Este sorprendente hotel entre las rocas es el destino latinoamericano más deseado del momento

Este proyecto, ubicado en México, descompone su arquitectura para fundirla con el paisaje. Es una sucesión de construcciones resguardadas del exterior y vinculadas con el cielo, donde el concreto desnudo se mimetiza con las piedras del terreno. 0

En un lote de 2.636 metros cuadrados, en Tepoztlán, México, las oficinas Taller Carlos Marín y Pasquinel Studio diseñaron un hotel instalado en medio de un paisaje rocoso y una vegetación exuberante. El proyecto, de cuatro volúmenes independientes, vinculados unos con otros a través de zonas a cielo abierto, se disemina sobre el terreno.

Esto permite una arquitectura en la que los vacíos entre los edificios cobran la importancia de lo que se construye. En este lugar, estar afuera y ocupar los interiores son condiciones intermitentes y complementarias.

 

Un primer cuerpo –que delimita el acceso a la parcela y recibe a los huéspedes– conforma un umbral que se entrelaza con los árboles existentes y deja ver las construcciones y jardines del complejo por medio de sus rejas. Al entrar, un patio de roca volcánica hace las veces de antesala a la estructura que contiene las habitaciones, mientras un pequeño edificio lineal de baja altura, destinado a la zona administrativa del hotel, lleva hacia uno de los bordes. La retícula de hormigón que define la fachada del volumen principal deja aparecer una secuencia de vanos rectangulares.

Algunos de ellos se cierran con persianas de madera para proteger del sol los alojamientos, mientras los correspondientes a las terrazas superiores quedan abiertos con el fin de reducir así la masa y el peso visual del edificio. En el primer piso, un salón de yoga y el restaurante funcionan como espacios para el encuentro.

 

Luego de atravesar un segundo jardín descubierto, con una zona en grama y vegetación arbustiva de talla baja, una última construcción alberga la cocina del hotel junto con un bar que se abre a la piscina y un estanque de lirios. Aquí ubican además el cuarto de masajes y un temazcal, que es un baño de vapor empleado en la medicina ancestral mexicana. El sótano de esta área se destina a los cuartos técnicos y cisternas para el tratamiento de aguas recolectadas en las cubiertas del proyecto.

El Hotel Tepoztlán disgrega su arquitectura para fundirla en el paisaje. El proyecto es una sucesión de construcciones resguardadas del exterior y de jardines vinculados con el cielo. El concreto de su estructura se desnuda y mimetiza con las piedras del lugar, en una procesión que lo atraviesa para terminar en el agua. ■

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