El Guggenheim selvático

Ubicada en Tulum, México, IK LAB es una galería donde la arquitectura responsable con el medioambiente presenta una forma diferente de interactuar con obras contemporáneas. Su director es Santiago Rumney Guggenheim, descendiente de la célebre familia de coleccionistas de arte.

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En medio de los hermosos paisajes de Tulum se encuentra el complejo natural Azulik, creado y dirigido por el arquitecto autodidacta argentino nacionalizado mexicano Jorge Eduardo Neira Sterkel. Como parte de dicha iniciativa, este año se inauguró el espacio IK LAB junto con un programa cultural sin precedentes tanto para la comunidad local como para los visitantes internacionales. Santiago Rumney Guggenheim, descendiente de la célebre familia de coleccionistas de arte, que busca continuar con la tradición de sus ancestros y destacar lo mejor del arte contemporáneo, es el director del proyecto.

Su arquitectura, inspirada en el entorno natural de la península de Yucatán, crea un planteamiento innovador al trazar un vínculo directo entre las obras en exposición y el espacio físico. Al unir el diseño respetuoso con el medioambiente y el arte contemporáneo, el proyecto extiende los límites tradicionales de la experiencia artística. Se plantea también como complemento a la vivencia que ofrece Azulik, un hotel para amantes de la naturaleza que buscan una conexión con la magia de la Riviera Maya, en especial la selva de Tulum.

La primera exhibición en este espacio se titula Alignments (Alineamientos) y fue curada por Guggenheim con piezas de la italiana Tatiana Trouvé, el brasilero Artur Lescher y la rusa Margo Trushina. Las formas orgánicas de los espacios de circulación y exposición redefinen los parámetros establecidos para una galería de arte, sumergiendo al visitante en un estado meditativo, una puerta de entrada al descubrimiento y a la conexión con las obras y el entorno natural.

Al atravesar las puertas de vidrio y madera de cuatro metros de altura, los visitantes entran en otra dimensión. Los juegos con la perspectiva crean una sensación extendida del espacio, mientras que las curvas y formas orgánicas fomentan la idea de protección. La experiencia no es solo visual. El público es invitado a caminar descalzo por la galería para interactuar con el piso como organismo vivo, a sentir la transición del cemento pulido al crudo suelo de madera de bejuco, este último es una especie nativa de la región.

El aislamiento acústico silencia el mundo exterior, haciendo que cada paso reverbere y haga eco en el espacio, mientras que una serie de óculos lo iluminan, sirviendo como portales hacia el paisaje de la selva y el cielo circundantes. Su diseño rompe con la experiencia tradicional del “cubo blanco”, donde las paredes son uniformes y planas. Aquí se fortalece la relación orgánica entre arte, espectador y medioambiente.

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