Como un libro abierto

Una arquitectura de trazo moderno y muros blancos abre espacio para una expresión personal a través de la decoración.

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La sobriedad interior que se rige por el rigor del diseño moderno a menudo impacta por su aspecto neutro, que puede parecer impersonal. Sin embargo, estos espacios permiten que objetos, obras de arte y accesorios se expresen con libertad, como sucede en las salas de los museos en las que los ambientes se enriquecen con la carga narrativa de las piezas que exhiben. Los 260 metros cuadrados de este apartamento, ubicado en un edificio en los cerros orientales de Bogotá, disponen las áreas donde la decoradora Sandra Buitrago puso en escena una propuesta ecléctica e imaginativa, donde concurren objetos coleccionados en el transcurso del tiempo, obras de arte y muebles, unos de diseño contemporáneo y otros de carácter tradicional y étnico.

En la sala, donde la calidez de un muro terracota de ladrillo matiza con la serenidad del blanco, dos sofás modernos de cuero rodean una mesa de centro asiática, puesta sobre un tapete kilim, con un colorido que vincula elementos como la rosa metálica de Édgar Negret, y las sillas orientales en tono jade desgastado que revela la pátina de la madera antigua.

En la misma área, el comedor de Becara evoca el ambiente de una casa de campo europea, con una mesa de patas torneadas y asientos tapizados en lino que recuerdan el diseño inglés de finales del siglo XIX, a juego con el aparador en color trigo con acabado washed. El aire de época se afirma con las columnas estriadas y el espejo que refleja el muro de la chimenea. A un costado, un mueble de módulos cuadrados con carpintería de Challenger combina estantes, alacenas para la cristalería, y en la parte inferior, espacio para una cava. Sobre la mesa y el aparador, rosas de cerámica blanca de la serie “El club de las 50”, de la artista bogotana Piedad Tarazona, son dos de las piezas que integran la colección de los propietarios. 

El estar de alcobas combina la claridad del tapizado de lino de los sofás con la textura del muro de ladrillo, de un tono que armoniza con la madera claveteada de la mesa de centro. La decoradora explica que quiso establecer relaciones entre objetos encontrados en el transcurso del tiempo, que dieran testimonio de recuerdos y experiencias, y crearan un ambiente personal para la vida cotidiana. Pensando en el descanso, la gama de colores de la alcoba principal se reduce al blanco, el marrón y la madera, en largos listones de guayacán, que recubre los pisos del apartamento.

Mientras que los ambientes sociales se animan con la variedad de los elementos que los componen, los espacios utilitarios y de servicio se caracterizan por la sencillez y el sentido práctico de su diseño. La cocina longitudinal, de Challenger, aprovecha la luz que entra por la puerta transparente que abre hacia el balcón, con muebles con superficies en blanco y marfil sobre un piso de losas de mármol sinú veta.

En el baño, la intensidad del enchape tabaco de los muros y el roble oscuro de la madera alternan con el marfil del mesón de los lavamanos sobre el cual un espejo dilatado acentúa la sensación de amplitud de un espacio en el que la severidad del diseño y los acabados conviven con el espíritu fresco e informal de las plantas suculentas. Esta propuesta trae a la imaginación las tradiciones tribales de los pueblos nómadas que enriquecen con la belleza de sus objetos y artesanías la serena austeridad del desierto.

//revistaaxxis.com.co

 

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