Casa camuflada en el bosque antioqueño

Por medio de dos volúmenes que se pliegan al terreno, esta casa busca ser una con el entorno montañoso donde está asentada. Su lenguaje: ladrillo quemado, concreto vaciado, madera y lámina HR.

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El edificio Matorral, ganador en la categoría Hábitat y Vivienda Colectiva de la XXV Bienal Colombiana de Arquitectura y Urbanismo 2016, es un claro ejemplo de la propuesta de ALH Taller, responsable de este proyecto residencial. Esta casa, ubicada a treinta minutos de Medellín, está pensada para una pareja joven, sin hijos, que adquirió un terreno en medio de una montaña, con un bosque y una vista privilegiados. A pesar de tener un espacio generoso, optaron porque los arquitectos bogotanos Santiago Arango y Camilo Arango, de ALH Taller, les diseñaran una vivienda de 280 metros de área construida. Su objetivo consistía en que no se viera fuera de escala frente al paisaje. “Nuestra arquitectura busca que el volumen arquitectónico no rompa con el ambiente. La idea es acoplarnos a los lotes en cuanto a la paleta de colores, materiales y, sobre todo, a la forma. La vegetación es lo más importante de todo”.

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Con esto en mente buscaron que la casa se mimetizara con el bosque que la rodea, casi que pasara desapercibida. Por eso su paleta de materiales se compone de “ladrillo requemado de una ladrillera muy artesanal de Antioquia, concretos vaciados, normalmente no los hacemos lisos, sino que los entablillamos para darle más de textura, mucha madera y lámina HR (Hot Rolled), que es de acero y tiene unos visos muy especiales, propios de cuando se expande”. Para reforzar su propósito, no hicieron un volumen cerrado y cuadrado, decidieron partirlo en dos para aprovechar las generosas visuales en diferentes ángulos y así evitar que la estructura se vea pesada en el lote. De esta forma el cuerpo de la izquierda, recubierto de ladrillo requemado, contiene los espacios sociales y el de la derecha, de concreto, el ámbito privado. A su vez, la cubierta en la zona social se eleva a un agua para enmarcar la interesante visual sobre el paisaje.

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En su interior los papeles podrían considerarse invertidos, especialmente en el volumen social, “por lo general los pisos son de madera y los techos de drywall, pero optamos por cemento esmaltado para el primero y cielorrasos de madera choibá –muy parecida a la teca– para el segundo”. En el sector de alcobas decidieron irse por lo tradicional para crear un ambiente mucho más cálido, además, los espaldares de la cama aportan textura al ser de ladrillo requemado. La terraza de la zona social, con un piso de baldosa hecha a mano, está resguardada por una pérgola de 4,20 metros. Por encima de esta, la cubierta sobresale 1,20 metros. “Este juego de traslapes hace que la casa se perciba mucho más suelta”. El cerramiento de esta zona no es una simple baranda, en su lugar hay bancas a 40 cm de altura, de metal y madera, que invitan a disfrutar del sol y del bosque nativo.

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Una de las características de ALH Taller es el uso de las ventanas de piso a techo para ventilar e inundar con iluminación natural todos los ambientes. En esta propuesta utilizaron una doble piel, compuesta en su parte exterior por unas persianas de listones de madera que se recogen a manera de acordeón, pero que cerradas permiten que la luz y el viento entren sin estar obligados a un contacto directo con el exterior. Esta idea hace que las fachadas de la casa siempre sean cambiantes, dependiendo de cómo las manejen los propietarios. Así, la vivienda se integra completamente con el exuberante paisaje antioqueño, logrando el objetivo de los arquitectos: ser una con el entorno.

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