Cómo decorar una casa en la ciudad y convertirla en un refugio frente al mar

Por fotografía: IVÁN ORTIZ PRODUCCIÓN: DIANA TOVAR Texto: SORAYA YAMHURE
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Septiembre
17 - 2015
Una paleta blanca, gris y azul determina la decoración de este apartamento ubicado en Bogotá, en el cual las texturas de las fibras naturales y los elementos decorativos simbolizan los diez años que los dueños permanecieron en Sídney.

E n 2012 comenzó la remodelación de este apartamento de decoración estilo playero en 247 m2 ubicados en el cuarto piso de un edificio construido en 1978 en el barrio Chicó, en Bogotá. El arquitecto Jaime Mojica realizó cambios estructurales para redistribuir las habitaciones y los baños, y la decoradora Catherine Moggio se encargó del interiorismo, cuya primera medida consistió en retirar el laminado de madera color miel que había en los pisos e incorporar sapán en espina de pescado.

El techo, que estaba cubierto de flor morado oscuro, fue pintado de blanco para alcanzar el objetivo de los propietarios: recrear un ambiente de paz y tranquilidad. Moggio y Nicole Berg, propietarias de la firma Moggio Berg Interiors, destacaron la influencia de decoración estilo playero que los dueños del apartamento adquirieron durante una década de vida en Australia, adherida a referentes de diseño basados en las casas de los Hamptons, en el estado de Nueva York.

Las paredes, unas pintadas de diferentes gamas de grises y otras cubiertas por papeles de colgadura hechos en fibras naturales –fijados en la habitación principal, la recepción y el baño social–, resaltan la carpintería blanca de los marcos de las ventanas, puertas y armarios, y combinan, en las alcobas y el estudio, con una alfombra importada de Estados Unidos conocida como seagrass o césped marino. La biblioteca, ubicada frente a la sala para ver televisión, y la alacena de la cocina, ambas pintadas de azul, completan la paleta de fondo que alberga muebles de líneas clásicas.

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Tapizados con lino belga gris, los sofás de la sala están enmarcados en un tapete de trenza de fibra natural y lana cuya textura determina la calidez de la zona social abierta, también conformada por el comedor hecho en roble. Junto a la mesa, un aparador creado por la arquitecta y diseñadora de mobiliario de ascendencia egipcia Yasmin Sabet, inspirado en el estilo de los años cincuenta, acentúa el azul protagonista de la vivienda, que tiene un papel fundamental en la totalidad de los 247 metros cuadrados.

“Sin irnos lejos de la paleta de colores, buscamos un efecto inesperado en el baño social, que se materializó con un papel de colgadura de diseño ikat –una técnica de teñido para realizar patrones típicos de Nepal– y un mueble que rememora los años treinta”, explica Moggio, quien, junto a su equipo de trabajo, seleccionó para la cocina baldosas de cemento de Viancha Miranda en forma hexagonal con tres tonos diferentes de gris que combinan con el techo del mismo color entre vigas blancas.

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En el baño de la habitación principal la influencia costera se manifiesta con la presencia de un enchape de pino que viste la mitad de las paredes con un corte horizontal hasta el piso. Su pintura blanca combina con una tina característica de la década de 1920 acompañada de una grifería de acero satinado que compone, con cada detalle del interiorismo, un apartamento bogotano con aires de mar.

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