La sorprendente transformación de una bodega en Alemania en un museo y centro cultural

Por Rodrigo Toledo
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Octubre
15 - 2021
Crédito de la foto: SIMON MENGES, CORTESÍA HERZOG & DE MEURON
La ampliación del Museo Küppersmühle, en Alemania, abre sus puertas después de ocho años de labores. Esta obra de Herzog & de Meuron genera un vínculo entre la arquitectura industrial del siglo XIX y los espacios culturales contemporáneos.

Jacques Herzog y Pierre de Meuron son dos arquitectos suizos cuyo trabajo ha influenciado el panorama de la arquitectura contemporánea de manera significativa. Su célebre estudio Herzog & de Meuron, con sede principal en Basilea, Suiza, y oficinas en Londres, Inglaterra; Nueva York, Estados Unidos; Berlín, Alemania; Copenhague, Dinamarca, y Hong Kong, ha producido importantes obras desde 1978. Entre ellas destacan el Estadio Nacional en Pekín para los Juegos Olímpicos de 2008 en China, conocido popularmente como “El nido de pájaro”; también el edificio para la Filarmónica de Hamburgo y las bodegas Dominus en el valle de Napa, Estados Unidos.

Su ejercicio se ha caracterizado por una búsqueda constante sobre la materialidad en la arquitectura y por entender el espacio arquitectónico como una condición geográfica. En 1999, Herzog & de Meuron intervinieron una infraestructura industrial en la ciudad de Duisburgo, norte de Alemania, para convertirla en el Museo Küppersmühle. La construcción del edificio original data de 1860 y durante el siglo XX sufrió una serie de ampliaciones hasta cerrar operaciones en 1972. El uso cultural que se le dio a finales de los años noventa contribuyó a la transformación urbana del puerto donde alguna vez funcionó este molino para grano. En 2008, los arquitectos suizos fueron invitados nuevamente para una segunda etapa que implicaba una adición, pero fue suspendida debido a problemas financieros.

Sin embargo, en 2013 retomaron el proyecto. La propuesta arquitectónica, recientemente inaugurada, consistió en levantar un edificio adosado a la estructura existente, con el ladrillo como material de fachada para preservar el sentido de continuidad. Su diseño conserva también la altura de la fábrica. Pareciera que la parte nueva siempre estuvo ahí. Con cinco niveles, la ampliación alberga ambientes para exhibición y zonas para el manejo de las piezas de arte. El proyecto se articula con el edificio viejo a través de sus silos, donde los arquitectos ubicaron una serie de puentes que permiten la circulación ininterrumpida en todo el complejo. Aquí el carácter industrial del espacio se pone en evidencia.

Esta obra, que propone una continuidad material y espacial entre lo viejo y lo nuevo, vincula las arquitecturas fabriles del siglo XIX y los espacios culturales contemporáneos. ■

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