Geometría, volúmenes y dimensiones en esta casa en la Calera, a las afueras de Bogotá

El diseño y construcción de esta casa busca minimizar el impacto de su tamaño en el terreno. Esto lo consiguen al utilizar una geometría ortogonal que fragmentan en medio del paisaje que la rodea. 0

Esta casa, ubicada en La Calera, en las afueras de Bogotá, es fruto del trabajo colaborativo de Taller Manufactura, estudio liderado por los arquitectos Álvaro Arias y Verónica Hoyos, y Cano Ospina, firma de ingenieros dedicada a la construcción y gerencia de proyectos, en cabeza de los ingenieros Daniel Cano y Julián Ospina.

     

Desde el encargo, el principal reto consistió en controlar la escala y el tamaño. Las dimensiones de las áreas requeridas y la cantidad de espacios que necesitaba el cliente condicionaban el proyecto a una presencia monumental en su entorno. Para evitar esto hicieron un trabajo de definición de los volúmenes con herramientas digitales de modelado en tres dimensiones, de tal manera que la casa no se percibiera como una gran caja, sino como una superposición de prismas.

Esto permitió reducir su impacto visual y, al mismo tiempo, revelar su función a través de la expresión formal de su arquitectura. Sus formas, materiales y proporciones dejan leer lo que ocurre en el interior, permiten intuir la vida que contiene este cascarón. La casa ocupa un lote entre una vía de acceso y un lago. Para la nivelación del terreno fue necesario un trabajo de ingeniería que posibilitara desarrollar el proyecto con una planta baja a un solo nivel.

Un cuerpo de acceso, con una altura a la escala del peatón, genera una puerta que, al cruzarla, obliga a caminar unos pasos por un jardín exterior. Este gesto propone entrar a través de un pequeño paseo en contacto con la vegetación. Un segundo volumen, apenas más alto que el primero, contiene y oculta los parqueaderos privados al girar 90 grados con respecto a la vía. Una secuencia de prismas, ascendentes en altura, alberga los espacios interiores y define la volumetría total, mientras los muros revocados, color beige, la madera y el concreto a la vista componen la materialidad de la casa.

El primer nivel alberga la mayoría de las estancias de la residencia. Allí, un patio central rompe por completo la volumetría, y al distribuir los espacios de manera efectiva, animan el interior con luz natural y vegetación. Sobre el frente del acceso aparecen tres habitaciones protegidas por un jardín y un muro bajo que oculta sus ventanas desde afuera. La cocina, la zona social, una escalera suelta y un estar familiar giran en torno al patio central del primer nivel y tienen una relación directa con él, lo que logra fragmentar los ambientes y entregar una percepción espacial controlada y recogida. Todas las estancias se conectan mediante circulaciones, pero cada una es independiente.

El salón principal se extiende hacia afuera gracias a dos terrazas de madera cubiertas con pérgolas. Desde aquí se puede disfrutar de las zonas verdes y de la vista hacia el lago. En el segundo piso, una circulación que se asoma sobre el patio del primer nivel separa un estar de televisión con oficina, de la habitación principal. La alcoba cuenta con un baño y un vestier generoso que se pueden integrar o separar gracias a puertas correderas. Esta casa se concibe desde el deseo de una vida alejada de la ciudad, pero también desde el futuro de la familia que vive en ella. Las habitaciones se diseñaron para que admitan las visitas de los hijos y sus familias cuando estos, hoy niños, crezcan.

Su arquitectura no responde a ninguna moda ni tendencia, por el contrario, se configura a partir de la manera en la que sus espacios se relacionan. Este ejercicio de diseño y construcción, que busca minimizar el impacto de su tamaño en el lugar, pero persigue también la generación de ambientes a la escala de lo íntimo, utiliza una geometría ortogonal para luego fragmentarla y esculpir un volumen diverso en medio del paisaje boscoso que le rodea. ■

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