Esta extraordinaria casa privilegiada por la luz natural tiene la mejor vista de Bogotá y sus alrededores

Para el artista huilense Carlos Salas su casa, su taller y su pintura son tres elementos que no se pueden desligar. El también arquitecto le abrió a la revista AXXIS las puertas de su hogar. 0

Carlos Salas es huilense, artista, padre de tres hijas y, también, arquitecto. Su larga trayectoria en el arte abstracto es ampliamente reconocida, tanto en Colombia como en el exterior. La arquitectura, en cambio, “la he ejercido de manera muy tangencial”, comenta para dar inicio a una amena conversación.

El artista y arquitecto Carlos Salas afirma que su casa “es como un barco enclavado en la montaña”.

Nos centramos en su casa, enclavada en medio de las montañas a las afueras de la capital. “Cuando cumplí 50 años decidí irme de Bogotá”, recuerda. Enamorado de este paisaje, de La Calera y de su naturaleza, dejó lo que había sido el estudio de toda una vida en Chapinero para tomar posesión de este lugar. Su taller de Bogotá no tenía ventanas, accedía a la luz natural de manera neutra y homogénea a través de un lucernario cenital.
Para este nuevo espacio privilegió la vista, “este lote tiene una extraordinaria”. La topografía fue otro elemento fundamental a la hora de definir el diseño, con una diferencia de nivel de alrededor de 50 metros desde la carretera de acceso hasta su punto más alto. Escogió un sitio donde la pendiente no fuera tan abrupta y permitiera posar la casa sobre el terreno, y en el que a la vez capturara la panorámica de la mejor manera. La vivienda “está justo en el medio, y no arriba de las montañas”, con lo cual disfruta del paisaje lejano y a la vez cercano, inmerso en su contexto natural.

La presencia del vidrio y sus reflejos no solo se expresa en la arquitectura de esta casa, también en la obra de su propietario.

La inclinación de la montaña definió los recorridos y permitió diferenciar las alturas en el interior, de acuerdo con su uso. “El taller requería cinco metros de altura, la zona de estudio-biblioteca tiene 3,50, y el área de huéspedes está en torno a los 2,50”. Su distribución fue adaptada a la topografía existente y dio forma a la construcción final.

Las habitaciones, en cambio, se despegaron del terreno, vuelan hacia el vacío y generan terrazas a manera de jardines flotantes que se comunican con el paisaje. Al desplegar estratégicamente sus espacios, la casa adquirió la forma de un volumen abstracto, compacto, posado sobre la tierra, sin dar pistas de la riqueza espacial que ofrece adentro, “es como un barco enclavado en la montaña, recuerda un poco El castillo vagabundo, de Hayao Miyazaki”.

El cielorraso oscuro, pintado artesanalmente con grafito, desaparece de la vista para otorgar todo el protagonismo al paisaje.

Su fachada, oscura y texturizada, construida a partir de listones de fibrocemento pintados con grafito y tintilla, se asemeja a la madera quemada de los japoneses y se mimetiza con la naturaleza circundante, con los bosques, los eucaliptos, los yarumos, los amarrabollos, los magnolios, las montañas, las rocas y la tierra que la rodean. Aparece y desaparece en el paisaje, y no hay forma de verla en su totalidad de un solo golpe. La entrada gira en torno a una chimenea de gas. “Alguna vez, en la casa de un amigo, entré y sentí más frío adentro que afuera.

El mobiliario, al igual que la arquitectura, responde a formas sencillas y a una paleta de materiales restringida, donde el vidrio y el hierro son protagonistas.

En esta, nunca va a ocurrir eso”. Desde este cálido umbral de acceso el espacio desvela ya lo que ocurre en su interior. Grandes ventanales ubicados en los extremos se abren hacia las montañas y capturan el paisaje; sus marcos y su geometría fragmentada enmarcan las visuales y recuerdan la obra del artista. La zona social, diáfana y continua, disfruta del paisaje, de sus constantes mutaciones, del intenso verde perdido entre las nubes, abrazado por la neblina o bañado por el sol. El piso, laminado de madera del tono de la tierra, se funde con los colores del entorno, mientras que el cielorraso oscuro, construido en PVC y pintado con grafito, desaparece por completo para dejarles todo el protagonismo a las montañas. Los días fríos ven encenderse la enorme chimenea central. Inspirada en una imagen de una revista Selecciones de los años cuarenta, está construida de hierro.

“Cogí un platón como una paella, le puse otro encima, un tubo para el buitrón y ya está”. Las barandas, también elaboradas artesanalmente de hierro, con un ritmo constante y una geometría sencilla, recuerdan las casas de Chapinero y su estilo marcado por esa misma época. El concreto lo usaron solo para los cimientos, el resto de la estructura es metálica.

“Sabía que la construcción podría tardar un tiempo y quería ver una estructura bonita”, afirma. Esta estrategia –muy liviana, por cierto– permitió aislar el interior de todos los muros, pisos y cielorrasos con frescasa, para garantizar un ambiente confortable sin necesidad de calefacción.

En este hogar, el vidrio y el metal no solo dieron forma a la estructura principal de la vivienda: son también el alma de su mobiliario. Para construir la base del comedor recuperaron unas escaleras de obra, y rescataron su superficie de vidrio de una demolición. “La casa tiene unos reflejos muy especiales. Se ven los árboles y la montaña sobre la superficie en que uno está comiendo”, exalta el artista. El exterior y el interior se difuminan y se convierten en uno solo.

“El vidrio separa y une. Ha adquirido un papel muy importante, se volvió parte de mi obra”. Junto con el metal, la roca y la arena de La Calera, ha sido partícipe de esta simbiosis entre la obra y la casa del artista.Instalaciones compuestas por fragmentos de vidrio y rocas con formas singulares pueblan ahora tanto la vivienda como sus exposiciones.

Los reflejos de la montaña sobre el comedor son exhibidos en sus pinturas, como se observa en la obra circular de gran formato que preside la zona social. La incidencia fuerte y directa de la luz que ingresa por los grandes ventanales de su nuevo estudio toma el lugar de aquella luz cenital, neutra y tranquila, y se expresa a través de sus pinturas más recientes. Su casa, su taller, su pintura… “no se pueden desligar”. ■

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