Pocos espacios con una buena amplitud

Los 270 metros cuadrados de un apartamento ubicado en los cerros orientales de Bogotá fueron transformados para crear en un espacio con fluidez, transparencia y multiplicidad. 0

Una pareja con dos hijos, dispuesta a desprenderse de objetos que había acumulado con los años, le dio carta blanca al arquitecto Pablo Vallejo para que considerara el valor y el significado de sus pertenencias y les diera un sentido a través de su ubicación en los nuevos espacios. Lo primero que hizo el arquitecto, formado en la Universidad Javeriana, fue interiorizar las expectativas y los requerimientos de la familia para adecuar el espacio a sus necesidades.

Quiso facilitar el ingreso de la luz natural así que concentró los frentes de iluminación en la zona social, la cocina y las alcobas, apoyándose en el uso de tonos claros del laminado tipo madera del piso y en el blanco de los muros y el cielo raso, donde dejó a la vista la retícula del aligerado de la placa de concreto.

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Buscando la claridad interior se despejaron los frentes disponibles sobre las áreas exteriores, como sucede en la alcoba principal con sus puertas corredizas de vidrio de piso a techo que se abren sobre una terraza privada. Particiones corredizas de vidrio, usadas tanto en la cocina como en los baños, permiten una mayor penetración de la luz, mientras que las zonas de circulación que quedaron más lejos de su alcance se aprovecharon como espacios interiores que se iluminan con cuadros, objetos de arte y muebles antiguos significativos para la familia.

La frase “Pocos espacios con una buena amplitud” ilustra perfectamente el diseño del área social que integra el salón y el comedor de doce puestos, ambientes a los que se integra la cocina con solo correr sus particiones de vidrio. Esta disposición responde al concepto de multiplicidad que permite que los recintos de la casa, concebidos deliberadamente como espacios inespecíficos, se adapten a distintos usos. Así, la cocina, un área normalmente utilitaria cuando está cerrada, al unirse con el comedor se convierte en un punto de actividad social. Y al correr unos paneles deslizantes instalados sobre la chimenea aparece una pantalla de 60 pulgadas que permite ver videos, o que se puede usar como monitor de computador.

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Los muebles se escogieron atendiendo a su funcionalidad, criterio al que se ajusta el estilo moderno del comedor, los sofás y de piezas clásicas como la poltrona Eames con su otomana y las sillas giratorias tapizadas en negro de la alcoba principal. La sencillez de líneas del mobiliario básico contrasta con elementos de época como el armario victoriano que remata un corredor interior o la vitrina con la cristalería en el comedor. El panorama general de sobriedad y amplitud da lugar a combinaciones eclécticas como la que produce la mesa de centro oriental frente al sofá de cuero negro en un recodo de la sala.

Nítida y despejada a la vista, la obra, diseñada por Vallejo y ejecutada por Kaxa, es el resultado de la coordinación de muchos detalles de diseño, como los elementos estructurales de concreto a la vista en la cocina y la zona social o los rieles a ras de piso frente al mesón con superficie de Corian, sobre los cuales corren las particiones de vidrio que independizan o integran la cocina, y también hay lugar para la audacia; así sucede en el baño de una de las habitaciones separado del dormitorio por una superficie de vidrio transparente con lo cual todo queda a la vista. A cambio, se incrementa la iluminación natural interior. Pablo Vallejo no pretende que las soluciones diseñadas para estructurar el espacio de esta familia se conviertan en parámetros estándar, simplemente espera que, como sucedió en esta ocasión, las respuestas a otros proyectos evolucionen a partir de la interiorización de los requerimientos del otro; que la arquitectura resulte de los “procesos que surgen de dentro”.

//revistaaxxis.com.co

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