El complejo Atrio será el edificio más alto del país

La misma firma de arquitectura encargada del diseño del Museo Pompidou, en París; el Lloyds Building, en Londres, y la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, en Madrid, idearon para Bogotá un proyecto que renovará desde lo más alto el Centro Internacional. 0

Rogers Stirk Harbour + Partners es una de las firmas de arquitectura y urbanismo más reconocidas en el mundo. Su director, sir Richard Rogers, fue galardonado en 2006 con el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia como reconocimiento a su trayectoria profesional, y posteriormente recibió el premio Pritzker de Arquitectura en 2007. En su haber se encuentran los diseños de algunos de los edificios paradigmáticos de la arquitectura, como el Museo Pompidou en París, el Lloyds Building en Londres y la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas en Madrid, entre muchos otros.

Su estudio se caracteriza por un enfoque vanguardista, por propuestas honestas –donde la estructura y la función se expresan a través de la arquitectura–, por su énfasis en la concepción de edificaciones y espacios sostenibles y respetuosos con el entorno, y por la preocupación por integrar la arquitectura y la ciudad mediante la creación de ambientes urbanos activos y atractivos.

Este año, Atrio se convertirá en la más reciente obra de la firma y la primera en llevarse a cabo en Colombia. Planteado para desarrollarse en tres etapas, el complejo incluye la construcción de dos torres, la renovación y adaptación de un antiguo centro de convenciones para incorporarlo al proyecto y la creación y consolidación de un nuevo espacio público, generoso, activo y representativo para la ciudad. El complejo disfruta de una ubicación privilegiada en el encuentro de la avenida 26 con la avenida Caracas, junto al Centro Internacional Tequendama y a los pies de los imponentes cerros orientales de la ciudad. Su contexto urbano le ofrece una accesibilidad inmejorable, cerca al aeropuerto y conectado de forma directa con el sistema de transporte público Transmilenio, además de una visibilidad extraordinaria para todo aquel que vive o que visita Bogotá.

Las torres están facetadas y escalonadas para responder a sus determinantes urbanas, a la cercanía con sus vecinos y a las exigencias estructurales y de uso propias de un proyecto de esta envergadura. Al llegar al suelo se abren por completo hacia el exterior, se funden con lo público, lo activan e incorporan a los espacios construidos. A partir del uso extenso de pérgolas que protegen de la lluvia, de una serie de pabellones comerciales que generan puntos de encuentro y actividad, y de una sucesión de plazas y jardines, los 14 mil metros cuadrados de ambiente público que se despliegan entre los edificios se convierten en la mejor manera de acceder al centro de la ciudad, en un lugar para estar y disfrutar, en un punto de referencia y de encuentro para los habitantes de Bogotá.

El diseño arquitectónico de las torres expresa, de manera clara y contundente, su carácter contemporáneo y una minuciosa atención al detalle, tanto en el proceso de concepción como en la ejecución de la obra. Su estructura mixta, construida a partir de columnas de concreto y diagonales de acero pintadas de naranja vibrante, se expresa orgullosamente para ofrecer a quien observa alguna pista de su complejidad. “Es como un instrumento musical en el cual todas las cuerdas deben estar perfectamente afinadas”, comenta el arquitecto Jason García Noonan, encargado del proyecto por parte de RSH+P, al explicar la interacción entre los elementos estructurales y la arquitectura.

Las diagonales, según su ubicación y función dentro de la estructura, varían en longitudes y en diámetro, para convertirse cada una en un elemento singular. Sus encuentros con el concreto y sus interacciones con la fachada se realizan a partir de piezas únicas, que hacen del diseño y el desarrollo de los detalles constructivos del edificio una labor titánica y extraordinaria. La piel de vidrio, creada a la medida en conjunto con Permasteelisa –empresa global líder en ingeniería, gestión de proyectos, fabricación e instalación de envolventes arquitectónicas y de sistemas de interiores–, complementa la estructura y ofrece las prestaciones requeridas para garantizar un adecuado confort térmico y acceso a iluminación natural al interior de todos los espacios.

La primera etapa del proyecto –la torre norte– que alberga principalmente espacios de oficinas, con áreas de hasta 2.000 metros cuadrados por planta, se entregará a finales de este año y comienzos del próximo. El inicio de la segunda fase –la adaptación del centro de convenciones– está planeado para comienzos de 2020, y la torre sur –que con sus 268 metros de altura será la más alta del país–, entrará en funcionamiento en 2026 y tendrá además de los espacios de oficina y hotel, apartamentos en sus últimas plantas y un mirador sobre la ciudad. A través de una respuesta clara y contundente frente a sus determinantes urbanas, a partir de unas proporciones y un diseño de vanguardia y de carácter radicalmente contemporáneo, con un enfoque amplio y generoso con el entorno y un impacto revolucionario sobre el skyline de Bogotá, el desarrollo de Atrio se convertirá, sin duda alguna, en el nuevo ícono de la ciudad.

//revistaaxxis.com.co

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