Estilo propio

Objetos con diferentes acentos estéticos y acabados en diversos materiales hacen de este apartamento un modelo de eclecticismo contemporáneo.

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“Lo que más rescato de este proyecto es haber tenido la posibilidad de explorar múltiples alternativas, nunca antes imaginadas, gracias al trabajo con el cliente, que siempre se mostró abierto a contemplar diferentes opciones de diseño”, cuenta Julián Molina, arquitecto bogotano y gerente de Refugio, firma encargada de la remodelación de este apartamento, localizado en el tradicional sector de Quinta Camacho, en Bogotá.

Restaurantes, cafés, librerías y comercios locales enriquecen la vida urbana de esta zona de la capital, al mismo tiempo que se relacionan con el carácter dinámico de sus habitantes. Muestra de ello es el interior de este apartamento, cuya imagen cosmopolita refleja de alguna manera la transformación del espacio doméstico en el mundo durante las últimas décadas. Esa característica se une a la idea de crear un ambiente que incorpore la personalidad de su dueño. Se trata de un lugar con identidad propia, que hace referencia a los campos del arte y la arquitectura de manera simultánea.

La distribución original constaba de algunos espacios multifuncionales donde se integraban, por ejemplo, sala y cocina. Sin embargo, tras las obras de remodelación estas áreas se independizaron con el fin de diferenciar las actividades. Y todo ello sin necesidad de instalar puertas divisorias; mediante gestos sutiles –como el cambio de altura de la cocina–, el arquitecto logró que se percibieran como dos lugares autónomos. 

Una de las áreas más interesantes es la cocina, que incluye muebles versátiles que se adaptan a situaciones específicas: un mesón alargado de grandes proporciones capaz de acoger numerosos invitados durante ocasiones especiales, y en donde se encuentran el horno y el lavaplatos; y un bar que abarca toda una pared, el cual se considera bastante funcional, pero sobre todo decorativo. Se ha convertido en el centro de atención en virtud de sus puertas correderas alistonadas, que modifican la apariencia del mueble y con ello del espacio.

Por su parte, la sala prolonga la vitalidad de la calle al interior. Allí la luz es protagonista no solo por la apertura visual hacia afuera, sino por el juego de bombillos que irradia energía y halos de luz multicolores. Estos se ubican en una especie de nicho, resultante del empalme entre una de las vigas y la cubierta inclinada. Así, se aprovecha esa cavidad –antes en desuso– y se crea un ambiente que transmite una atmósfera festiva bastante singular.

Como la cocina, la sala exhibe objetos decorativos, además de funcionales, imposibles de clasificar dentro de un estilo que no sea otro que el de su propietario. Obras de arte contemporáneo que inquietan por su contenido visual-estético son un ejemplo de lo anterior. Adicionalmente, la interiorista paisa Ana Carolina Gómez produjo varias piezas de mobiliario siguiendo los mismos patrones de diseño planteados por el arquitecto: versatilidad, funcionalidad y, claro, belleza. Según se puede observar, sus múltiples acabados (cuero, madera, vidrio y metal) y formas ortogonales se integran armónicamente entre sí.

En todo el apartamento los materiales rústicos (o en bruto) –como los muros de concreto a la vista y las repisas flotantes de metal–, las superficies blancas desprovistas de mayores adornos y los elementos marcados por el uso de listones de madera en tonos oscuros componen una mezcla elegante y austera que se asimila con las tendencias eclécticas de la actualidad. Dos características sobresalen en el interiorismo de este apartamento: la intención de conservar el espacio principal abierto, pero generando una separación (visible) entre sus áreas desde su función, y la posibilidad de explorar distintas opciones a través del lente del cliente. Así, se transforma como si tuviera vida, logrando la integración entre la arquitectura y sus habitantes.  

//revistaaxxis.com.co

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