Arte y letras

Los libros y las obras sobre los muros marcan el camino que se debe seguir en este apartamento, donde el principal objetivo es disfrutarlos sin restricciones.

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Al entrar en este apartamento, el ojo desprevenido del visitante ve en el corredor que conduce a la zona social unas piedras alineadas, como si marcaran el trayecto. “Es una obra de Juliana Góngora, una artista (bogotana) con la que trabajé. La ubiqué allí porque tiene que ver con el transcurso de un río, con el andar, y me parece que un corredor es eso, una transición de un espacio a otro”, explica la propietaria, curadora e historiadora del arte. Pero siendo más puntuales, el proceso de creación de Ser piedra en la saliente consiste en elegir en un río piedra por piedra para luego hacer su doble exacto en sebo. Luego de transitar ese corredor en medio de diversas obras de arte se llega a la sala, el ambiente protagonista y fiel reflejo de una persona amante de los libros. Siempre ha estado rodeada de ellos, pues su mamá estudió literatura. “Aparte de que visualmente dan un colorido muy atractivo, los estoy consultando constantemente por mi profesión. Son parte de la casa”. Aquí están a la mano. 

En esta sala, un sofá chester de cuero se enfrenta a otro de tela verde para entablar un diálogo donde materiales y colores contrastan. La naturaleza está siempre presente, ya sea en los balcones o ventanales de piso a techo, o en las obras de arte que cuelgan de los muros. La optimización del espacio es vital para tener de manera ordenada y cercana una de las pasiones de la propietaria: los libros. Muchos están ubicados debajo de la mesa de centro de vidrio o del puf capitoneado, sin contar los nichos creados en la chimenea para este fin o la biblioteca, cercana al escritorio, el cual abraza toda la vista sobre la copa de los árboles, “alguien con vértigo quizá no podría trabajar ahí”

El arte es otro punto fundamental en esta casa. Con cada obra tiene una relación especial, muchas le han sido regaladas por artistas y personas cercanas, otras han sido compradas o heredadas. “Al lado de la biblioteca tengo una obra del fotógrafo (bogotano) Víctor Robledo, sobre el que hice mi tesis para la maestría. En la sala hay un cuadro grande del informalista español Frederic Amat, que era de mi mamá”.

Los tapetes, todos producidos en Armenia –el país asiático–, no están solo para delimitar un espacio, sino que llevan a la propietaria a los momentos de su niñez en la casa de sus padres. “Crecí rodeada de ellos, además, Bogotá es una ciudad muy fría. Me encanta el piso de madera, pero más el calor y la calidez que generan”. Estos elementos dan un toque étnico en todos los ambientes.

A su vez, las paredes son blancas para servir de fondo neutro a las verdaderas protagonistas: las obras. El color es solo empleado en el baño auxiliar, pintado de un rojo que impacta y que hace percibir este lugar de una manera distinta al resto de los ambientes. En conclusión, más que una propuesta decorativa específica, guiada por una corriente, este apartamento se presenta como un santuario para la literatura y el arte, donde el principal objetivo es poder disfrutar de los dos sin limitaciones.

//revistaaxxis.com.co

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