Blanco omnipresente

Usado como telón de fondo, este color permite que la propietaria exhiba su extensa colección de de objetos, obras de arte y mobiliario. La iluminación es otro punto fundamental, como lo demuestra el enorme lucernario en el corredor de acceso.

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Al cruzar el umbral de entrada, este penthouse se muestra por completo al visitante, quien en un instante puede comprender sus espacios e intenciones arquitectónicas. Un enorme lucernario en forma de ojo de buey inunda de luz el acceso, flotando desde su doble altura. Su dramática presencia realza la luminosidad, que se termina de potenciar con el extensivo uso del blanco en el cielorraso, en la carpintería de madera y en todos los muros de este nivel. Al fondo de este intenso baño de luz y tras recorrer con la vista los ambientes sociales, el verde profundo de la vegetación de los cerros orientales de Bogotá crea un interesante contraste.

Enfatizar la luminosidad y otorgar fluidez a las áreas fueron los conceptos principales que el arquitecto caleño Heinz von Halle tuvo en mente al plantear la reforma del apartamento existente. Al mantener gran parte de la estructura original, llevó a cabo una intervención controlada que eliminó muros para integrar zonas y generó el vacío y el lucernario sobre el acceso, todo en función de inundar la vivienda de luz y prepararla para la amplia colección que Ingrid von Halle, dueña y su hermana, ha venido adquiriendo con el transcurso del tiempo. “Se adaptaron algunos espacios para recibir ciertos objetos y se buscaron piezas que se acoplaran a lugares puntuales”, comenta el responsable del proyecto refiriéndose a la íntima y simbiótica relación que tienen la arquitectura y la decoración en este desarrollo.

Los omnipresentes muros blancos, resaltados por la superficie continua y homogénea de madera maciza de guayacán que compone el piso, generan un telón de fondo neutro que se llena de contenido a partir de las diversas piezas de arte y decoración que la propietaria y el arquitecto ubicaron en los diferentes espacios. De esta manera, el corredor de acceso nos recibe no solo con su doble altura y lucernario, sino también con la escultura metálica Ratón rojo, del artista Pablo Tamayo, cuyo muro fue necesario reforzar para poder servir de soporte y sostener su peso.

Un poco más allá, flanqueados por dos columnas representativas del barroco peruano del siglo XVII, se encuentran los ambientes sociales. Anteriormente segregados, hoy en día aparecen continuos y fluidos, mientras su juego de alturas variadas ofrece una dinámica especial al lugar. La chimenea de leña original fue reemplazada por una de gas, y su volumen superior se pintó de color chocolate oscuro para hacerlo parecer más pesado que su entorno, esto genera una extraña sensación de contradicción al flotar en medio del ambiente blanco.

Las lámparas del comedor y del salón, diseños de la firma Foscarini y del británico Tom Dixon, son obras en sí mismas, al igual que las sillas Brno, de Mies van der Rohe, que usaron en el comedor. El tapete del salón, de 9 metros de largo por 3,50 metros de ancho, es obra del arquitecto y diseñador textil Jorge Lizarazo, y complementa la poblada colección de arte y mobiliario que lo rodea: pinturas, litografías y esculturas que se han ido adquiriendo en ferias y galerías de arte, en ciudades tan diversas como Londres, Miami, Madrid o Bogotá.

Para la habitación principal abandonaron el blanco y optaron por materia prima y colores un poco más cálidos. Por eso, algunos muros se recubrieron con papel de colgadura de fibra natural, mientras los que albergan la zona de trabajo tienen un tono taupé. El cabecero de la cama lo construyeron a partir de una tela adquirida en África. A su vez, en el baño principal mantuvieron el enchape original de mármol calacatta oro y el granito azulado del mesón. Con el fin de resaltar las texturas y vetas de los materiales naturales incorporaron un deck de madera teca en la zona del jacuzzi y pintaron de blanco el mueble bajo el mesón.

La escalera, que abrieron y renovaron completamente para permitir mayor entrada de luz y percepción de altura, entrega al segundo nivel, donde ampliaron los espacios de disfrute al reducir el área de servicio y el patio de ropas originales, los cuales eran excesivamente grandes. Es así como aparecen el estar de alcobas con su zona de juegos y su privilegiada vista hacia la ciudad, y el pequeño teatrino, cuyas sillas, recuperadas y retapizadas al ser descartadas por un antiguo teatro capitalino, generan el ambiente propicio para una tarde de cine en casa.

Todos los ambientes, desde los más públicos hasta los más privados, se alimentan a partir de objetos, piezas de mobiliario y obras de arte que definen su carácter. “Es como jugar a las muñecas”, comenta su dueña. “Mi casa es dinámica, voy moviendo elementos de un lado a otro permanentemente” y esa fluidez y diversidad espacial, y la gran cantidad de luz que baña este penthouse ofrecen el escenario perfecto para que esto ocurra.

//revistaaxxis.com.co

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