Concreto a la vista

Dejar el techo descubierto en la zona social planteó un reto: la arquitecta debía concebir una propuesta que no pareciera sin finalizar. El resultado es un apartamento que a través de sus materiales logra calidez y coherencia.

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Más que un nuevo apartamento, este proyecto fue una etapa de transición para sus propietarios, quienes querían pasar de un lugar de distribución clásica a uno con espacios integrados. Sin embargo, el cambio debía ser gradual. Para esto, contrataron a la arquitecta bogotana Camila Gaviria, que en sus trabajos favorece el uso del concreto, la madera y, en puntos específicos, el metal. Tan pronto se ingresa, un muro de 1,80 metros de alto con ruedas, perfilería de metal y un cuadro del artista Andrés Caycedo recibe al visitante. No se trata de una simple estructura para resaltar la obra de arte, su objetivo es algo más ingenioso: aislar la cocina semiintegrada cuando los propietarios tienen cenas o reuniones sociales. “La dueña no quería que se viera todo el desorden al momento de preparar la comida, por eso desarrollé esa solución. ¿Cómo funciona? Simplemente les quitas los frenos a las ruedas y lo mueves sin necesidad de rieles hasta cerrar el ambiente. Además, ayuda a que ese corredor tan blanco y grande del acceso tenga volumen”.

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En el área social hay otro elemento, también creado por la arquitecta, que permitió que los dueños –una pareja con dos hijos– se adaptara sin problema a una propuesta de espacios comunes y ambientes integrados. Se trata de un muro de concreto de 3,50 metros de largo por 1,90 de alto, que separa la sala del estudio sin romper la unidad de la zona. Su forma en “L” surge porque estructuralmente no podía quedar suelto al no estar agarrado del techo. “Tuve que cortar el muro blanco con el que empata a fin de que tuviera espacio para plegarse. No unimos los dos porque cuando hay cambios de materiales y de alturas, como en este caso, lo mejor es tener una dilatación”.

Otro de los puntos sobresalientes en los 270 metros cuadrados de esta vivienda con cuatro fachadas –debido a que ocupa todo el sexto piso de un edificio al norte de Bogotá– es el trabajo en el cielorraso. La estructura de concreto a la vista del techo y el drywall blanco se mezclan para generar un juego de materiales y volúmenes. “Teníamos que tener cuidado para que el apartamento no se partiera en dos, que no se percibiera como si nos hubiéramos quedado sin presupuesto a la mitad del proyecto”.  Para este fin, en las habitaciones –donde predomina el drywall–, la estructura de concreto se insinúa con una pequeña abertura y, además, se ilumina para resaltar la textura del material. Al cruzar el corredor y llegar a la zona social, el techo se destapa en su totalidad. “Para evitar que se viera una ruptura muy marcada utilicé unas cajas de cedro en el cielorraso de la sala”. Otro elemento de transición es la cocina, donde el drywall tiene una gran circunferencia que permite ver en su totalidad el extractor de olores.

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Y aunque muchos creerían que dejar al descubierto la estructura del techo facilitaría la etapa de acabados, en este caso fue lo opuesto. “El concreto estaba muy accidentado, tenía pedazos de pañete, demasiados colores e incluso huecos, por eso tuvimos que volverlo homogéneo y pintarlo. Al final se ven un poco las venas, pero todo de un solo tono”. Por otra parte, la arquitecta dejó sin persianas las cinco ventanas que conforman la fachada de la sala y del estudio, con sus respectivos balcones, para aprovechar la vista sobre un parque. “No es el típico ventanal de grandes proporciones, cada una enmarca la copa de un árbol”, lo que permite visuales interesantes sin sacrificar la privacidad. Para el resto de los espacios –que tienen panoramas más urbanos– optaron por la firma de cortinas Flexalum, marca licenciada por Hunter Douglas.

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Así, este apartamento se fue concibiendo entre lo que deseaban los propietarios y lo que la arquitecta recomendaba como mejor solución. Ejemplo de ello es el baño social. En su anterior vivienda los clientes tenían en la sala tres mesas de centro hechas con troncos. Él quería conservarlas, ella no. “Para tener un punto medio les propuse que dejáramos solo las tapas y las usáramos para crear la estructura del lavamanos y la grifería”. Este sencillo movimiento permitió componer un espacio que sobresale por su mezcla de materiales y colores –en especial por la grifería magenta–. El apartamento, donde el concreto del cielorraso y la madera sapán de los pisos son protagonistas al entablar un diálogo basado en texturas y tonos neutros, demuestra que dar acentos de color a través de objetos decorativos o mobiliario –como las sillas de cine rojas de la sala, encontradas en un anticuario– permite crear un hogar cálido sin necesidad de sobrecargar los ambientes, en especial cuando están integrados.

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