¿Apartamento de soltero? Conozca esta sorprendente remodelación de un proyecto diseñado en Medellín

Contrario a muchos ejercicios de remodelación, en este apartamento de Medellín la primera medida fue quitar antes que agregar. Desnudaron la arquitectura para moldearla al estilo de su habitante. 0

Reformar es un pequeño acto de sublevación. Transformar las viviendas estandarizadas que ofrece el sector inmobiliario permite adaptar el espacio doméstico a nosotros, a nuestros hábitos y formas específicas de vida –no todos habitamos de la misma manera–. Es reimaginar, reconstruir e intervenir sobre lo existente, creer que las cosas pueden ser de otra forma. Además de ser, quizá, una de las actividades a las que más se dedican los arquitectos, mueve gran parte del mercado relacionado con la construcción en el país.

En este entorno, en el que constantemente se habla de la remodelación en términos de tendencias, el trabajo de Trópico Arquitectura, estudio dirigido por las antioqueñas María José Arango y Candelaria Posada, parece ignorar esta retórica de los estilos pasajeros. En cambio, sus obras recogen y ponen en evidencia los valores de las arquitecturas que modifican.

Muebles sencillos configuran un escritorio inmerso en un nicho para transformar una de las áreas del apartamento en un lugar para el estudio y el trabajo.

 

El acero acabado en color negro, utilizado en el mobiliario fijo del proyecto, aparece de nuevo en el baño social, integrando su estética con la del resto del apartamento.

En ellas se desnudan las estructuras que estaban ocultas, los cielos falsos se retiran para exponer los huesos de la construcción, se demuelen muros y se integran estancias. Sus proyectos producen espacios despojados de lo innecesario. Este apartamento, reformado recientemente en Medellín, es una muestra de cómo estas jóvenes arquitectas operan desde los objetos, los materiales y el color en favor de una idea de domesticidad tropical.

Retirar el cielo falso y exponer la placa de hormigón estructural genera una mayor altura libre. La madera y el concreto se comportan como telones de fondo para los objetos y los muebles.

El proyecto está diseñado para un hombre adulto. Un soltero que vive en elcampo y pasa algunos días en la ciudad, y que durante los últimos años se ha dedicado a viajar, conocer otras culturas y aprender idiomas. Al no tratarse de un apartamento familiar, el espacio adquiere la connotación de ser un lugar para la reunión social y la exhibición de objetos de distintas procedencias.

Al entrar, la perspectiva se abre hacia el balcón, y la cocina recibe a los visitantes con una estantería de acero y madera de la firma Vrokka, integrada a uno de los mesones. Las vigas y nervios de concreto expuesto crean un paisaje de rugosidades y líneas rectas, recorrido por un riel con iluminación para destacar los cucharones y vasijas como si fueran piezas de museo.

El piso de microcemento, vaciado sobre el acabado original, unifica todas las estancias como una superficie continua, mientras la madera de los muebles de la cocina contrasta con los tonos fríos de los muros y enchapa la pared de acceso hasta la puerta, mimetizándola. Los materiales y revestimientos se muestran como son, sin trucos ni maquillaje.

En el salón, un sofá tapizado de cuero café, dos sillas y un juego de mesas auxiliares diseñadas por Fango Studio se complementan con vegetación y una segunda estantería, sobre la que disponen una colección de cajas musicales adquiridas por el cliente durante sus viajes, además de jarros de cerámica, libros y ornamentos.

En el comedor y el estudio, fotografías de Teodoro Posada proponen fragmentos abstractos de follajes y sombras. Todas las piezas, obras de arte y muebles son hechos por diseñadores, artistas y artesanos colombianos. El interés por promover el talento local es fundamental en el trabajo de Arango y Posada, y les ha permitido colaborar con estudios emergentes de diseño y personas dedicadas a la talla de madera, la cestería y la cerámica en muchas regiones del país. El resultado es un ambiente que se construye y decora con lo que está a la mano, en el que los objetos de uso cotidiano se exhiben y la arquitectura renuncia a las categorías y estilos, tan comunes en el mundo del interiorismo.

La lectura del potencial latente del lugar y el entendimiento de los deseos del propietario permitieron este proyecto. La intervención revela los atributos de la construcción casi al punto de regresar el apartamento a un estado de obra negra, en el que se desdibuja la estética estandarizada de lo comercial para crear un entorno nuevo desde la personalidad de quien lo habita.

Reformar suele ser un ejercicio de adición en el que el espacio se llena de objetos y de acabados, pero –como en este caso– también puede ser lo contrario: una especie de labor de limpieza en la que se quita más de lo que se pone para que los cascarones de la arquitectura y el cuerpo de las personas vuelvan a empezar un camino juntos. ■

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