Desde esta casa en Pereira podrá ver los mejores atardeceres del país

Suspendida sobre el cañón del Consota, esta casa invita al descanso y a disfrutar de la vista por medio de una arquitectura de materialidad honesta y espacialidad sencilla.

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“Encontramos un lote absolutamente maravilloso y único. Durante cinco o seis años pensamos qué hacer y cuál era la mejor forma de aprovecharlo. Está frente al cañón del Consota, que en ese punto es muy profundo”. Así describen sus propietarios el lugar donde se emplaza esta casa, sin ocultar la emoción que les transmite. Es un terreno privilegiado, con una vista amplia y prácticamente infinita. Con el fin de sacar el mejor provecho del entorno y las virtudes del lugar, y después de tomarse un tiempo para definir sus expectativas, la joven pareja contrató al arquitecto Alejandro Noreña para que llevase a cabo el diseño de su hogar. “Él entendió lo que queríamos en términos de materiales, proporciones de los espacios, volumetría de la casa…”

A la vivienda se ingresa por la parte posterior, a través de un tupido bosque compuesto por guaduales, yarumos y palmas zanconas, vegetación autóctona caracterizada por su intenso verdor. “Queríamos algo muy verde y de la región, sin flores ni otros colores”. Después de atravesar el denso bosque se llega a la construcción, y de repente la vista se abre ininterrumpida hacia el cañón. El primer piso es totalmente transparente, con las zonas sociales (salón-comedor-cocina) integradas y expuestas a la panorámica. Una terraza continua con piscina, opuesta al acceso y flotando sobre el cañón, remata estos espacios.

“Quisimos que la casa se ubicara lo más cerca posible del cañón para dar la impresión de estar sobre el precipicio. El hecho de que tenga dos pisos aumenta esa sensación”. En la segunda planta, la habitación principal y la alcoba de la hija se distribuyen a lado y lado del balcón central –siguiendo la simetría del primer nivel–. Este volumen se proyecta sobre la terraza exterior a manera de cubierta, para resguardarla del sol de poniente, hacia donde se orienta para disfrutar la vista. “La casa es una fábrica de atardeceres. Según avanza el día la vivienda permite que uno se mueva con el sol. De la sala se pasa a la terraza, luego al área del jacuzzi, que está mejor protegida”. Los ciclos de la naturaleza, que definen los ritmos de los habitantes de este hogar, integran aún más los espacios construidos con su entorno.

Por otra parte, el vuelo de la construcción sobre el cañón generó una importante área libre entre la placa del primer piso y la pendiente de la montaña. Allí, debajo de los ambientes sociales, se ubicó el espacio de servicio: un apartamento que funciona de manera independiente y que también disfruta con la espectacular vista hacia el cañón. En un futuro, en la zona adicional que aún está disponible bajo la huella de la casa, crearán una residencia de huéspedes, para que ellos también gocen del panorama y mantengan su privacidad.

“Quisimos que los materiales de la casa se vieran poco procesados”. Por esto, en su gran mayoría, se exponen en su estado natural: estructura a partir de pantallas de concreto a la vista, combinadas con columnas puntuales de tubos petroleros; piedra pizarra para los pisos exteriores, y madera de campano y de nato para los interiores, distribuidos en grandes listones de 40 y 60 centímetros de ancho. Todos muestran sus colores y texturas originales.

La ventanería, definida en aluminio negro y con una modulación repetitiva, responde a un deseo expreso de sus propietarios. Las barandas y demás elementos metálicos continúan el lenguaje planteado por esta. A su vez, la mesa del comedor está construida con una sola pieza de madera de campano. “La tuvimos guardada muchos años en una bodega, esperando el momento de tener la casa lista para mandarla a hacer”. Un camino similar recorrió la del exterior, hecha de una única lámina de mármol iraní, con un juego intenso de vetas grises y negras. “La encontramos en una carretera. Se la compramos a un iraní que había tenido su negocio en Venezuela, pero luego se había venido a vivir a Colombia, y así llegó a nosotros”.

Construida a partir de una profunda conexión con el lugar, que potencia las virtudes de su entorno, y de un entendimiento claro de las necesidades de sus habitantes, la casa genera un espacio cómodo y agradable para la vida; expresa, además de una materialidad honesta, una espacialidad sencilla y de elementos singulares, con su historia propia.

//revistaaxxis.com.co

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