El clima perfecto

El arquitecto de esta casa asegura que las características verdes de su diseño son las mismas que las de la buena arquitectura: buena iluminación, asoleación, reaprovechamiento de aguas lluvias y de la ventilación cruzada. 0

 

Las condiciones de este lote en el borde
de un cañón en El Mameyal, un barrio campestre en
las afueras de Cali, son especiales: vegetación nativa, viento que viene del mar y un microclima húmedo, durante el día, cuatro grados de temperatura más fresco que la capital del Valle y en la noche frío.
Para responder a esas características, el arquitecto Joe Delgado propuso esta casa con una tipología poco común para una construcción campestre en el Valle del Cauca. Consiste en un volumen compacto compuesto por tres cubos de 5 x 5 metros de base cada uno: el central es de concreto a la vista y los de los extremos se recubrieron con una persiana de madera y una lámina de acero corten protegida por una pátina de óxido.
Según Delgado, de Idearquitectura, la intención de esta propuesta concebida con materiales francos –vidrio, madera, concreto y acero– es que se mimeticen en el entorno. “La apariencia de la lámina cambia todo el tiempo y va adoptando los mismos colores del bosque. Y la enredadera que sembramos trepará por la pared de concreto. Escogimos estos materiales porque queríamos algo muy durable y que desapareciera con el paisaje”, explica Delgado.
Durante varios años el propietario del predio lo tuvo para disfrutar su vegetación nativa. Por eso, cuando decidió construir, tenía claro que quería la menor intervención en el terreno, de tal manera que la prioridad para Delgado fue proteger las condiciones imperantes: una pequeña ladera en un lote de dos mil metros cubierta por árboles de la región y un nacimiento de agua. “No quisimos excavar tanto ni generar cimientos que implicaran explanar la ladera”, señala Delgado, así que uno de los volúmenes de la casa está suspendido sobre el terreno.
El dueño quería vivir su casa a plenitud con su pareja, aunque este también debía ser un lugar seguro para cuando se ausentara. Por eso, el diseño se desempeña como una caja hermética cuando los propietarios
no están y se abre cuando quieren disfrutarla. Este sistema de cubo cerrado se concibió con una función térmica, pues debido a las condiciones climáticas
de la región –puede ser muy caliente de día y frío de noche– conserva una temperatura estable gracias a un aislamiento de poliestileno bajo la lámina de corten que mantiene condiciones constantes. Además, la ventilación cruzada se encarga de refrescar cuando el termómetro sube demasiado en el día.
La casa tiene tres niveles y tres alcobas –dos para cuando sus hijos vienen a quedarse–. El programa se reparte en los tres bloques: a un lado están las dos habitaciones secundarias y los estacionamientos y
en el bloque opuesto se encuentran la principal y la zona social, cuya doble altura remata en la alcoba de los propietarios. El volumen de concreto alberga las circulaciones, las escaleras, el baño principal –que aparece como suspendido en un cubo azul– y la cocina, abierta a la zona social. Este espacio se vincula con el exterior gracias a un enorme batiente en el costado de la lámina de acero y a que un malacate eléctrico mueve la persiana de madera. De esta forma, el salón se pone en contacto con el bosque, con la vegetación nativa y con un pequeño espejo de agua que se alimenta con el agua del nacedero del lote, gracias al cual la casa no depende del acueducto.
En la decoración, la arquitectura interior y
los materiales desempeñan el principal papel, y
el mobiliario se acopla con la sencillez de esos elementos que se repiten adentro para dar consistencia a la propuesta exterior de simplicidad y sencillez, de acuerdo con los requerimientos de bajo mantenimiento y durabilidad del propietario. Algunas mesas de rattan en la sala, un sofá que imprime un toque de color fuera de la paleta “naturalista” de toda la idea arquitectónica, y muy pocos objetos, armonizan con el diseño de Joe Delgado.

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