Galeria íntima

Con la firme intención de vivir el arte, la propietaria de este apartamento en Bogotá reconstruyó un antiguo inmueble. 0

Unos disfrutan el arte, otros lo viven. La propietaria de este apartamento en el norte de Bogotá es psicóloga de profesión, se dedica a la comercialización de piezas de diseño y decoración y su hogar delata a una mujer por cuyas venas corre el arte, a todas luces una combinación atípica. Aunque nunca se ha dedicado a la plástica, su sensibilidad y gusto por el arte contemporáneo la llevó a hacer de su casa la más íntima de todas las galerías; decisión que se intuye antes de cruzar el umbral donde, un poco más arriba del timbre, cuelga un sugestivo cuadro de Antonio Caro con la palabra Indicios impresa sobre papel reciclado.

Sin duda, ese es el primer asomo del universo artístico que se esconde puertas adentro. Una vez allí, un visitante primerizo queda atrapado por la curiosidad que despiertan múltiples obras dispuestas, en algunos casos, como una instalación dentro de una galería. Quizá por eso no resulta descabellado pensar que esta es una galería camuflada dentro de las comodidades y las áreas usuales de un apartamento –cuatro habitaciones, sala, comedor, cocina, cuatro baños, sala de alcobas–. No en vano en todas ellas hay piezas que reiteran lo irrefutable: aquí se vive el arte.

La vivienda, de 250 metros cuadrados, fue construida hace treinta años y originalmente tenía la distribución y el estilo de las edificaciones antiguas: espacios cerrados y unifuncionales, varios corredores, iluminación limitada, entre otras características. Sus habitantes, radicados en este apartamento hace 15 años, se acoplaron al espacio sin hacer modificaciones, pero una vez comprado el inmueble emprendieron una remodelación que tardó cuatro meses con un único objetivo: tener un lugar que se adaptara a sus piezas artísticas. “El espacio fue concebido para el arte. Quería paredes grandes para colgar los cuadros, zonas amplias para cambiar periódicamente los montajes y eliminar espacios pequeños para aumentar la iluminación natural y complementarla con la artificial”, señala la propietaria, quien asumió personalmente el proceso con la ayuda de albañiles y carpinteros.

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“Nunca había trabajado con un plano y no pretendo ser decoradora, pero mi negocio me ha ido sensibilizando con el diseño”, recalca. “Permanentemente estoy conociendo casas de coleccionistas privados y espacios de arte, y eso me inspiró para adecuar el mío”, agrega. Admite que la afición por el arte fue inicialmente una pasión de su expareja, quien lo introdujo en casa. Sin embargo, a lo largo de los años fue aprendiendo del tema y también cayó cautiva por ese amor de albergar en su hogar esas distintas miradas del mundo a través de la creación.

En su paleta se exponen con gran realce los proyectos variopintos –especialmente de la década de 1990– de artistas como Beatriz González, Miguel Ángel Rojas, Delsy Morelos, José Alejandro Restrepo, José Horacio Martínez (con su obra ganadora del Salón Nacional de Artistas de 1994), Miller Lagos, María Teresa Cano, Jaime Tarazona, Federico Uribe, Carlos Salas, Víctor Robledo, Ana Patricia Palacios, Rodrigo Facundo, Pablo Adarme, Juan Esteban Posada, Susy Gómez, Natalia Castañeda, Ana María Castañeda y Barbarita Cardozo.

Mantiene con su exesposo una relación muy cercana que le permite intercambiar obras logrando que su apartamento –al igual que sucede en una galería– se nutra constantemente de propuestas frescas, al margen de las nuevas adquisiciones. Todas se lucen en un espacio reformado cuya propuesta estética se basa en la sobriedad y la discreción.

De esta forma, el mobiliario del área social y de las alcobas es discreto en su tono  –gris– y en su forma –de líneas rectas–. Aunque las puertas y los clósets dejan a la vista las vetas de la madera, el color café oscuro de la carpintería matiza ese brillo. Las ventanas están recubiertas con sobrios paneles de lino belga y el piso de madera maciza alemana –dispuesto en pequeños formatos– mantiene un color claro que no riñe con su entorno. Para aportar calidez, las distintas zonas tienen kilims y tapetes persas de seda de manufactura artesanal. Entre tanto, hay pocos accesorios decorativos que no sean objetos de arte, justamente para darles preponderancia a los que sí lo son. La iluminación fue especialmente acondicionada por un profesional que hace instalaciones lumínicas para galerías.

“No soy de las personas que creen en un solo estilo de decoración o en una sola tendencia. En mi casa hay una mezcla porque pienso que uno debe tener lo que le gusta y ha adquirido en el transcurso de los años”, recalca la dueña de casa, quien asegura que es vital hacer una depuración periódica de los objetos para evitar excesos que puedan entorpecer su vivencia del arte.

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