Un refugio inmerso en el verde intenso de las montañas de la Sabana de Bogotá

Por Camilo Garavito
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Febrero
24 - 2021
Crédito de la foto: Fotografía: Iván Ortiz - producción: Ana María Zuluaga.
Ambientes amplios y continuos difuminan la división entre interior y exterior. Aquí, una materialidad sobria compone un hogar cálido y confortable en medio de la naturaleza.

A tan solo 40 kilómetros de distancia de Bogotá, inmerso en el verde intenso de la naturaleza de la sabana y sus montañas, se encuentra este refugio campestre diseñado por el arquitecto GabrielLian. Forma parte de un conjunto de fincas ubicado en Subachoque, Cundinamarca, que a través de una arquitectura uniforme y una materialidad respetuosa y sencilla, se implanta tranquila y apaciblemente en su entorno natural. 


Diseño

La casa ofrece 150 metros cuadrados de ambientes interiores, en los que alberga tres habitaciones con baño privado y una zona social continua y abierta, compuesta por el estar de televisión, el salón, el comedor y la cocina. Este espacio para compartir se complementa e integra con una terraza exterior cubierta, cuyos 50 metros cuadrados contienen un BBQ, un comedor de ocho puestos y una sala distribuida alrededor de una mesa central que incorpora la chimenea.

La casa exhibe una volumetría clara y sencilla, y una racionalidad constructiva recalcada con su estructura a la vista y por el aparejo del ladrillo de gran formato.

De esta manera, interior y exterior se funden y giran en torno a la chimenea central, lo que genera una sensación de amplitud, comodidad y permanente contacto con la naturaleza circundante. La cubierta del cuerpo principal, que se inclina a dos aguas en una reminiscencia de la idea clásica del hogar, aumenta la cantidad de aire y luz que penetra al interior. Las tejas tipo shingle, negras, que revisten el techo y los grandes ventanales que plantea el diseño, capturan el calor del sol durante el día con el fin de guardarlo y hacer el espacio más confortable en la noche.

La vivienda, elevada un metro del suelo, evita humedades provenientes de la tierra y a la vez permite revisar y ajustar sus instalaciones fácilmente. Esta estrategia da como resultado una cámara de aire que previene la transmisión del frío y –en conjunto con el aislamiento embebido en los muros dobles y en la cubierta– guarda el calor al interior. 

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La combinación de materiales –metal, madera y ladrillo oscuro– genera una sensación de recogimiento al interior.

Estructura

La estructura se hace evidente, planteada a partir de elementos metálicos negros cuya modulación, esbeltez y linealidad le dan una disposición racional al diseño. Los muros son de ladrillo de gran formato color cocoa. Su tono, oscuro y variado, complementa el negro de la estructura, mientras que su geometría alargada y su aparejo en estilo petaca enfatizan aún más el ritmo, el orden y la racionalidad constructiva, que le otorgan una imagen contemporánea y contundente a la obra.

“Buscamos que los tonos oscuros y naturales del ladrillo y el metal se inserten de manera respetuosa en el entorno, como respuesta a los colores de la tierra del lugar y a los intensos verdes de la naturaleza”, comenta el arquitecto. Esta misma materialidad, expresada en los espacios interiores, crea una atmósfera muy tranquila. 

La madera del piso se pliega para formar el espaldar de la cama y las mesas de noche.

A partir del uso de una paleta limitada y controlada, con base en colores tierra, grises, cafés y negros, los interiores resaltan la continua presencia de la madera en pisos, techos y mobiliario. Así, este material, convertido en el protagonista del espacio, transmite lo cálido de sus texturas y tonos naturales. Alistonada en pisos y techos, como revestimiento de algunos muros en los baños y exhibiendo sus cualidades en clósets y cocina, la madera da calidez a todos los ambientes.

Mobiliario

El mobiliario responde también a este lenguaje y a la intención de generar la sensación de un refugio. La superficie del comedor, construida de granito negro –igual que el mesón de la cocina–, es sobria y elegante. Comedor, sillas, sillones y sofá exhiben sus bases de madera, combinadas con cuero y telas de fibras naturales cargadas de textura, que complementan, a su vez, las rugosas formas del tapete y el metal martillado de la mesa de centro. 

En las habitaciones se percibe el mismo lenguaje acogedor de la zona social. La madera del piso se pliega para convertirse en el espaldar de la cama y sus vetas, igualmente, se expresan en las mesas de noche para darle uniformidad al espacio. 

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Su presencia se extiende hasta los baños, donde envuelve la experiencia del habitante con su textura y color. La terraza, adición inmediata del área social, también goza de su calidez, desplegada en forma de deck en el piso, de listones en la pérgola que filtra la luz y como protagonista de diversas maneras en el diseño de su mobiliario.

El diseño de Gabriel Lian difumina los límites entre lo construido y lo natural a partir de la generación de espacios amplios y continuos, llenos de luz, que se integran con el entorno. Se vale de una materialidad sobria y tranquila, y de la madera, para crear un ambiente confortable: un refugio inmerso en el verde de la sabana.

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