Conozca esta casa increíble construida entre las montañas cerca a Bogotá

Compuesto por tres niveles que se integran con su entorno natural, este proyecto es un ejercicio arquitectónico sensible que lee, de manera acertada, el lugar donde está emplazado y las necesidades de sus habitantes.

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La casa es la construcción arquitectónica más común, la más cercana a la cotidianidad de cualquier persona. A diferencia de un aeropuerto, un museo o un edificio institucional, todos sabemos cómo es una casa, tanto así que muchas de ellas no son diseñadas ni construidas por arquitectos.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

El hábitat íntimo y familiar no es un asunto exclusivo de la arquitectura, sino un tema humano y social. Por ello, el interés de los arquitectos del siglo XX se volcó hacia lo doméstico, que se convirtió en el paradigma de principios espaciales, materiales y técnicos propios de una época.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

Un hogar diseñado por un profesional no solo está llamado a resolver un problema utilitario, no se limita a definir una secuencia de espacios para un uso determinado –comer, dormir, ver televisión, lavar, etc.–; podríamos decir que siempre propone, surge de una idea que desborda su dimensión pragmática y entrega algo que difícilmente se encuentra en un encargo: espíritu.

Esta vivienda, creada por los arquitectos Iván Baquerizo y Johana Sanint, está ubicada en las montañas saliendo de Bogotá, en medio de un lote boscoso sobre una topografía inclinada. La presencia de un árbol centenario y de un arroyo en la parte baja del lugar define un criterio claro para el emplazamiento de la construcción y para las estrategias del diseño.

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Una de las ideas rectoras del proyecto fue su crecimiento en el tiempo. Inicialmente, concibieron la casa como un pabellón para una pareja, luego la ampliaron con el fin de tener espacio para un hijo; finalmente, en una tercera etapa, la consolidaron como una vivienda para cuatro personas. Asimismo, con el objetivo de promover la reunión y el encuentro familiar, los ambientes se concentran y se recogen en lugar de extenderse sobre el terreno, como suele hacerse en este tipo de contextos. Esto, a su vez, refuerza el sentido de refugio, un escape a la vida urbana en torno a un viejo árbol.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

Para entrar a la casa hay que dejar el carro y caminar un poco a través de un sendero que bordea un claro en el bosque. Luego, una escalera a cielo abierto desciende hacia un patio de acceso horadado en la tierra y bordeado por muros de contención en piedra, que circundan a su vez una terraza de mármol mate. Adentro, un espacio a doble altura recibe a los habitantes y visitantes, mientras una escalera de peldaños sueltos conecta los tres niveles de la vivienda y se asoma por un ventanal que mira los árboles. Los acabados austeros en muros y pisos destacan los cielos de madera y los enchapes de piedra. El proyecto recoge los valores materiales de la cabaña como tipología tradicional de la arquitectura que se hace en climas fríos.

Cada uno de los tres pisos establece una relación directa con distintas zonas del bosque. El más bajo se abre al arroyo y contiene un estar de televisión, la habitación de servicio y una sala de juegos para los niños, integrada con una cocineta y un baño, que son apoyo para una alcoba de invitados. El intermedio, por donde se accede a la casa, se vincula visualmente al follaje desde el área social, donde la sala aparece como un subnivel deprimido con una altura controlada de tres metros, separada del hall de acceso por medio de un mueble que sirve de biblioteca.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

La cocina se puede cerrar o abrir hacia el comedor, para separarse o unificarse espacialmente con este y con la terraza exterior. Los cuartos de los niños, que se ubican también en este nivel, se orientan al sol de la tarde y miran sobre el arroyo.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

Finalmente, el tercer nivel alberga la habitación principal y un estudio integrado bajo cubiertas inclinadas. La altura alcanzada en este piso permite tener una vista panorámica por encima de las copas de los árboles, a la vez que un balcón corrido conecta la alcoba con el estudio y el baño. El mobiliario y el diseño interior estuvieron a cargo de Baquerizo Arquitectos con la colaboración de Octubre Arquitectos para algunas de las estancias. El uso de tonos café y madera en cielos produce una atmósfera sosegada que relega el protagonismo al paisaje exterior.

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En este proyecto los diseñadores entienden que hacer una casa es un ejercicio arquitectónico sensible a un lugar y a unos hábitos, que debe atender los valores de su emplazamiento para destacarlos y construir a partir de ellos. Su configuración espacial surge desde el encuentro de quienes lo habitan y propone el disfrute de la vegetación cercana para balancear la vida en la ciudad.

Fotografía y producción: Andrés Valbuena.

 

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