Dos arquitectos, una casa

Juan Carlos Rojas, arquitecto director de RIR Arquitectos, y su colega y esposa, Ana María Fríes, gerente general de Artesanías de Colombia, viven desde hace veinte años en este apartamento, el cual sobresale no solo por su arquitectura, sino porque en él se respira arte, música y literatura.

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Cuando todo parece encajar, y nada es perfecto ni tampoco sobra, es cuando surge la armonía. Así es este apartamento, situado en el norte de Bogotá, en un edificio moderno diseñado por el arquitecto español Rafael Obregón, en 1963, y remodelado por sus dueños actuales, quienes a los diez años de vivir en él decidieron transformarlo por completo.

Tras la remodelación, algunos espacios se ampliaron y otros se redujeron. Solo se mantuvo la terraza, debido a sus 200 metros cuadrados de extensión –lo cual es verdaderamente un privilegio–, y el parquet de madera de guayacán que, a pesar del tiempo y del progreso técnico, sigue siendo un clásico de una calidad y belleza excepcionales.      

En cuanto a la zona social, apostaron por un espacio abierto y luminoso donde sala y comedor se integran mediante un muro bajo, cuya masa se recorta a la altura de la chimenea para conectar visualmente los dos ambientes, y su ubicación responde a la necesidad de aumentar el área de la sala acortando la del comedor. Del mismo modo, se extendió el vestíbulo reduciendo parte de la cocina, pues con ello la sensación de amplitud desde la entrada es aún mayor.

Paralelamente, se reformó el techo del área social a fin de instalar los rieles con bombillos que acentúan –entre otras cosas– numerosas obras de arte. “Nos encanta el arte. Por eso buscamos la manera de destacar las piezas a través de la iluminación”, comenta la arquitecta. Pero eso no es todo: una de las cualidades más importantes de este cielorraso la constituye su acabado en hojilla de plata –usada tradicionalmente para la elaboración de marquetería y retablos coloniales–, la cual ilumina el techo con un acabado artesanal, y le aporta profundidad y brillo al espacio.

Por otra parte, el baño social fue reformado con el propósito de que sirviera tanto para los visitantes como para su hija menor. Así pues, optaron por extender la superficie e incorporar una ducha. Aquí utilizaron materiales como pizarra negra, cuarzo blanco, láminas de espejo y deck de madera teca. 

Otro de los grandes atractivos de esta vivienda es, ciertamente, el arte. “Cada una de las obras tiene una historia propia, una que comenzó hace más de tres décadas. Todas nos identifican, puesto que son reflejo de nosotros mismos. Es por eso por lo que tienen un enorme valor sentimental”, afirma Ana María. De hecho, hay varias piezas de arquitectos –no solamente de artistas y amigos–, como las esculturas de Hugo Zapata, Luis Fernando Peláez, Alberto Riaño, o las pinturas de Luis Fernando Roldán.

Más aún, todas las obras se encuentran interconectadas entre sí por un hilo conceptual afín con la visión contemporánea de sus dueños. Sin ir más lejos, se exponen obras de Eduardo Ramírez Villamizar, Luis Fernando Peláez, Hugo Zapata, Luis Luna, Luis Fernando Roldán, Alberto Bermúdez, Fernando Rubio, Pablo Castro, Lucía Morón y Carlos Salazar.   

Se percibe, asimismo, un interés especial por las piezas étnicas. “Desde que empecé mi labor en Artesanías de Colombia han llegado a nosotros objetos que para mí son muy importantes”. Ese es el caso de los werregues, tejido que, según la propietaria, se considera el más fino que se produce en cestería a nivel mundial.     

En cuanto al mobiliario, Juan Carlos se encargó de diseñar algunos muebles, como la mesa del comedor y el sofá de la sala. Rojas y Fríes querían una casa a su medida, con obras de arte y objetos acordes con su visión de la profesión y de la vida misma. Pero más allá de eso, hay libros de arquitectura, arte y literatura, junto con una enorme colección de música.

Finalmente, todos los espacios invitan a ser vividos en familia de una manera relajada y tranquila. “La casa es la cueva y esta es la nuestra. Por eso, aquí cabe todo, incluso la imperfección. Aquí cabe el ser humano con todo y sus defectos. Cada objeto fue seleccionado por alguna razón especial, cada uno tiene una historia. Nuestro hogar es el reflejo de treinta años de construcción de una historia compartida”, concluye Ana María.

//revistaaxxis.com.co

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