Una casa familiar en medio de la extraordinaria vegetación de las afueras de Medellín

Por Rodrigo Toledo, arquitecto y profesor asistente de la Universidad Pontificia Bolivariana
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Abril
14 - 2021
Crédito de la foto: FOTOGRAFÍA: CARLOS VÉLEZ, CORTESÍA ERA ARQUITECTURA
La firma responsable de esta casa tuvo que adaptarse a una construcción que ya se había iniciado y darle un giro de 180 grados para lograr el deseo de su propietario: una arquitectura que sirviera como telón de fondo para el arte.

Cuando un arquitecto diseña una casa, en realidad configura el espacio doméstico en función de las formas de vida particulares de sus habitantes. Una vivienda no es más que los hábitos de una familia, moldeados en la arquitectura. Por esto, el proceso de creación requiere cercanía entre el profesional y sus clientes. Es indispensable conocer no solo las necesidades –número de habitaciones o requerimientos funcionales– sino también las costumbres, rutinas y deseos de quienes van a vivir el proyecto. Consiste en una labor de acompañamiento desde el principio, aunque a veces esto no es posible.

En ocasiones los arquitectos son vinculados durante el proceso, lo que implica que deben adaptarse a lo que existe, a lo que está parcialmente hecho. Esto representa un reto significativo, pues requiere responder a condiciones previamente establecidas, que incluyen desde lo que ya se ha diseñado, hasta el presupuesto y las posibilidades técnicas predefinidas. Es el caso de esta residencia en las afueras de Medellín, diseñada por el arquitecto paisa Eduardo Múnera, en cabeza del estudio ERA Arquitectura.

En la cocina, un tragaluz vincula el interior con el exterior al introducir la luz del sol y abrirse al cielo.

Encargada inicialmente a otro profesional, la casa había sido concebida como una finca ganadera; sin embargo, para responder a las cualidades del contexto y del clima, se requería un cambio importante en la imagen de la construcción y su relación con el paisaje. Múnera se incorporó durante la ejecución de los cimientos, lo que supeditó su intervención a conservar la distribución original, así como la geometría de su sistema estructural.

Su trabajo consistió en reinterpretar lo existente para construir una vivienda por completo diferente a la diseñada. Una primera estrategia fue cambiar la especificación de materiales. En la visión de Múnera, el concreto y la mampostería a la vista dominan la expresión de la casa, mientras la madera y la piedra aparecen de manera fragmentada en las fachadas. Los techos se confinan con vigas de acero y remates superiores que permiten ocultar la teja de barro, con el fin de perfilar los volúmenes mediante líneas rectas. Por otro lado, el uso de tonos fríos, en contraste con la piedra y la madera, contribuye a que la vivienda tenga una presencia mesurada en medio de la vegetación circundante.

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Quizá la modificación más relevante surge de la pasión del cliente por el arte. La nueva versión de la casa debía cumplir con dos condiciones: servir de “telón de fondo” para su colección privada, y ser en sí misma una obra plástica atractiva. Esto último conduce a que ciertos aspectos de la forma del proyecto adquieran un carácter escultórico, como los muros de bloques de piedra dispuestos de manera secuencial, que acompañan el acceso y crean, junto con el verde de los jardines, un primer plano de colores ocres y rugosidades irregulares. 

Los bordes de la casa tienen marquesinas de madera que reducen la escala del espacio y crean un umbral entre los jardines y la zona social.

El espacio es compartido con las piezas de arte, tanto afuera como adentro. El interior es definido mediante una espacialidad donde los cambios de material y la diversidad de alturas producen ambientes diferenciados. En las zonas sociales y terrazas cubiertas los techos de tablilla aportan calidez, mientras que la cocina tiene un cielo inclinado que remata en un tragaluz.


Las obras de arte habitan el espacio. La casa es morada y al mismo tiempo galería.

Reimaginar la casa desde la obra existente produjo una arquitectura austera, de colores fríos y volúmenes claros.

La organización de cada ambiente está resuelta de manera sencilla. En el centro, un salón comedor recibe a quienes entran desde el prado exterior. Hacia un lado disponen la cocina y la zona de servicios con una habitación a la que se accede por la terraza exterior. En el costado opuesto de la construcción ubican cuatro alcobas y un salón de estar. Una serie de terrazas pequeñas se adosa a tres de los cuartos para permitirles una salida directa a las áreas verdes. 


Materiales como la madera y la piedra aparecen de forma fragmentada en las fachadas de esta casa.

Este proyecto de ERA Arquitectura reconoce el impacto que tiene el diseño del espacio en la vida de las personas. Los arquitectos se adaptaron a una construcción previa y en proceso, para transformarla según los hábitos de sus dueños. Más que un ejercicio de maquillaje, se trata de una operación de rescate, en la que se reutiliza lo que ya existe para proponer una arquitectura que responde al lugar donde se erige y se dispone para quienes la usan.

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