En torno de un patio colonial

Simón Vélez recuperó una casa tradicional de Bogotá y adaptó el esquema de su distribución original a las necesidades actuales. 0

La relación de Simón Vélez con el centro histórico de Bogotá data de los años 70 cuando cambió un apartamento por un lote en el interior de una manzana en el que construyó uno de sus proyectos más imaginativos y audaces: su propia casa.

Rodeada de vegetación, la casa de Simón es un “laboratorio de arquitectura” donde aparecen miradores, estancias, zaguanes, espejos de agua y donde los estilos y las formas demuestran el dinamismo de una expresividad libre e innovadora.

Después de haber difundido por el país y el mundo sus edificaciones y sus técnicas de construcción en guadua, y de adquirir renombre por sus conceptos de sostenibilidad y de diseño en armonía con la naturaleza, Simón regresa a La Candelaria con el planteamiento de una casa colonial con patio que recupera la esencia del lugar donde se desenvolvió la vida urbana de Bogotá a lo largo de casi cuatro siglos.

El encargo de hacerla, le llegó después de que su cliente, a quien conoció en el cumpleaños del músico pop colombiano Andrés Cabas, visitara su casa y se decidiera a comprar una propiedad en el mismo barrio.

Ubicado sobre una de las calles que bajan del cerro, el inmueble estaba casi en ruinas, aunque conservaba las características básicas de las casas de la capital del virreinato de la Nueva Granada, de gruesos muros de adobe y techos de teja, semejantes a la mayoría de las construcciones españolas en América, que se negaban a la calle y se abrían a sus patios interiores y a sus huertas, siguiendo un patrón que se repetía con escasas variantes desde la Patagonia hasta California.

A diferencia de su casa de hace 3 décadas, esta vez Simón se concentró en desarrollar una sola idea: la recuperación del esquema original, y su adaptación a las necesidades del presente. Desde luego, la guadua aparece, pero como reemplazo de la madera en la estructura de par y nudillo de las cubiertas que se restituyeron completamente.

Cruzando un portón de acero, se entra a un zaguán que conduce al interior de la manzana que da acceso a varias propiedades. De este ámbito compartido se pasa al patio de la casa que, siguiendo la tradición mediterránea, es el eje que articula los ambientes que se destacan por su austeridad casi conventual.

Durante la colonia española, los patios fueron la solución de diseño interior para todo tipo de edificaciones, en todos los climas imaginables, desde las costas hasta las cumbres andinas. Refrescantes en el calor tropical, los patios en un lugar como Bogotá -a más de 2,600 metros sobre el nivel del mar- resultaban fríos en las noches y en las madrugadas, y húmedos en un clima caracterizado por las lluvias, frecuentes a lo largo del año. Con la disponibilidad de vidrio y perfiles metálicos, los antiguos santafereños comenzaron a cubrirlos, con lo cual sus casas adquirieron mayor confort y algo del espíritu del Art Nouveau que se vivía en Europa a finales del siglo XIX.

Simón hizo lo mismo, estructurando, sobre un conjunto de columnas de tubo de acero, una cubierta de vidrio sobre un tramado de varillas corrugadas que tamizan la luz y controlan el calor excesivo que se genera en los días soleados. Cuatro helechos arborescentes demuestran la estabilidad de la temperatura interior que se mantiene alrededor de 18ºc.

El primer piso, enteramente recubierto en pizarra brasilera lo comparten la cocina con superficies de mármol griego y el comedor, abiertos a uno de los costados del patio, y un gran salón de doble altura rematado por una chimenea que limita con la fachada sobre la calle. De este espacio se sube por una escalera de varillas corrugadas al segundo nivel, un desván donde se encuentra el área de las habitaciones, que vuela sobre el zaguán de acceso.

Actualmente la casa es la residencia de un artista quien aprovecha la proporción de los espacios y la sencillez de los materiales y la claridad de los muros para instalar una colección de fotografías impresas sobre láminas metálicas, con lo cual combina el uso de vivienda con las funciones de una sala de exhibición.

Como anfitrión en su casa y a través de obras como la recuperación de esta típica construcción colonial santafereña, Simón Vélez es un destacado promotor del regreso de la actividad residencial a La Candelaria, donde nació Bogotá; un sitio de valor patrimonial ampliamente reconocido y que, gracias a obras como ésta, poco a poco ha empezado a ser tenido en cuenta como una alternativa de vivienda que revitaliza el centro histórico y cultural de la ciudad.

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