Casa de campo en el valle de Sopó

Alejados de las nuevas tendencias en construcciones campestres –donde muchas veces replican diseños urbanos–, en esta casa apostaron por materiales en estado natural y por desarrollar sistemas constructivos sostenibles 0

El paisaje natural y un espíritu apacible se conjugan para dar origen a esta casa de campo, donde es posible eludir el caos de la ciudad sin necesidad de renunciar a las labores cotidianas.

Así, en un terreno de 2.200 metros cuadrados, localizado en el valle de Sopó, el arquitecto antioqueño David Restrepo –en colaboración con los arquitectos Juan Sebastián Mejía y Sebastián Díaz– proyectó una obra capaz de evocar los elementos naturales que la rodean: una gran diversidad de especies de vegetación nativa, montañas que enmarcan la sabana de Bogotá, y los lagos. De ahí que una de las intenciones fuera que las vivencias en el interior estuvieran permeadas por los sonidos de los animales y el movimiento de los árboles.

El diseño de la casa –con cerca de 750 metros cuadrados–, tenía la premisa de establecer un diálogo permanente con el exterior, para conseguir una experiencia en la que lo tangible y lo intangible se fundieran en un todo. De esta manera, el arquitecto identificó los elementos más representativos del lugar y los integró al diseño, a la vez que creó un juego entre opuestos: llenos y vacíos, luz y sombra, integración y aislamiento.

Desde el punto de vista arquitectónico, la casa consta de un volumen de doble altura en forma de escuadra, un punto fijo independiente y un área para huéspedes. La estructura, basada en un sistema aporticado con escasos apoyos intermedios, permite que el espacio se perciba más amplio e iluminado; por ejemplo, la zona social, que se extiende a lo largo de la fachada norte, está contenida en medio de un pórtico al cual se adhiere una pérgola que cubre no solo gran parte de esta área, sino un BBQ donde se reúnen con frecuencia familia y amigos.

Así mismo, otro pórtico conforma la franja de servicios (cuartos, depósitos y garajes), ubicada tras la fachada occidental; el acceso principal, los volúmenes de las escaleras y las habitaciones de huéspedes se sitúan sobre la cara oriental. Por último, el área sur se oculta detrás de ambos cuerpos con el fin de apartarse de la calle y garantizar privacidad.

En cuanto a la materialidad, el arquitecto David Restrepo –fundador de la firma David Restrepo & Cía. Arquitectos– señala que la buena arquitectura debe permitirse sensaciones: “La relación de nuestros cuerpos como habitantes de un espacio está íntimamente ligada a la piel del contenedor. Por eso propusimos materiales que inviten a sentir sus texturas”. Con base en lo anterior, el concreto se dispuso en las superficies de las paredes interiores y las chimeneas, y el gres y los pañetes rústicos en las fachadas.

Igualmente, la madera de sapán rústico color tabaco de los pisos, y el hierro de la escalera, las chimeneas y la pérgola hacen más confortables los ambientes. El cobre rojo del lavamanos y la grifería del baño social, y el yiret (bejuco natural de la selva amazónica) de los pasamanos y los manijones de las puertas brindan acabados únicos, mientras que los porcelanatos cerámicos en tonos beigey gris que revisten los pisos y las paredes de las duchas son sobrios, pero a la vez sofisticados.

Esta casa fue concebida a partir de un método constructivo enfocado en el ahorro energético y de agua. Lograron lo anterior mediante la utilización de elementos amigables con el medioambiente, como los sistemas de iluminación led y los paneles térmicos –formados por cristales laminados con cámaras intermedias–. Adicionalmente, dilataron la cimentación del piso mediante la instalación de una capa de thermolon, fibra aislante que impide el paso del frío a través del concreto; en los muros (dobles) incorporaron una capa de isover,que aísla tanto la humedad como el frío, y a las placas de entrepiso y cubierta añadieron poliestireno expandido.

De alguna u otra manera, esta casa transgrede los formatos convencionales de las nuevas construcciones en la sabana de Bogotá y otras regiones del país, las cuales, en vez de revivir el carácter natural del entorno, reproducen arquetipos de la vivienda urbana. Aquí, en cambio, las decisiones de diseño se tomaron en función del espacio. Esto le aporta vida y belleza a cada uno de sus elementos.

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