Una moderna casa construida en medio del paisaje montañoso de las afueras de Medellín

Por FOTOGRAFÍA: MATEO SOTO TEXTO: RODRIGO TOLEDO, ARQUITECTO Y PROFESOR ASISTENTE DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
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Noviembre
3 - 2020

Esta vivienda está en la parte trasera del lote para así crear una zona verde plana y tener un espacio exterior. La casa es el resultado del cúmulo de experiencias de su propietario, un ingeniero que se ha dedicado a la construcción.

En medio del paisaje montañoso de las afueras de Medellín, el ingeniero Sebastián Arias Marín, en cabeza de S.A.M. Ingenieros, diseñó y construyó su propia casa con la colaboración del arquitecto Simón Laverde Botero. Al aprovechar el aprendizaje acumulado tras años de dedicarse a la construcción de viviendas unifamiliares, Arias concibió una residencia diversa, con estancias para el disfrute familiar.

La materialidad de la cocina hace eco de las fachadas de la casa. Las superficies grises de la barra y el cielo de madera configuran un rincón que se articula con el jardín exterior.

Una de las primeras decisiones fue llevar la construcción hacia la parte trasera del lote, con el fin de generar una zona verde plana y tener un lugar exterior vinculado con el clima y el cielo. La casa, en forma de L, gira en torno a este centro descubierto en el que aparecen un jardín, un carril de nado y un deck para recibir el sol y mirar el panorama que ofrece la geografía. Por otro lado, esta disposición permite proteger el espacio abierto de los fuertes vientos.

El proyecto se inserta en la montaña y contrasta sobre el fondo boscoso del entorno.

Las fachadas de concreto a la vista y la geometría ortogonal de sus volúmenes definen la expresión de la casa desde una arquitectura que hereda atributos formales y espaciales de la modernidad de mediados del siglo XX. Esta imagen se superpone sobre el bosque de especies nativas y la vegetación tropical de los jardines, como una escultura pétrea y lisa ante un fondo verde.

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La arquitectura de la casa enmarca el paisaje lejano de las montañas y la ciudad desde el confort del salón.

Los muros exteriores se levantaron en mampostería y fueron revestidos con un vaciado de concreto de pocos centímetros de espesor. Esta técnica aporta a la reducción de los costos y a la disminución del peso que debe soportar la estructura portante, la cual, mediante un sistema de pórticos, con columnas escondidas entre los muros, permite fachadas completamente abiertas en los puntos donde se requiere el acceso de luz natural y una relación visual directa con el paisaje desde el interior. Una serie de persianas, dispuestas verticalmente, protegen la privacidad en los baños y la alcoba principal, y rompen la continuidad de las vidrieras.

La habitación principal establece una relación visual directa con el carril de nado gracias a un balcón privado.

Con 900 metros cuadrados de área construida y dos niveles de altura, el proyecto propone un esquema tradicional de distribución, donde las zonas sociales aparecen en el primer piso y las privadas en el segundo. Por otra parte, la pendiente natural del lote posibilitó la construcción de un semisótano destinado al juego, el ocio y el ejercicio. Finalmente, el acceso está definido a partir de la posición del parqueadero. Este, al estar separado del resto de la casa, invita a caminar bajo una marquesina entre los árboles para llegar a la puerta principal.

La luz natural inunda los espacios interiores gracias a los ventanales de las fachadas, creando también un vínculo entre cada ambiente y el exterior. Una serie de paneles de madera
abren y cierran para unificar la oficina con el estar de televisión.

Una vez adentro, un salón comedor generoso, integrado al jardín central, separa la cocina y el área de servicio de una habitación para huéspedes con baño y vestier privados. Un segundo salón funciona como bar y se vincula con la cocina y con una terraza cubierta, dotada de una parrilla para asados y un horno de leña. El primer nivel está diseñado para el encuentro de los miembros de la familia a partir de la gastronomía y el descanso.

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El segundo piso alberga de manera lineal las habitaciones de los hijos, un estar de televisión y una oficina que, gracias a un juego de puertas pivotantes, se puede integrar o separar. La alcoba principal ocupa el extremo de la planta con el fin de gozar de tres fachadas abiertas y disfrutar de un punto de vista privilegiado. Un vestier de gran tamaño y un baño dan respaldo a este cuarto y a su sala incorporada.

La imagen sólida de la casa se logra mediante las fachadas de concreto y piedra. Al mismo tiempo, las ventanas perforan los volúmenes para mirar el paisaje urbano distante.

Este proyecto recoge las lecciones aprendidas a lo largo de la carrera de quien lo diseñó y construyó, pero al mismo tiempo materializa sus deseos y los de su esposa e hijos en un espacio doméstico adaptado a los hábitos familiares, donde confluyen las personas, la vegetación y el clima.

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