Contrastes vivos

Este apartamento, construido en la década de 1970, sufrió una transformación total para adaptarse a las necesidades de sus dueños. Su estilo viaja entre lo tradicional del barrio donde está ubicado y lo contemporáneo de su interiorismo.

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Este apartamento se ubica en Quinta Camacho, uno de los barrios más tradicionales de la capital del país. Construido en la década de 1970, fue remodelado hace pocos meses por el arquitecto y diseñador bogotano David Vega, quien se encargó de replantear su composición espacial y material para renovar no solo su imagen, sino sus dinámicas interiores.

Lo primero que se debe poner de relieve es que se trata de un proyecto personal: el arquitecto y su esposa diseñaron el interior de su nueva vivienda en función de sus intereses y aspiraciones individuales. De ahí que cada detalle sea un reflejo de su personalidad. Incluso la elección del barrio da cuenta de ello: este sector concentra numerosas actividades, pero ante todo diferentes expresiones artísticas. Una rica oferta gastronómica junto a una gran variedad de comercios hacen de esta zona un destino atractivo, tanto para locales como para extranjeros. “Entre las cualidades más valiosas está la posibilidad de ir a pie o en bicicleta hasta el trabajo, salir a comer cerca o simplemente dar un paseo. Quinta Camacho lo permite, por lo que desde un inicio consideramos la opción de vivir aquí”, comenta Vega.

Si bien la distribución original no se adaptaba a la cotidianeidad de los propietarios, la arquitectura moderna del edificio facilitó la transformación de los espacios interiores, gracias a la altura libre y los grandes ventanales que caracterizan el apartamento. Aun así, tuvieron que reemplazar la totalidad de las redes hidrosanitarias y eléctricas e instalar las acometidas de gas necesarias para el adecuado funcionamiento de la cocina y la chimenea. “La obra implicó un enorme trabajo en términos de infraestructura, que aunque no es del todo visible, lleva un esfuerzo inimaginable”. El proyecto está basado en un espacio central y dos habitaciones situadas en los extremos del apartamento.

Así, mientras la zona social conjuga la domesticidad de la cocina y la vitalidad de la sala, las alcobas están apartadas entre sí y mantienen su carácter privado. De hecho, la cocina se integra con el comedor y la sala para crear un solo ambiente, cuya espacialidad responde al deseo de los dueños de tener un lugar para compartir como pareja y en compañía de sus familiares y amigos.

El estudio también forma parte integral de la zona social. La única condición para que permanezca allí es que se mantenga abierto, desprovisto de divisiones intermedias que restrinjan la visibilidad y el paso de la luz. Uno de los criterios básicos del proyecto consiste en evitar que el espacio se sature con elementos innecesarios, que requiera apenas de unos cuantos que aporten identidad. “El contenedor debe ser expresivo y reflejar nuestra personalidad sin demasiadas cosas. ¡Queremos vivir con amplitud! Por eso, el estudio debía estar conformado por un planchón industrial y nada más”.

Los dueños –una pareja colombo-francesa–, introdujeron algunas variaciones en cuanto a la organización interna de las áreas privadas, las cuales se desprenden –en gran parte– de la cultura arquitectónica europea, como el concepto hotelero tipo suite de la habitación principal. Tanto el clóset como el cuarto de baño y la tina están incorporados dentro de la alcoba, de tal forma que en ella los muros divisorios no existen o resultan imperceptibles, puesto que son de materiales transparentes y translúcidos. Asimismo, la luz indirecta sobre la cama transmite una sensación de calidez inigualable, al tiempo que se ajusta a los requerimientos lumínicos de los propietarios.

Por otro lado, el contraste de materiales es un aspecto clave del diseño. Aún más, podría decirse que define la estética del apartamento. Para Vega, la búsqueda de armonía entre opuestos es una premisa esencial, presente en este apartamento a través del ladrillo rústico y el metal. “Este ladrillo lo mandamos hacer en una ladrillera tradicional con el propósito de que revelara el proceso artesanal con el cual se fabrica, pero en especial para que tuviera un vínculo con la historia patrimonial de Quinta Camacho. Sin duda representa las casas antiguas del barrio”. Además, tiene la ventaja que regula la temperatura de noche y de día, gracias a sus excelentes niveles de inercia térmica.

También en el baño social se evidencia un balance entre opuestos: combina las líneas ortogonales y las curvas, mediante la disposición de un lavamanos circular de corte vanguardista versus un sanitario cuadrado de estilo tradicional. El piso, de tablilla pintada de blanco, lo instalaron en forma de espina de pescado, que armoniza con el ladrillo del área social.

Por su parte, el mobiliario fue adquirido en la tienda de origen alemán Kare, que ofrece la asesoría de una diseñadora de interiores de la marca –para este proyecto Andrea Bornacelli–, de acuerdo con el presupuesto de cada cliente. En este caso optaron por complementar la apariencia industrial que brindan los acabados a través de tonos neutros como el negro y el gris. No obstante, inyectaron una dosis de colores vivos a partir de la gama de azules. Por ejemplo, el tríptico de cristal Triptychon Wave y el tapete de la sala revitalizan el ambiente con sus destellos azulados.

Sobresale, además, la mesa del comedor Amsterdam Dunkel, cuyos atributos estéticos se reflejan en su materialidad (cerámica de 3 milímetros y vidrio de seguridad de 8 milímetros). El componente funcional es otra de sus ventajas, ya que puede ampliar su capacidad desde 6 hasta 10 personas. De este modo empalma la belleza de una pieza original con la practicidad de un diseño funcional.

La lámpara del estudio, llamada Metropolis Spot, resulta de una mezcla entre elegancia y sobriedad –que rememora los comienzos de la fotografía– al tiempo que se relaciona con la vanguardia del diseño. Por último, la unión entre ergonomía y diseño hacen del sillón giratorio Ohio S&P un mueble tan cómodo como atractivo.

El contraste entre materiales rústicos y sofisticados, y entre geometrías regulares e irregulares cobra vida en cuanto revela la personalidad de sus dueños. Hace algunos años esta sinergia habría sido impensable, lo que pone de manifiesto las trasformaciones sociales que tanto la arquitectura como el diseño han experimentado.

//revistaaxxis.com.co

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