Conozca esta joya arquitectónica de vanguardia en las afueras de Pereira

En las afueras de Pereira, muy cerca del Club Campestre, rodeada de naturaleza, montañas, agua y vegetación, se encuentra esta casa. El lote sobre el que se posa, completamente inmerso en su entorno natural, se caracteriza por su pronunciada pendiente, con un desnivel que alcanza los 14 metros, y por la cercanía al lago, ubicado en su extremo inferior.

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En su exterior se presenta con una volumetría contundente y limpia, y un color blanco almendra omnipresente.

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Su imagen remite algo de la historia de su diseñadora y su paso por Europa, a la arquitectura del Mediterráneo, “sencilla, franca y sabrosa”, según la define la propia arquitecta, Natalia Rodríguez.

  

 

Sus dueños querían una casa de una sola planta, pensando en que siguiera siendo cómoda y fácil de habitar con el pasar de los años. Sin embargo, por la pronunciada pendiente del lugar fue imposible distribuir todos los espacios en un único piso.

  

Plantearon entonces el acceso en el nivel superior, los ambientes de servicio escalonados en la parte posterior, contra la pendiente, y ubicaron en la planta inferior las áreas que usa la familia en su cotidianidad: salón, comedor, cocina, habitación principal (con baño y vestier) y dos alcobas adicionales para los hijos.

La arquitectura plantea un sinfín de espacios intersticiales, patios interiores y exteriores, pérgolas y porches para generar una sensación de recorrido y diversidad espacial. Esta es una casa abierta, que incorpora la vegetación circundante, potenciando la ventilación natural de los ambientes y el contacto con el entorno.

En definitiva, es una obra que aprovecha la temperatura amable de la región y su privilegiada ubicación.

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