Acá le mostramos cómo una simple casa de madera puede ser un lugar ideal de descanso

Esta casa alpina en la provincia de Udine, Italia, presenta una piel de madera con diversas orientaciones, que regula la interacción entre su interior de concreto y el impactante exterior. 0

Z House es una residencia alpina pensada para disfrutar los días de descanso en la población de Tarvisio, provincia de Udine, Italia. “El sitio en el que se ubica es un lugar complejo, con una pendiente pronunciada, un acceso cuesta arriba, algunos edificios alrededor y muchos ‘marcos panorámicos’”, explican los arquitectos de la firma italiana Geza, responsable del proyecto.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

El camino de aproximación es, por lo tanto, uno de los puntos clave del proyecto. La llegada es una secuencia precisa e inevitable: la vía sube abruptamente, la casa se muestra desde lejos en medio de otras construcciones, para luego esconderse y reaparecer en una perspectiva escénica desde la parte inferior, “donde puedes percibir todo el tamaño del edificio”.

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Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Sin embargo, para entrar es necesario dar la vuelta por un camino en el que la percepción de la casa se pierde poco a poco, donde el contexto de lo construido se ajusta a la naturaleza. Durante este viaje la vivienda se hace gradualmente más pequeña, la escala se reduce y de un volumen de tres pisos pasamos a uno, solitario y enmarcado por el paisaje.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Asimismo, la elección de la orientación de las vistas determinó el plan de la casa: hacia el occidente está el acceso, con todos los volúmenes de servicio; al oriente, una gran sala de estar mira a la distancia, al punto donde el valle continúa y ofrece brillantes panoramas.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Para el desarrollo de esta vivienda, los arquitectos de la firma Geza –fundada por los italianos Stefano Gri y Piero Zucchi– contaron con una amplia y compleja lista de funciones por parte de los propietarios. Por ello, la estructura se divide en una planta con dos volúmenes yuxtapuestos que, a su vez, tienen diversas secciones con diferentes alturas, todas siguiendo el terreno.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

La gran sala se encuentra al nivel de la entrada y combina los dos volúmenes en un solo espacio fluido, mientras que las otras funciones de la vivienda están separadas: el área del dormitorio principal, en el piso superior, tiene vistas privilegiadas gracias a su doble altura; por su parte, las otras alcobas, el sauna y la zona de bienestar se encuentran en la planta más baja.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Desde el exterior, la casa parece “resbalarse” en el terreno –inclinado y fluido–, y su propuesta no impone terrazas u otras obras agresivas en el paisaje. En el interior, la sala de estar se ha diseñado bajo un impresionante techo de hormigón expuesto que sigue la inclinación de los dos volúmenes a diferentes alturas, y así parece que la montaña ingresara a la estructura.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Los materiales que componen esta casa reflejan ideas simples e impactantes. La construcción es de hormigón, pero solo resulta visible en el interior, de manera que los suelos y los techos de este material quedan suspendidos entre fachadas de vidrio para acentuar la ligereza del proyecto. Como muchas obras alpinas tradicionales, la vivienda se caracteriza por una piel de madera, que aquí pierde las funciones de antaño, relacionadas con la agricultura y la cría, y se convierte en un elemento necesario de control solar y ahorro de energía.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

El tema de la ligereza, guiado por el diseño de la piel externa –hecha de piezas verticales en madera de alerce–, que rodea todo el edificio para regular la relación con la luz y los
panoramas, funciona además como un filtro entre el mundo interior –lo privado– y el exterior –lo público. A lo largo de la fachada las piezas de madera tienen diferentes orientaciones: a veces giran para que el espacio no sea constante, se abren para dejar ver o se cierran para ocultar.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

Condicionan la relación entre interior y exterior, por lo que la luz natural vibra y cambia de manera constante gracias a esta piel. Es un juego sutil con los Alpes que invita siempre a relajarse, descansar y disfrutar de la privilegiada vista.

Fotografía: Gianni Antoniali, cortesía Geza

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