Esta casa a las afueras de Bogotá está diseñada con materiales de la región

En las afueras de Bogotá, esta casa conjuga dos volúmenes, uno preexistente y otro nuevo, para separar las actividades privadas de las sociales. Uno de sus aciertos radica en el uso de materiales de la región.  0

En esta casa, ubicada en la sabana de Bogotá, todo parece confluir: el tiempo, la naturaleza y el hombre. El tiempo, puesto que está conformada por dos construcciones, una antigua y otra nueva; la naturaleza, porque desde el terreno es posible observar a un lado el valle y al otro las montañas, y el hombre, que la habita en función de sus costumbres y necesidades.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

La arquitectura gira alrededor del paisaje, dado que el entorno –valle de Sopó– está enmarcado por la cordillera y poblado de árboles centenarios nativos. Por esto, su arquitecto e interiorista, David Restrepo –en colaboración con los arquitectos Juan Sebastián Mejía y Andrés Gutiérrez de Piñeros–, aprovecha el potencial del lugar para entablar un diálogo permanente con el hábitat circundante. “Los esfuerzos se concentraron en incorporar la arquitectura a la naturaleza, por lo cual ninguno de los elementos debía ser disruptivo”, afirma Restrepo.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

 

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En la anterior premisa basaron la composición arquitectónica de dos volúmenes independientes. El primero corresponde a la vivienda existente, cuyo estilo colonial transformaron por completo para que armonizara no solo con la estructura adyacente, sino con el contexto. El segundo equivale a la nueva construcción, destinada al área social. “La primera casa se intervino para alojar las habitaciones, mientras la otra se reservó exclusivamente para la zona social”.

El segundo cuerpo, sostenido mediante pórticos metálicos conformados por vigas, permite grandes luces y con ello mayor amplitud. La cubierta, que se eleva 40 centímetros sobre el borde de la fachada principal, está compuesta por una malla con vena y una placa liviana de cemento con manto impermeabilizante. “Sin duda, la riqueza espacial está dada por la cubierta elevada que facilita el ingreso de la luz natural”. Adicionalmente, tanto las vigas y los durmientes, como la malla con vena, se oxidaron con la intención de resaltar los tonos ocres y las texturas rústicas, que aportan calidez al ambiente.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

La cocina abierta –en forma de escuadra– es una prolongación de la sala y el comedor, lo que dinamiza los encuentros familiares. Asimismo, la barra aérea –que sigue las tendencias internacionales– funciona como comedor auxiliar. Gracias a esto las actividades de preparar y servir se desarrollan en un mismo espacio.

El bloque perteneciente al área privada, situado un nivel más bajo que el de la zona social, alberga las habitaciones, a las cuales se accede por un corredor ubicado en el eje de la fachada posterior, cuyos vanos apuntan hacia la profusa vegetación de las montañas. Incluso desde las alcobas es posible admirar la unión entre dos montañas, sobre la cual se extiende un camino rodeado de nogales.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

Por otra parte, los propietarios requerían que la casa tuviera suficiente confort térmico, pues se encuentra a 2.970 metros sobre el nivel del mar. De ahí que hayan instalado paneles térmicos para garantizar que el interior no se enfríe con las bajas de temperaturas.

En cuanto a los acabados, sobresalen el piso de madera de sapán rústico y los paneles de MDF revestidos con una chapilla melamínica color mercato. Estos últimos se dispusieron con la finalidad de aumentar la calidez y, a su vez, ocultar las puertas de acceso al baño social y a una de las habitaciones. En términos generales utilizan los materiales en estado natural y una paleta de colores champaña con acentos ocres y chocolate.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

El interiorismo también estuvo a cargo de David Restrepo y su equipo de trabajo. “Cabe mencionar objetos como la mesa de centro con forma de elipse, las lámparas de fique elaboradas por artesanos de Colombia y el lavamanos de cobre desgastado. Pero, sobre todo, he de referirme a la silla Zig Zag amarilla de Gerrit Rietveld, y a la S-Chair, fabricada en tejido de fibra, de Tom Dixon”. El mobiliario, salvo las piezas clásicas, fue diseñado por la firma del arquitecto y fabricado por Boris Prieto.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

Ciertamente, el entorno natural es el gran protagonista de esta casa, que contó con la construcción de Cano Ospina Ingeniería. No obstante, uno de sus mayores logros consiste en establecer una relación armoniosa entre una materialidad constructiva tradicional y las líneas depuradas contemporáneas.

Fotografía: Andrés Valbuena Producción: Ana María Zuluaga.

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