Bienal de Venecia, La batalla de la arquitectura contemporánea

“Informando desde el frente”. Esta ofensiva propuesta por el curador del evento, el arquitecto chileno Alejandro Aravena, tendrá una amplia cantidad de facciones: desde la segregación social y desigualdad hasta la migración y el manejo de recursos y de residuos

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La Bienal de Venecia, establecida en 1895, es hoy por hoy uno de los eventos culturales más prestigiosos del mundo, allí se conjugan, promueven y documentan las tendencias más importantes y vanguardistas en el mundo de la arquitectura, el arte, el teatro, la danza, el cine y la música contemporáneas. Su capítulo de arquitectura inició en 1968, aunque solo en 1980 se creó formalmente dentro de la organización. Desde su nacimiento, y cada vez más, se ha convertido en el encuentro de referencia de este oficio a nivel mundial, alrededor del cual giran y se trazan las líneas y tendencias que se han de seguir en términos de diseño y arquitectura.

La curaduría de la decimoquinta Biennale ha sido encargada al arquitecto estrella del momento: Alejandro Aravena. El joven chileno, que es el más reciente ganador del Premio Pritzker, se ha destacado por desarrollar una arquitectura enfocada hacia proyectos de interés público y de gran impacto social. Su proceso de diseño participativo, en el cual involucra a las comunidades existentes en la concepción, diseño y desarrollo de los edificios, deja ver una importante conciencia acerca de la relevancia que posee el entorno económico, físico, ambiental y social en la definición de la arquitectura; además, el impacto que tiene el producto de esta profesión sobre ese mismo entorno en el cual se posa.

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Esta visión multidisciplinar de la arquitectura, esta conciencia acerca del enfoque heterogéneo que debe tener la profesión a la hora de afrontar y ofrecer soluciones a los diversos retos que plantea nuestro mundo contemporáneo, es lo que da vida y nombre a la muestra de 2016: “Informando desde el frente”. La batalla es, como dice Aravena, “entender la arquitectura desde su capacidad para dar forma a los lugares donde vive la gente”. Haciendo especial énfasis en estos tres simples, pero amplios conceptos: forma, vida y gente, el chileno consolida una mirada extensa al mundo de la arquitectura contemporánea, ilustrada espléndidamente a través de la imagen del evento: la arqueóloga y matemática germano-peruana Maria Reiche estudiando las líneas de Nazca, subida sobre una escalera, en busca de una perspectiva más amplia para entender el entorno que la rodea.

Es una batalla abierta en una gran cantidad de frentes, por lo cual la bienal de este año informa acerca de proyectos arquitectónicos que tratan temas tan variados como la segregación social, desigualdad, acceso a servicios públicos, periferias, respuesta a desastres naturales, escasez de vivienda, migraciones, informalidad, crimen, tráfico, manejo de recursos y de residuos, polución, participación de comunidades, etc.

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La instalación principal, ubicada en el área de La Corderie y diseñada por el mismo Aravena, reutiliza 14 kilómetros de perfiles metálicos de la edición pasada de la Biennale, llamando la atención sobre el uso, reutilización y reciclaje de los materiales. En esta misma línea, el pabellón de Turquía contiene un barco construido íntegramente con residuos y el de Chile exhibe arquitectura rural hecha con recursos sobrantes de procesos agrícolas. Por otro lado, el de Polonia, Fair Building, se ocupa de las condiciones de trabajo de los obreros de la construcción, mientras que los de Alemania y Finlandia exhibirán diseños e innovaciones relacionados con los campos de refugiados y viviendas para asilados, explorando arquitecturas para acomodar a más de un millón de inmigrantes llegados desde 2015.

Simultáneamente, el pabellón de Suiza alberga una instalación desarrollada por el suizo Christian Kerez y ETH Zúrich, una caverna con forma de nube elaborada en fibrocemento que busca poner de manifiesto las contradicciones en la manera de construir y de vivir la arquitectura, haciendo una alegoría a lo natural a partir de un elemento creado por completo en el mundo digital. Los pabellones de España, Bélgica y Estados Unidos girarán en torno al impacto de la crisis económica y la escasez en sus ciudades, edificios y procesos constructivos, mientras que el israelí se enfocará en la conexión entre arquitectura y biología creando una estructura inspirada en un nido de ave.

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Esos son solo algunos ejemplos de toda esta amalgama de enfoques, instalaciones y proyectos en exhibición que garantizan una bienal diversa y vibrante, fuertemente marcada por la presencia de la arquitectura latinoamericana. Aparte de resaltar la nacionalidad chilena de Aravena, su curador, también es importante mencionar que el León de Oro, premio que otorga la organización como reconocimiento a la obra de toda una vida, se lo llevó el arquitecto brasilero Paulo Mendes da Rocha, quien con sus edificios materialmente honestos ha construido una huella imborrable en el mundo de la arquitectura latinoamericana y mundial.

Colombia, por su parte, esta representada, entre otros, por el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, que hace parte del jurado, y por la exhibición de proyectos de Simón Vélez, Giancarlo Mazzanti y Carlos Arnaiz.

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