El confinamiento hizo que cambiáramos la forma en que concebimos el hogar

Por Camilo Garavito
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Abril
22 - 2021
Crédito de la foto: Mónica Barreneche
Hace poco más de un año comenzó el evento que lo cambió todo. Apareció el virus que transformó radicalmente nuestras vidas y nos devolvió a la casa para apropiarnos de ella como no lo habíamos hecho antes.

Las cuarentenas y confinamientos hicieron que habitáramos la vivienda 24 horas, un día tras otro, hasta sumar semanas y meses. Comenzamos a convivir de forma intensa con nuestros familiares cercanos, a preparar las comidas, estudiar, limpiar, trabajar o descansar, todo en un mismo lugar. La relación con el espacio en el que vivimos cambió drásticamente, le exigimos más. Según la arquitecta e interiorista Jimena Londoño, fundadora del estudio de diseño Jotaele Arquitectura, el impacto primordial estuvo en que “tuvimos que darle un doble uso al espacio que habitamos, adaptarlo no solo para vivir, sino para trabajar en él.

Empezaron a surgir escritorios, entrepaños y otros elementos en las habitaciones para convertirlas en áreas laborales. El comedor dejó de ser un lugar solo para comer y acogió múltiples funciones”. Con esta visión coincide el arquitecto bogotano Rodrigo Samper, al afirmar que el reto principal que trajeron las nuevas dinámicas es justamente ese: incorporar de manera correcta las múltiples actividades que hoy recibe el hogar. “Cada miembro de la familia requiere un espacio para concentrarse; un ambiente adecuadamente iluminado y ventilado, amable, donde se pueda trabajar o estudiar a gusto”.

Con estas nuevas condiciones, la polifuncionalidad en los espacios y en el mobiliario pasó de ser una virtud a una necesidad. Las cocinas abiertas se cotizaron al alza porque pudieron convertirse más fácilmente en ambientes amables y acogedores para trabajar o interactuar. Las habitaciones recibieron escritorios y sillas de trabajo, muebles para almacenar implementos de oficina o útiles escolares. La mesa del comedor mostró sus cualidades como área laboral, acompañada de una silla ergonómica para hacer más cómodos los días.

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También nació el reto de la convivencia y la necesidad de privacidad. Con varios miembros de la familia en actividades simultáneas, como clases virtuales, teleconferencias, ejercicio físico o labores del hogar, empezaron a darse desencuentros que fue imperativo resolver. Aparecieron como prioridad las particiones entre áreas, el acondicionamiento acústico y la posibilidad de distribuir las diversas estancias para que cada quien desarrolle su cotidianidad de manera adecuada. Biombos, puertas y cortinas surgieron como soluciones, temporales o permanentes, para fraccionar o abrir espacios según los requerimientos.

La generosidad en las áreas y la altura en los ambientes se agradeció como nunca antes. Y ante las restricciones de movilidad y largas horas vividas en el espacio interior cobró verdadera importancia el contacto con la luz del sol, la vegetación, la naturaleza y el exterior. Balcones y terrazas acogieron nuestros respiros, las casas con patio y con posibilidades de encuentro con el medioambiente multiplicaron su valor. 

Los grandes ventanales, los jardines y las huertas alegraron la vida y organizaron las prioridades. “Esto no durará para siempre –concluye Rodrigo Samper–. El hombre es un ser social y pronto tendremos que volver a interactuar en la oficina”. Sin embargo, de esta época quedarán grandes aprendizajes, nuevas y mejores dinámicas, cotidianidad más flexibles y una más estrecha relación con nuestro hogar.

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