Un cálido apartamento bogotano en el que predominan la madera y la vegetación

Por Camilo Garavito
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Junio
29 - 2021
Crédito de la foto: Iván Ortiz - producción: Ana María Zuluaga
El trabajo de remodelación de este apartamento, en Bogotá, es un proceso constante que se complementa a través de las vivencias de sus propietarios.

Las viviendas se transforman con el paso del tiempo, son pobladas por recuerdos, su vegetación crece y llegan nuevos miembros a la familia, piezas de mobiliario y elementos decorativos. Muchos factores se conjugan para darles plenitud y vida. “Hoy sentimos que adquirió todo su carácter”, afirman los arquitectos Verónica Hoyos y Álvaro Arias, fundadores de Manufactura Studio, sobre este apartamento ubicado en el norte de Bogotá, intervenido por ellos hace cinco años. 

Con 170 metros cuadrados, tiene una agradable calidad espacial que llena su interior de aire y luz a partir de alturas generosas, de 2,75 metros libres en cada piso, y su condición de dúplex. En términos de funcionamiento, la intervención principal que llevaron a cabo sus diseñadores fue girar 180 grados el sentido de la escalera, para optimizar su circulación.

“La sala se sentía apretada y amoblar el segundo piso era muy difícil porque el estar de televisión quedaba muy pequeño”, explica Arias. Parte de su ejercicio arquitectónico, según lo describen, pasa por “identificar ambientes ociosos, que están subutilizados, para luego integrarlos de mejor manera y darles un carácter completamente nuevo”. Esto fue lo que hicieron al girar la escalera central. Una vez resuelto el funcionamiento de la circulación de la vivienda decidieron abrir la cocina e integrarla con las demás áreas. “Es el lugar que más usamos hoy”, dice Verónica. La generosa barra de un metro de ancho recibe múltiples actividades y se convierte en el pivote que separa y une la zona social con el resto del apartamento, es el entorno en el cual transcurre la vida.

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La terraza tenía doble altura, “pero al ser muy delgada y alta perdía su proporción”, recuerdan. Por esta razón añadieron un balcón metálico en el segundo piso, que hizo más amable y acogedora la experiencia de estar en ella y, a la vez, incrementó las posibilidades de alojar plantas y vegetación. Al tener los vecinos relativamente cerca, el poblar estas zonas exteriores con un verde intenso compone un jardín que sirve como filtro de privacidad, además de alegrar los espacios interiores con su presencia. “Diseñar para nosotros nos permitió tomar algunos riesgos, que tal vez no habríamos contemplado si se tratara de un proyecto para alguien más”, expresa Arias.

Aparece así, por ejemplo, el tejido en el cielorraso de la zona social: una sucesión de cilindros de cartón de cinco centímetros de alto, rezagos de una colección de rollos que contenían el papel para el plotter, la impresora de gran formato esencial en el quehacer del arquitecto. Su presencia esconde de la vista los parlantes, el proyector y la pantalla, que se descuelgan cuando son requeridos y cambian por completo la manera de vivir este lugar.  La sorprendente textura que da la repetición de estos elementos se integra con el lenguaje del apartamento, pues forma parte de una clara intención arquitectónica que expresan de manera contundente: “Intentamos siempre huir del blanco”.


Al utilizar la madera en sus tonos naturales procurando mantener una gama homogénea, generan una atmósfera cálida y tranquila en los espacios.

El primer piso contiene los espacios de carácter social y el segundo la zona familiar. En ambos se puede identificar claramente su intención de diseño. En todas las áreas aparecen superficies de madera a modo de paneles alistonados o celosías, como la que envuelve sutilmente la escalera para dar una mayor sensación de seguridad a la planteada al principio. “Antes éramos dos y no necesitaba una baranda, pero en nuestra nueva condición de papás debimos implementar una solución más segura”.

Las tomas eléctricas y luminarias, que se integran en el diseño de los muebles, ofrecen una imagen limpia, agradable y organizada.

Surgió así la sucesión de listones de pino que la envuelve para generar un ambiente más protegido sin impedir el paso de la luz. En esa misma línea de diseño pintaron las paredes en tonos grises o color hueso, e incluso llegaron, en algunos puntos como en la cocina, a utilizar sin ningún miedo el negro, que “se pierde y agranda el espacio porque no permite saber en dónde está el fondo”.

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Este huir del blanco compone una paleta de materiales neutra, “casi en la corriente de la arquitectura minimalista japonesa”. En este hogar la madera exhibe sus colores naturales, en procura siempre de mantener un mismo tono; las plantas y vegetación complementan tanto el exterior como el interior, y el juego de grises aparece en la zona social, baños y habitaciones para generar un ambiente cálido, con un aire a la vez sencillo e interesante.

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