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Desconectada de la ciudad

Las particularidades del terreno determinaron que la casa debía ser autónoma, por eso instalaron un sistema de celdas fotovoltaicas para suplir las necesidades energéticas y, así, aprovechar de manera consciente las bondades del entorno.

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A pesar de estar ubicado a tan solo veinte minutos del ruido, la congestión y el agite que caracterizan a la ciudad de Bogotá, el lugar en que se sitúa esta casa se encuentra totalmente desconectado de la urbe. Embebida en su entorno natural, llena de tranquilidad, oxígeno, agua y naturaleza, la casa cumple a cabalidad con el objetivo para el cual fue diseñada: proveer un espacio de descanso y de relajación para sus habitantes.

“Al cliente lo conocíamos desde hace algún tiempo, ya que, al igual que nosotros, trabaja en el sector de la construcción”, comenta el arquitecto bogotano Fernando de la Carrera, quien junto con el arquitecto bogotano Alejandro Cavanzo fundó el estudio De la Carrera Cavanzo, que estuvo a cargo del diseño arquitectónico de la casa. El propietario buscaba crear una vivienda de descanso, que él mismo se encargaría de construir, y venía con una idea fundamental en la cabeza: aprovechar al máximo la espectacular vista que tiene el lugar sobre el embalse San Rafael.

El terreno determinó el concepto de la arquitectura. “En el proceso de diseño buscamos que la casa no solo disfrutara de la vista hacia el embalse, sino también al bosque que hay detrás. Que el proyecto se encargara de mantenerlo y observarlo”. Es así como la vivienda, en esencia, “funciona como dos pantallas paralelas, una que mira al embalse y otra al bosque”, afirma De la Carrera.

El proyecto inició como una casa contenida, de un área en torno a 250 metros cuadrados, pero en la medida en que el diseño evolucionó la vivienda creció y aparecieron ambientes que no se habían planeado inicialmente. “Intentamos siempre mantener el guion, que la idea inicial no se desvirtuara al hacerla más grande”. Su programa construido finalmente contempla, además de tres habitaciones con baño y un espacio social amplio y generoso (salón-comedor-cocina, todos contenidos en un mismo lugar de doble altura), una serie de zonas de distensión y bienestar que incluyen terrazas, estar, chimenea, estudio, bar, jacuzzi y BBQ. En el nivel inferior, donde en un comienzo se pensó la parte de servicio, finalmente se dispuso un apartamento para invitados, privado e independiente, que disfruta de las mismas condiciones privilegiadas del resto.

La doble relación, con la vista lejana (el embalse) y la cercana (el bosque), se percibe desde todos los espacios, tanto en los de carácter público como en los privados. A partir de los grandes ventanales y de una secuencia de terrazas, patios y áreas de uso exterior, los arquitectos difuminaron los límites entre el interior y su entorno, incorporando la naturaleza circundante a los ambientes habitables.

Las características del lugar no solo determinaron la forma de la casa, su distribución espacial y manera de funcionar. También presentaron un reto adicional, pues por su localización y lejanía de las redes de servicios públicos existentes resultaba demasiado costoso construir la infraestructura necesaria para su conexión. Por esta razón tomaron la decisión de hacerla autónoma, completamente desconectada, utilizando una arquitectura sostenible, eficiente en términos energéticos e inteligente en el uso de los recursos naturales, dotada de los sistemas necesarios para la generación de energía y el acceso al agua que garantizaran la comodidad requerida para el día a día.

La casa se dispuso en el predio para maximizar su exposición solar, captando el calor del sol en el transcurso del día para guardarlo en el interior y así hacer más amables las noches frías. Los grandes ventanales no solo abren las espectaculares visuales hacia el exterior, también permiten la entrada de luz y calor, conservándolo a partir de vidrios dobles, evitando la pérdida de energía a través de sus generosas superficies. Los demás materiales: concreto, ladrillo y madera, se escogieron por su alta durabilidad y la facilidad para su mantenimiento, y porque poseen una inercia térmica positiva, almacenando el calor durante el día para luego soltarlo lentamente al bajar las temperaturas.

El agua se extrae del terreno mismo, y la energía se genera a partir de celdas fotovoltaicas que suplen todas las instalaciones de la casa: nevera, televisores, iluminación…, además, cuenta con baterías que guardan la energía producida por el sol para tenerla disponible en el momento de ser requerida –también posee una planta eléctrica de soporte para la eventualidad en que el sistema fotovoltaico no sea suficiente–.

A partir de una combinación inteligente de medidas pasivas de captura y conservación de energía con otras activas de generación, el diseño de la casa garantiza el confort en los espacios interiores mientras utiliza racional y conscientemente los recursos naturales. La respuesta que da la arquitectura a su entorno se expresa no solo en términos estéticos y de uso, aprovechando las visuales sobre el embalse y la cercanía de las montañas, sino también en cuanto a energía y sostenibilidad, valiéndose de manera responsable y eficiente de las bondades que ofrece el lugar.

//revistaaxxis.com.co

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