Este apartamento en el norte de Bogotá tiene uno de los mejores interiorismos del país

Por Camilo Garavito
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Abril
27 - 2021
Crédito de la foto: Andrés Valbuena - producción: Hechizoo
La vida en este apartamento transcurre en un mundo poblado por objetos, fibras, tejidos, vegetación, luz natural y carácter. Su creador es el arquitecto y diseñador textil Jorge Lizarazo.

“Lo más lindo de este apartamento es que fue diseñado hace más de 18 años, prácticamente igual a como está ahora, y sigue vigente. Se cambiaron la cocina, el mobiliario y los textiles, pero poco más”, recuerda Jorge Lizarazo, arquitecto colombiano fundador de Hechizoo –taller de artesanos a través del cual explora las infinitas posibilidades de las fibras naturales y los metales– sobre los conceptos detrás de los 140 metros cuadrados en los que se extiende esta vivienda en el norte de Bogotá.


La planta libre, con su ausencia de puertas y particiones, permite que la luz natural fluya por el apartamento

El inmueble queda en un tercer piso, con visuales limitadas por la posición de los vecinos. Por esto, el jardín exterior contiene una densa vegetación, cuyos intensos verdes rodean el espacio. “Fue necesario crear nuestra propia vista –comenta–. A veces nos acostamos sobre la banca de la sala con los perros a ver el jardín. Admiramos el paisaje frío de la mañana y nos llena de energía”. Alguna vez experimentó con la disposición del mobiliario e intercambió sala y comedor. “Regresé hace un par de años al apartamento e intenté readaptarme a los espacios. Sin embargo, me di cuenta de que los arquitectos tenemos a veces caprichos que no siempre funcionan, y la sala volvió a ser la sala y el comedor el comedor”.


La cocina se integra totalmente al espacio. Con sus superficies homogéneas y limpias contrasta y complementa los demás recintos.

La mesa de comedor, diseñada por el arquitecto estadounidense George Nakashima, levita junto a la ventana y aprovecha el paisaje circundante. Sobre ella flota un delicado candelabro fabricado a partir de elementos individuales de bronce, que penden de un hilo. “No me gustan mucho las lámparas sobre el comedor. Suelen ser pesadas e intrusivas. No obstante, concebimos esta propuesta y creo que funciona”.

En el área del salón-comedor aparece una serie de mesas de colección. Diseños de Isamu Noguchi y de Poli Mallarino para Deimos Arte se mezclan con otra pieza de líneas completamente escandinavas y con un tronco de madera maciza que divide e integra a la vez ambos ambientes, elaborado por el chef colombiano Pedro Fernández. Todos ellos envueltos por el verde de la vegetación y de las fibras, por los brillos y los colores de los textiles de Hechizoo. La cocina se integra por completo a este espacio, que con sus superficies homogéneas y limpias contrasta y complementa los demás recintos. “Las cocinas a veces pueden ser muy rígidas e impersonales”. Por esto aparecen también allí elementos decorativos, obras de arte, piezas de mobiliario heredadas que traen recuerdos de su madre y otra que compró en Francia y utilizó en su primera exposición, llena de memorias, todo para personalizar y dar carácter al lugar.

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Aquí conviven obras de Miler Lagos, Clemencia Echeverri, Luz Lizarazo, Gabriel de la Mora, Matías Duville, Daisy Xavier y Claudia Melli, entre otros. Artistas latinoamericanos con quienes hay una completa afinidad, sumados a una pieza de Fang Lijun, artista chino que discretamente los acompaña. “Para mí es muy importante que el arte esté presente en el espacio en que vivo”.

El mobiliario de características vegetales que envuelve esta estancia recuerda las creaciones de la arquitecta francesa Charlotte Perriand, después de su paso por Japón.

Lizarazo tiene una obsesión por el arte y la luz natural. Esta última penetra por las ventanas que dan al patio y se refleja de mil  maneras a través de los brillos de los metales en los tejidos y acabados de los muros. Cuando se van los rayos del sol el lugar cambia y cobran vida las lámparas art decó de cristal de leche, los diseños de Christophe Côme, Jieldé y Eileen Gray. “Es importante coleccionar lo que a uno le gusta”.

La zona privada, que integra la habitación principal con el cuarto de televisión, busca la fluidez y generosidad en el espacio y permite el paso de la luz. “Al tener una planta libre ganas área, pero pierdes privacidad”. Por esto aparece una delicada cortina entre ambos, una división simbólica que da un poco de recogimiento al interior. La carpintería, concebida por Hechizoo  y elaborada por Henny Díaz, evoca líneas de diseño de los años sesenta y combina tonos y texturas vegetales. La madera y sus colores, que envuelven la habitación y se integran con la naturaleza que los rodea, rememoran las creaciones de la arquitecta francesa Charlotte Perriand después de su paso por Japón.

Aparecen también hamacas tejidas a partir de atarrayas por artesanos que en su anterior vida fueron pescadores –fabricadas en el taller en Honda de Hechizoo–; mesas elaboradas en el estudio del diseñador José del Portillo en Bogotá, y piezas de carpintería hechas por la firma Vavel en Medellín. Todas ellas llegaron mientras Lizarazo buscaba “artesanos y oficios en el país que puedan acompañar la vida de manera útil”.

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El mobiliario de la terraza responde a esa intención y exhibe las sillas de CarmWorks Studio, que abrazan un fire pit de Kettal. Lo que envuelve este jardín es un mundo entero, lleno de objetos, fibras, luz y carácter. Un espacio para vivir bañado por el sol, rodeado de vegetación, que exalta y disfruta la presencia permanente de la belleza, las memorias, el arte y el diseño.

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