Crónica construida

En el siglo XVIII, en la ciudad de Cartagena construyeron esta casona en medio de lo que hoy constituye el Centro Histórico. Ubicada frente al célebre Teatro Heredia, su arquitectura colonial rememora y es testigo de nuestra herencia europea adaptada al trópico, a su luz, a su vegetación exuberante y a su clima cálido.

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En 1999, el arquitecto Ricardo Sánchez emprende la tarea de restaurar el edificio. Durante los dos años del proceso se logran recuperar algunos de los arcos originales de ladrillo y la escalera principal. Un ala de habitaciones en el segundo nivel se construye dándole continuidad al carácter de la casa y una nueva vida a sus espacios.

En la primera planta, un patio perfora el cuerpo de la residencia introduciendo la abundante luz del sol y reflejándola en la superficie de una piscina que refresca este ambiente rodeado de enredaderas y arbustos sembrados en materas de barro. En torno al patio aparece una secuencia de arcos estructurales que resguardan un comedor y otras pequeñas salas a manera de estancias dispuestas para el descanso en la sombra.

Los corredores del segundo piso se abren al patio, comportándose como pequeños balcones delimitados por una balaustrada que corona la curvatura de los arcos del primer nivel. Las habitaciones a las que conducen están pintadas de blanco y se iluminan a través de ventanas verticales rectangulares.

El diseño interior, obra de Lina Botero, es efectivo en relegarse a un segundo plano para que la arquitectura de la casa asuma el papel principal. Pocos muebles, de geometrías tranquilas y con algunos detalles que hacen eco de la historia del espacio que habitan, se distribuyen en su justa medida. Entre las manzanas y las calles de la antigua Cartagena se esconde esta vivienda; una crónica construida de nuestro pasado y de nuestra cultura mestiza.

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