El equilibrio perfecto entre lo rural y lo urbano lo encuentra en esta casa en Subachoque

Por FOTOGRAFÍA: IVÁN ORTIZ PRODUCCIÓN: ANA MARÍA ZULUAGA TEXTO: RODRIGO TOLEDO, ARQUITECTO Y PROFESOR ASISTENTE DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
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Octubre
22 - 2020
Ubicada en Subachoque, Cundinamarca, esta casa mezcla todas las bondades de habitar el campo, con las comodidades de la ciudad. Su arquitectura aún a lo mejor de dos mundos.

En Subachoque, Cundinamarca, el estudio Lian diseños, dirigido por el arquitecto Gabriel Lian, concibió y construyó una casa para que sus habitantes vivan en el campo con las comodidades de Bogotá. El proyecto es parte de una iniciativa que divide un terreno de 20.000 metros cuadrados en parcelas, de manera progresiva, para la construcción de fincas privadas. Esta forma de ocupación del territorio permite la conservación de su condición rural y, al mismo tiempo, promueve residencias de áreas generosas en medio del paisaje.

La madera, el ladrillo y las estructuras metálicas definen el ambiente de la casa, mientras la altura de los espacios permite tener grandes ventanales en fachada.

La arquitectura de la casa está definida por la unión de dos volúmenes. El primero, una nave con techo a dos aguas, contiene la zona social, mientras el segundo, un juego de cajas con diferentes alturas y cubiertas planas, alberga las habitaciones. La distribución interior de estos dos ámbitos, social y privado, se refuerza mediante un quiebre en la geometría que los separa espacialmente. Para las fachadas el arquitecto optó por utilizar materiales de tonos oscuros, con el propósito de integrarlas visualmente a la paleta cromática de los verdes de la sabana, pero también para recibir la mayor cantidad de radiación solar incidente y contribuir al confort térmico interior.

Levantaron las paredes de ladrillo de gran formato como muros dobles, con poliestireno expandido entre ellos, para garantizar que se conserve la temperatura interna y así aislar a los habitantes del frío exterior. Por otro lado, instalaron un sistema de pisos radiantes que funciona con agua calentada por el sol gracias a una serie de paneles en la cubierta. Estas estrategias bioclimáticas son pasivas, lo que significa que requieren un consumo reducido de energía para funcionar y contribuyen a una construcción sostenible y autosuficiente.

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Desde la terraza se puede contemplar el paisaje distante y habitar las zonas verdes del predio, todo a la sombra de una pérgola que filtra la luz solar.

La cocina es el centro del área social. En torno a ella ubicaron el salón y el comedor, uno a cada lado. Este espacio se relaciona con los otros dos ambientes mediante una barra perimetral y, a la vez, se define como un lugar abierto bajo una serie de vigas de madera que controlan su altura, que alcanza los 6,50 metros hasta el caballete. La campana de extracción está oculta dentro de un bloque vertical, también de madera, como si fuera una escultura flotante.

Enfrentada a la cocina aparece una terraza exterior, parcialmente protegida por una pérgola, en la que –al igual que en el interior– un bar actúa como articulador de las zonas libres amuebladas. La relación con la vegetación cercana y con las montañas a la distancia anima este lugar de encuentro bajo la sombra de su cubierta semitransparente. El adentro y el afuera se funden gracias a una espacialidad que se asemeja a la de las naves agrícolas de plantas libres con una altura importante, pero aquí la madera,  el ladrillo y las estructuras metálicas dotan al proyecto de un carácter doméstico y suburbano.

Esta ducha, más que diseñarse simplemente como un lugar para el aseo, se concibe como un mirador y un espacio para la relajación.

Las habitaciones están agrupadas en galería de tal forma que todas puedan disfrutar de la vista al paisaje. En dos niveles se disponen seis alcobas, cada una con baño y vestier privados. La escalera que conecta estas dos plantas destaca en la expresión formal de la casa al quedar contenida dentro del volumen de mayor altura, con persianas en fachada. Una terraza remata la zona privada del proyecto y hace las veces de cubierta habitable, desde la cual se puede apreciar nuevamente el panorama.

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“Un juego de volúmenes con cubiertas planas a diferentes alturas se articula con un segundo cuerpo con techo a dos aguas para generar una volumetría diversa.”

Esta finca reúne las ventajas de estar en la ciudad con los beneficios de una vida campestre. Propone la unión de dos arquitecturas: una que hereda las tradiciones de las haciendas vernáculas y edificaciones industriales, y otra que recoge las lógicas y la eficiencia de la construcción en entornos urbanos. Esta dicotomía queda explícita en su expresión y nutre sus espacios.


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