Concreto en la cumbre

El arquitecto chileno Sebastián Irarrázaval diseñó una casa que combina la pureza de sus materiales y un hábil manejo de la luz.

Artículos destacados

Una casa diseñada en los años treinta se adapta a las formas de vida actuales

Un apartamento histórico que redefine la vida cotidiana gracias a la calidez de su cocina

Situada en una cuenca natural rodeada de montañas, Santiago de Chile ofrece impresionantes vistas desde varios puntos. Uno de ellos, ubicado en las afueras, fue el escenario de una casa diseñada por el arquitecto Sebastián Irarrázaval para un cliente muy especial: su hermano, un experto en iluminación.

Irarrázaval, que ha sido docente en Europa y Estados Unidos –su experiencia más reciente fue en 2004, en la Facultad de Arquitectura del MIT en Boston–, pensó en el aprovechamiento de la vista para tomar su primera decisión: “Construimos un muro, para aislar del ruido el interior e independizarlo del entorno. El muro, además, oculta eficazmente a las casas vecinas para garantizar que las vistas panorámicas del horizonte no tengan interrupciones, especialmente desde la terraza”.

Dentro de la casa, Irarrázaval introdujo otro muro: una partición continua plegable que, cuando está cerrada, forma un lado de los dormitorios. Durante la semana, las puertas individuales insertadas a lo largo de esa pared permiten el acceso, pero los fines de semana el muro se repliega para revelar una pared exterior acristalada, que también puede deslizarse. Esta flexibilidad es un elemento clave de la casa: “Los fines de semana la casa funciona de una manera muy diferente: durante la semana es convencional, pero el fin de semana se abre para crear un espacio informal y relajado”.

Diseñada en forma de “L”, la estructura de la casa es de hormigón. El uso de este material tiene que ver con una búsqueda del arquitecto: “Prefiero materiales como el acero y la madera porque hablan por sí mismos, y a pesar de la inclinación por el color propia de América Latina, normalmente me resisto: el color debe provenir de los materiales”.

Pero el foco de este proyecto no es su división inteligente del espacio ni el acertado uso de los materiales: es su interior.

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Movimiento interior

Irarrázaval quería crear un interior dramático, por lo que experimentó con elementos arquitectónicos sólidos como las columnas dispuestas en diagonal, que además degenerar un ritmo en el espacio apoyan a la estructura en caso de terremotos. Las escaleras, que forman una rampa de suave pendiente, también aportan movimiento. “Yo quería una escalera que generara una sensación de movimiento suave, con pasos muy alargados, de pino local”, afirma Irarrázaval. La rampa conduce a la azotea, una terraza con una vista panorámica de las montañas en donde se dispuso otra de las claves de este diseño: la iluminación.

Tres claraboyas triangulares ubicadas estratégicamente garantizan la iluminación de las habitaciones, zona de acceso y cocina. Mientras tanto, el área social es el escenario de los impresionantes juegos generados por una hilera de tragaluces circulares: durante el transcurso del día, dependiendo del movimiento del sol, se crean esferas de luz que contrastan con la textura áspera del hormigón. “En ocasiones, los puntos de luz aparecen, creando un ritmo que se mueve por la casa”, dice Irarrázaval. “En la mañana se mueven por todo el piso de  la sala y luego suben a la rampa. Los tragaluces, además, sugieren un límite para la circulación entre la entrada y la cocina”.Sebastian-irarrazaval-7

Los nueve tragaluces fueron estratégicamente colocados por Irarrázaval, quien para hacerlo siguió los movimientos diarios y estacionales del sol mientras se construía la casa. “El ángulo del sol no varía demasiado aquí”, explica Irarrázaval, “así que teníamos que utilizar su movimiento con la máxima eficacia”. Mientras en la zona social se usaron para crear sensación de movimiento, en los cuartos de baño son verticales para proporcionar luz y ventilación.

La luz que se filtra desde el techo también se refleja entre los peldaños de las escaleras, lo que crea un patrón rítmico a través de la pared posterior de la sala de estar. “Más por accidente que por el diseño”, admite el arquitecto.

Capturada fugazmente durante el día, la luz es la protagonista de esta dinámica y sólida estructura de hormigón. Concreto en la cumbre.

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