aíslan de los insectos en verano y brindan seguridad todo el año.

En el centro de la casa, Matsuyama integró un segundo espacio exterior modelado según el concepto del tsuboniwa o pequeño jardín interior. Salpicado de maceteros con plantas y una pila de agua para las tortugas de la pareja, el minipatio articula las zonas sociales y privadas del hogar.

Definida por un sistema de pórticos de madera, la casa Aburayama es una curiosa mezcla entre lo antiguo y lo nuevo. Sin duda, la paleta de Matsuyama es rica en texturas, pero el audaz volumen de la estructura sugiere el modernismo de Mies van der Rohe. 

Vivir en un hogar antiguo puede no ser la taza de té verde que todo el mundo quiere beber; pero para clientes que añoran un lugar contemporáneo con el sabor tradicional, esta propuesta tiene la mezcla precisa. La casa Aburayama de Masakatsu Matsuyama

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