Entre manglares y corales

No es fácil manejar una construcción en las islas al suroccidente de Cartagena, ni lo es traer materiales distintos de los que pueden conseguirse en los alrededores, por lo que el arquitecto Camilo Alvarado decidió ejecutar un diseño a partir de elementos locales procesados por mano de obra de la región, con técnicas artesanales tradicionales, lo que supone entrar en un proceso de diálogo y entendimiento con la población nativa, y de acomodarse a su rutina de trabajo. 0

El diseño de esta casa se dispersa en el terreno, en forma de varios módulos sueltos en los que se distribuyen ocho alcobas, un área común y espacios de servicios, logrando una configuración que alterna la sombra de los árboles con el ambiente de los interiores –con techo de hojas de palma y pisos de cemento afinado–, mientras que en las zonas exteriores se extienden plataformas de madera de teca que permiten tomar el sol frente al azul del mar.

Uno de los criterios del diseño consistió en conservar un nivel muy básico de mantenimiento, para lo cual se dotaron los espacios con elementos de mampostería para el amoblamiento de las habitaciones y los espacios comunes, y con piezas rústicas de madera recia, como mesas y escaños, para un uso informal y descomplicado. En los tapizados se utilizaron lonas sintéticas resistentes al sol y a la humedad en tono de algodón crudo que contrastan con el color marrón de la madera.

En este diseño la arquitectura es el lugar; las construcciones se pierden entre los árboles y los espacios se abren a la brisa y el paisaje, siguiendo un esquema de diseño en el que no hay uniformidad, aunque sí hay un orden preciso que le da sentido a la obra, diseñada en función del contacto pleno y el goce de la naturaleza colorida y tropical del Caribe colombiano. 

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